Lea Guido: Nos jugamos la vida por la libertad

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Por Mónica Baltodano M

Memorias de la lucha sandinista

Lea Patricia Guido López nació en Managua el 22 de marzo de 1947, hija de Armando Guido y Eva María López. Se bachilleró en el Colegio Bautista, Estudió Sociología en la Universidad de Lausanne, Suiza, donde entra en contacto con la izquierda revolucionaria europea.

Retorna a Nicaragua a finales de 1974. Se integra al Frente Sandinista de Liberación Nacional a partir de ese año y en 1977 es la principal responsable en la tarea de organizar la Asociación de Mujeres ante la Problemática Nacional (AMPRONAC) y de su conducción hasta 1979. Como coordinadora de este movimiento forma parte del Comité Ejecutivo del Movimiento Pueblo Unido (MPU) y luego durante la insurrección final fue de la Comisión Política del Frente Interno del FSLN en Managua.

Durante los primeros meses del gobierno sandinista fue Ministra de Bienestar Social y luego, entre 1980 y 1986, Ministra de Salud. Posteriormente estuvo en diversas tareas partidarias. En los 90 inicia su carrera en la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Obtiene Maestría en Salud Pública en la Universidad Claude Bernard, de Francia, mientras laboraba como Consultora Regional para América Central en la OPS-OMS. Representante de la OPS en Haití. Obtuvo el doctorado en Salud Pública de la Universidad Paul Sabatier Toulouse III, de Francia.

En las principales luchas del pueblo nicaragüense del siglo XX, la mujer hizo presencia de manera protagónica, con ejemplos que permitieron dejar constancia de que tenemos todas las cualidades para asumir cualquier función social, y que es la cultura patriarcal la que nos ha negado históricamente la oportunidad de ocupar todos los espacios de acción como ciudadanas.

En el Ejército de Sandino fue notorio del papel de las mujeres. Tanto, que el propio Sandino se encargó de afirmarlo:

"De todas las clases sociales salieron grande partidarias de la causa que sirvieron de muy diferentes maneras: espionaje, correo, proselitismo y aun directamente en el Ejercito, en enfermería y menesteres domésticos…"

Al igual que los soldados se jugaron la vida, muchas también murieron en estos servicios. Los actos de heroísmo de las que colaboraron con el Ejército, no sólo son muchísimos, sino que además la mayoría requiere largas historias para explicar los sacrificios que sufrieron y los peligros que enfrentaron por amor a la Patria… guardamos minucioso detalle en el Archivo.

Sandino menciona a Blanca Aráuz: “no porque sea mi esposa, sino porque los servicios de enlaces confidenciales que nos prestó como telegrafista, son imponderables”. También menciona a Juana Cruz, dueña de una cantina en Jinotega, quien “obtenía informes confidenciales con los marines”. Tiburcia García Otero, era una mujer de El Cuá, de quien Sandino relata que fue encarcelada y vejada por órdenes del propio José María Moncada, para que informara sobre Sandino. (Román, José: pp. 141). También son conocidos el caso de las hermanas Villatoro, en especial Teresa, gran organizadora, y de la esposa del General Pedro Altamirano, María de Altamirano, a quien Sandino en sus cartas llama “Generala”.23

En los movimientos de los años cincuenta, no encontramos mujeres como combatientes, pero si en los procesos de organización y como cooperantes. A finales de los cincuenta juega un rol protagónico la doctora Concepción Palacios, a quien se recuerda más como la primera médica, y menos como comunista activa y soporte de los primeros movimientos como la guerrilla de El Chaparral, el Frente Revolucionario Sandino y en sus contacto con el Ché Guevara. Durante todos los años de lucha del FSLN, Conchita fue un soporte solidario en México. Con la fundación del FSLN, la participación de las mujeres se fue ampliando significativamente.

En el diálogo con Lea Guido quisimos centrarnos en la organización propia de las mujeres como vehículo de participación política, porque fue hasta el año 1977 que por primera vez se pudo coronar con éxito el viejo proyecto del FSLN de dotarse de una organización amplia de mujeres, logrado a través de AMPRONAC, creada como una instancia de articulación de las mujeres en defensa de los derechos humanos y de denuncia contra la dictadura somocista.

Lea también nos muestra detalles interesantes sobre su recorrido personal y los roles que jugó durante la lucha contra la dictadura, y los que asume posteriormente al triunfo de la Revolución Popular Sandinista como la primera Ministra de Bienestar Social de la Revolución, una institución nueva donde tuvo que inventar muchos mecanismos para asegurar los derechos de los más desvalidos.

Mónica: Lea Guido, es una nicaragüense que ha ocupado cargos de importancia no sólo a nivel nacional, sino también internacional. Mujer brillante y capaz, estudiosa y tenaz, que además de asumir sus responsabilidades con eficiencia, las ha asumido con una permanente preocupación por los derechos de las mujeres, vinculando sus responsabilidades con una clara conciencia de ser mujer. Lea es de esa gente que tiene una vida llena de enseñanzas, sobre la que vale la pena reflexionar.

Recibo a Lea Guido no sólo como a una invitada especial, sino como una amiga, pues tenemos muchas cosas en común, incluyendo hijos, porque por esos azares del destino, Lea fue la primera esposa de mi compañero Julio López Campos.

Lea: Para mí es un honor participar en este programa del que mi hijo Yalí es fanático. Me parece que tu programa es una forma excelente de hacer historia de parte de los actores, rescatando la subjetividad, la vida cotidiana y cómo la gente ha vivido los últimos treinta años.

Mónica: Sé que estudiaste en el Colegio Bautista y que fuiste de esa religión.

Lea: Yo soy un híbrido de mi padre y de mi madre. Mi padre era un hombre con muchos medios, muy inteligente, lo admiro mucho, aunque desde el punto de vista político, desde muy adolescente siempre hubo choques. Yo estaba en el Colegio Divina Pastora, mi padre era bautista y mi madre católica. Entonces en esa guerra de religiones, a mí me tocó estudiar en un colegio de monjas y también en el Bautista.

En el colegio Divina Pastora cuando quedaba, antes del terremoto, por el Estadio, había una monja excelente que se llamaba sor Asunción Sánchez. A su hermano lo mató Somoza en Olama y Mollejones. Esa monja era una mujer anti-somocista, extraordinaria, que me marcó.

Cuando iba a ver a mi papá, a veces los fines de semana, recuerdo que había muchas discusiones políticas, pues él era diputado somocista en esa época, y mi madre era sindicalista en el mercado. Era una cosa muy interesante. En medio de eso, no había coincidencias políticas.

En el Colegio Divina Pastora terminé la primaria y el primer año. Luego hubo un intermedio en el Colegio Americano, donde estuve como tres años. Después pasé al Colegio Bautista a terminar mi secundaria. Allí estudié con muchos compañeros que vos conocés y que estuvieron o están en el Frente, como Yolanda Huembes y Mauricio Duarte –fallecidos–, Javier Pichardo, y otros. Somos de la misma promoción.

Posteriormente hice estudios de Sociología, y cuando comencé a trabajar en la Organización Panamericana de la Salud, tuve que actualizarme profesionalmente después de diez años que había estado trabajando para la Revolución. Realicé una Maestría en Salud Pública en la Universidad de Lyon, Francia, y luego mi doctorado que concluí hace poco en la Universidad de Toulouse, también en Francia, siempre en Salud Pública.

Mónica: Cuando estabas en Lausanne, Suiza, hubieras podido continuar tus estudios de doctorado, pero decidiste regresar a Nicaragua, ¿por qué?

Lea: Primero, la existencia de una de las dictaduras más atroces de la historia del mundo, y particularmente en América Latina, que negaba los derechos más elementales a los nicaragüenses, no solamente la libertad de expresión, sino también la libertad de organización, los derechos a existir, el acceso a la educación, el acceso a la salud, además que había una represión extraordinaria.

En esa misma época había otra dictadura horrible que era la de Francisco Franco, en España, y yo había entrado en contacto con sacerdotes de izquierda que trabajaban como obreros en Suiza, y me había organizado con ellos en lo que se llamaban Comisiones de Base, es decir, Cristianos de Base. Posteriormente me vinculé con organizaciones de la izquierda revolucionaria que surgieron en esa época de la historia política europea, y que se reforzaron después de las protestas masivas en Francia de mayo de 1968. Nunca pensé quedarme en Europa, aunque tuve la oportunidad, incluso tuve un trabajo de asistente de investigación en la misma Universidad.

Mónica: Estuviste en la lucha contra la dictadura de Franco y ¿qué concretamente significaba eso?

Lea: Trabajábamos con los obreros españoles. Ese es un período donde había éxodos masivos de obreros españoles e italianos que iban a trabajar a Suiza, era migración económica. A esta gente no se le reconocían sus derechos, vivían en condiciones –siendo Suiza- como las del Barrio Schick, pero en Europa. Al mismo tiempo había en España una situación de gran represión. Entonces comenzábamos a movilizarnos, a luchar por los presos políticos y eso significaba reuniones con los obreros, apoyo a manifestaciones, etcétera.

Mónica: Conocí a varios compañeros como Orlando Núñez, Enrique Schmidt, René Vivas, Francisco “Chicón” Rosales, que estaban en el año 68 en Europa, y fueron influenciados por el movimiento de mayo, en París. ¿En 1968, vos estabas en Europa?

Lea: Yo llegué a fines del año 1968, pero mi esposo actual, quien es francés, Xavier Langlade, fue dirigente de las protestas de mayo de ese año.

Mónica: ¿Querés contarnos un poco de esas historias de Xavier?

Lea: No, tenés que entrevistarlo a él1. Fue de los primeros en la Universidad de Nanterre.

Mónica: Toda esa gente que participó en mayo de 1968 en París, está como marcada. Por ejemplo, conocí a madame Mitterrand, quien hasta el día de hoy, sigue luchando por las causas nobles.

Lea: ¡Ah, sí! Ella se mantiene todavía muy activa en la lucha contra la pobreza, los derechos humanos, etcétera.

Bueno, sobre mis experiencias en la izquierda revolucionaria europea, puedo decirte que como extranjera no tenía derecho a organizarme y hasta podía ser expulsada del país. Esa actividad me permitió tener cierta cultura política, leer, conocer gente que hizo aportes muy relevantes, como Ernest Mandel, importante economista en el análisis del funcionamiento del capitalismo.

También fue muy importante ver cómo está interconectada la lucha, cómo no se puede aislar de un contexto internacional. Hoy se habla de “globalización”, pero el movimiento comunista habló de globalización de los oprimidos a nivel mundial desde la Primera Internacional, con el mismo Carlos Marx. Esto fue parte de actitudes políticas que planteaban que la lucha tenía que ser internacional, y que los pobres tenían que unirse para poder hacer frente al auge del capitalismo, que se organizaba a nivel internacional, por los mecanismos del capital. Entonces los obreros y los políticos que apoyaban al movimiento obrero, tenían que hacer de la misma manera.

Mónica: Y después te incorporás al Frente Sandinista. Contanos un poco de tu historia en AMPRONAC: ¿Quiénes son tus primeros contactos y qué te orientan?

Lea: Mi primer contacto fue mi amiga de bachillerato Yolanda Huembes. Nos encontramos por casualidad, y por medio de ella entré en contacto con Roberto Huembes –que también fue asesinado–, Carlos Núñez y Jaime Wheelock.

Comienzo a militar en la Tendencia Proletaria del Frente. En una de esas estábamos en la Colonia Nicarao en marzo de 1976 –recuerdo la entrevista porque mi hijo Yalí tendría como tres meses–, y Jaime Wheelock me manda una notita en que orientan la creación de una comisión para estudiar la situación de la mujer y la organización de una asociación de mujeres. Me dicen que me contacte con Fernando Cardenal.

Ese año fue terriblemente represivo, y por eso AMPRONAC no nació como un movimiento solo para las mujeres, sino como una comisión de derechos humanos, primero, por el hecho que estaban los presos políticos del Frente Sandinista, y varios compañeros estaban aislados, pero también por la represión que había en la Costa Atlántica (Caribe) con cientos de campesinos desaparecidos.

Entablamos contacto con una serie de personas para formar una comisión que sería amplia, como la del Grupo de los Doce. Un movimiento de mujeres por la defensa de los Derechos Humanos. Creo que fue muy importante porque en ese contexto había la ley del bozal, había una represión brutal contra los medios de comunicación y los periodistas, y este esfuerzo fue la primera expresión pública en medio de una total represión donde no había canales de expresión.

Entonces también se rompía el esquema político de cómo se podía hacer una denuncia que no fuera ni partidaria ni asociada al Frente Sandinista, y que defendía y fortalecía los Derechos Humanos en el país. Que no se centrara únicamente en los militantes sandinistas que estaban presos, aunque era lo prioritario, pero también lo eran los miles de campesinos que estaban siendo reprimidos en el norte, en la montaña, en la Costa Caribe.

Comenzamos los contactos. Quiero aprovechar ahora para decir algunos nombres y reconocer que fueron mujeres extraordinarias, eran amas de casa. Bueno, estaba tu madre, Zulema Marcenaro, fundadora también de AMPRONAC; doña Tere Delgadillo, la madre de César Delgadillo; doña Carmen Brenes; Nora Astorga, mi amiga querida; Gloria Carrión; Ruth Marcenaro; Adela Solórzano y Leonor Arguello de Hüpper. Quisiera no olvidarme de ninguna, porque todas ellas fueron mujeres claves y muy valientes.

Mónica: Me parece que también estaba una hermana de María José Álvarez, Chepa, esposa de Lumberto.

Lea: Claro, Clarisa Álvarez. Ella, por ejemplo, era una persona que no tenía nada que ver con el sandinismo, era hija de un acaudalado Gerente del Banco de América. Yo creo que lo interesante, lo extraordinario, es que fue un proyecto en el que pasamos trabajando varios meses antes que saliera al público, y que logró ser integrador, por ejemplo, esta compañera no tenía ninguna actividad política, y se integró.

Ya el Frente Sandinista estaba dividido, pero independientemente de la división, las mujeres nos asociamos. Había mujeres de las tres tendencias, pero también había mujeres que no eran del Frente. Había mujeres cristianas, que eran de la oposición y que simplemente estaban ahí por sus hijos, por la defensa de los Derechos Humanos.

Había un hombre clave que escribía hasta como mujer, Salvador Mayorga. Él a veces, cuando estábamos redactando, decía: –Nosotras las mujeres, y se incluía. Entonces Salvador Mayorga fue un elemento clave en AMPRONAC.

Mónica: Según tu propio relato a Margaret Randall, en un primer momento el equipo fue pequeño. En septiembre de ese año 1977, en una asamblea donde llegaron unas sesenta mujeres, lanzan oficialmente a AMPRONAC –así aparece también en las cronologías del Instituto de Estudio del Sandinismo–, y eligen un comité ejecutivo integrado por Carmen Brenes, Tere Delgadillo, Clarisa Álvarez y Lea Guido. Esta actividad tuvo una gran repercusión porque eran de distintos estratos. Ya habían realizado asambleas en los territorios; por ejemplo, en Siuna, donde llegaron más de cincuenta campesinas.

Lea: Entramos en contacto con Monseñor Schäffer para que nos diera la lista de los desaparecidos, la que se denunció en la campaña “¿Dónde están nuestros hermanos campesinos? Que respondan los asesinos”. Era una consigna. Acababan de asesinar en Estelí al compañero Raúl González, y fuimos hasta allá a buscar a su hermana, Aura Velia, quien fue muy valiente, y se denunció el caso.

Mónica: Conocí a Raúl González, en Estelí, y cuando lo asesinan junto a Juan de Dios Muñoz, yo estaba en la cárcel. Siempre pensé que ellos habían sido ametrallados por la Guardia. Pero en el prólogo del libro Estirpe Sangrienta, Gregorio Selser recuerda que Pedro Joaquín Chamorro tuvo un encontronazo con el Director de Novedades en una reunión anual de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), en Santo Domingo, en octubre del año 1977.

El “agente de Somoza”, como le llamó Pedro Joaquín, trataba de ocultar la naturaleza criminal del régimen somocista. Pedro Joaquín ripostó:

Para citar sólo un caso, hace escasas semanas al ingeniero Raúl González lo asesinaron a garrotazos en la cárcel de Estelí, y luego dieron un comunicado oficial afirmando que había muerto en un combate con el ejército. Curioso combate éste, donde la única baja no presenta herida de bala, pero sí destruida la base del cráneo y las costillas.

Las que organizaron AMPRONAC en Condega, fueron las hermanas de Raúl, Aura Velia y Vilma. Lo terrible es que ellas también serían asesinadas brutalmente en sus casas, en el año 1979, junto con sus esposos y una niña2.

Este es el testimonio que me brindó Martha González Almendárez sobre el asesinato de su hermano y de Juan de Dios Muñoz.

El asesinato atroz de Raúl González y Juan de dios Muñoz:

"Raúl había estado en nuestra casa en Condega el día 25 de agosto de 1977. Había tomado su café por la tarde y prometido a mi madre que tempranito de la mañana pasaría para Limay, donde tenían junto con mi hermano René cortes de madera para aserrar.

El 26 de agosto, la Teresa, una persona que era como otra madre para todos los hermanos, pues nos había visto nacer a todos y ayudado a mi madre con el cuido de nosotros y de la casa, le comentaba a mi madre, con frecuencia... ¡Ya no pasó Raúl! Ella había preparado el desayuno para esperarlo.

Según nos contaban después algunos compañeros, Raúl había estado en una reunión la noche del 25 con compañeros del FSLN y fue designado para realizar el traslado del compañero Juan de Dios Muñoz, que entraría a Nicaragua por la frontera con Honduras, junto con tres compañeros más. Ése fue el viaje que Raúl realizó, nunca fue a Limay.

También nos contaban que en la misma reunión con miembros del FSLN, se encontraba una persona que pasó el informe sobre la movilización de Raúl, ya que era infiltrado. En la salida de Estelí hacia Condega, sobre la carretera Panamericana, existe un lugar que se llama El Dorado, es una finca. En la orilla de la carretera hay una especie de cerritos donde la Guardia se escondió para esperar la llegada de Raúl, ahí lo emboscaron. A Juan de Dios y a Raúl los capturaron vivos. Se supo después que los tres compañeros que venían con Juan de Dios y que eran trasladados por Raúl, pudieron huir.

El doctor Ulises González, primo hermano nuestro, trabajaba en ese entonces en el Hospital San Juan de Dios de Estelí; este hospital quedaba en la salida hacia Managua. Una enfermera amiga llegó donde Ulises en la mañana y le dice: –Fíjese, doctor, que en la Morgue del Hospital está un cadáver, que yo creo que es primo suyo. El doctor José María Briones lo tiene escondido y ha prohibido la entrada a la Morgue".

El doctor Danilo Rodríguez, médico y amigo de Ulises, se encontraba en el Hospital. Ulises se dirigió a él y le contó lo que pasaba, a lo que el doctor Rodríguez, le contestó: –Yo te acompaño. Arrancaron una tabla y llegaron a la Morgue, donde vieron a Raúl, muerto, sobre una mesa de cemento. Raúl estaba sin ropas, tenía puesto solamente el calzoncillo.

Al mismo tiempo, Ulises vio cerca de la mesa donde estaba Raúl, una masa, una pelota grande de sangre en el suelo, “era un bulto grande de sangre colorada.” Ulises se acercó para ver de cerca de qué se trataba y se asustó cuando vio que era Juan de Dios Muñoz, “una masa de sangre”. Juan de Dios no tenía un ojo, usaba una prótesis. Ulises pudo observar que en su ojo sano tenía un balazo. Ulises lo comenzó a ver a Juan de Dios y no supo si tenía en otro lugar más balazos.

A Raúl lo comenzaron a revisar, dedo por dedo, parte por parte de su cuerpo. Danilo iba apuntando lo que Ulises le iba dictando. Tenía fracturado el cráneo, por sus oídos salía sangre. Fractura en la nariz, la inflamación en la cara lo hacía verse con la nariz muy pequeña.

Fractura en el esternón. Fractura en las costillas. Fractura en las piernas, en la pierna izquierda tenía un balazo, a la altura de la pantorrilla. Fractura en los brazos. En fin, dice la epicrisis, que nuestro hermano Jaime (médico-pediatra) dictaminó, basado en las anotaciones de Ulises, no había un solo hueso de su cuerpo que estuviera sano, todo estaba fracturado. En su espalda se veían alrededor de veinte a treinta marcaduras de chuzo eléctrico.

Luego de haber presenciado todo esto, Ulises se dirigió hacia la casa de Raúl, a avisar a su esposa María Magdalena Chau Matus, lo que había pasado. Le pidió ropa para vestir a Raúl y ella sacó un pantalón negro y una camisa roja y negra estampada con flores. Ulises llegó al Hospital y pidió le dejaran vestir a Raúl, lo que no pudo hacer hasta que partió la camisa por la espalda para ponérsela por el frente, pues por los traumas recibidos lo habían inflamado de manera descomunal.

Mi hermana Vilma se levantó temprano ese mismo día y se dirigió a Estelí a realizar algunas gestiones en el Banco. Me extrañé que cuando entré al Banco, todas las personas me quedaban viendo –dijo Vilma. De pronto una persona se le acercó y le dijo: –Dicen que anoche hubo un enfrentamiento y que hay un muerto, que dicen que es González, que es el Ingeniero. Ella muy asustada le respondió que no era posible, porque Raúl iba ese día para Limay. Vilma ya no hizo su gestión en el Banco, sino que tomó un taxi y se dirigió al Hospital. Ahí encontró a Raúl en la misma forma que lo encontró Ulises y salió corriendo hacia donde mi cuñada María Magdalena, quien se encontraba todavía en la Normal de Estelí, donde ella era profesora.

Una vez concluida la epicrisis, Jaime la envió a La Prensa, al doctor Pedro Joaquín Chamorro, quien inmediatamente la publicó; además, el asesinato de Raúl había sido publicado en ese mismo diario. Todos los días sacaba alguna noticia al respecto. En la epicrisis, Jaime menciona a Ulises, quien había sido la primera persona que había reconocido a Raúl y quien había tomado todos los datos relacionados con la situación del cadáver.

Inmediatamente Ulises recibe una llamada de Aquiles Aranda, diciéndole que había leído unas declaraciones de él y que afirmaba que a Raúl lo habían masacrado. Le pide que les dé declaraciones a ellos, la GN.

Ulises se preparó para el momento y prestó una grabadora a Héctor Mejía, la que colocó debajo de unos muebles de mimbre, donde él recibiría la visita. Llegó el momento y Ulises estaba sentado en el lugar esperando. Entró Migdonio, el conocido esbirro de Estelí, con una persona más y comenzó el interrogatorio, contradiciendo todo lo que Ulises les decía y tergiversando las cosas, a fin de que Ulises se enredara o contestara lo que ellos querían que dijera. Ulises siempre estuvo repitiendo lo mismo.

Al día siguiente, en el periódico Novedades, sale la entrevista de Ulises, toda tergiversada, diciendo que Raúl y Juan de Dios habían muerto en enfrentamiento. La madre de Ulises, doña Pina, llegó inmediatamente a reclamarle, y a decirle que a ella le da vergüenza que su hijo haya dado esas declaraciones. Ulises le explicó a su madre que toda la declaración la habían cambiado.

Días después recibió una llamada de La Prensa, era Roberto Sánchez Morales; le decía que quería hacerle una entrevista, que llegaría con otra persona que es periodista y fotógrafa, era Margarita Montealegre.

Roberto le dice: –Aquí aparecen unas declaraciones suyas, donde usted afirma que el Ingeniero Raúl González Almendárez murió en enfrentamiento. Ulises le dice que él no ha dicho nada de lo que publicaron enNovedades y sacó su grabadora y entregó el casete a Roberto. Margarita tomó la fotografía cuando Ulises está entregando el casete a Roberto. Éste le dice a Ulises que era suficiente, que no necesitaba más. Desde entonces –dice Ulises– Roberto y yo somos hermanos.

La muerte de Raúl enlutó al pueblo de Condega; de todos los rincones del pueblo la gente se desbordó, lo mismo que de todos los lugares del país. Muchos lo lloramos.

El Padre Francisco Luis Espinoza, hermano Marista, director de la Escuela de Agricultura de Estelí en ese entonces y quien cayera junto con José Norberto Briones, ultimados por la GN en la entrada de Condega en la carretera panamericana, cuando llevaban a una mujer embarazada a Condega, había oficiado la misa de cuerpo presente de Raúl. En esa misa, el Padre Chico Luis dio un testimonio muy lindo de Raúl, cosas que nunca nosotros nos imaginábamos que Raúl estaba haciendo. Cómo dolió su partida y cuánta gente quedó desprotegida al no estar él.

En esa fecha, Carlos Mejía estaba fuera del país; al llegar a Nicaragua, cuando Raúl cumplía un mes de asesinado, llegó a Condega y cantó la misa campesina y escribió una carta muy linda para Raúl, que fue publicada en La Prensa.

El funeral de Raúl ha sido el más grande, en la historia de Condega. Nunca se vio nada igual. El pueblo se volcó a las calles para despedirlo, el pueblo lloró.

Lea: No recordaba esto, Mónica, es terrible. Aura Velia González fue una de las que denunciaron las violaciones a los derechos humanos.

En esa primera asamblea la mayoría de mujeres eran burguesas y periodistas, sectores adinerados. Fue en Las Palmas, había unas sesenta mujeres con los medios de comunicación. Y precisamente fuimos a hablar con Pedro Joaquín Chamorro para solicitarle que nos cubrieran ese evento. Y allí se lanzó AMPRONAC que nació como una comisión con diez o doce mujeres que íbamos turnándonos, y después se fueron incorporando muchísimas más. Primero fueron de un sector clase media, clase media alta, incluso. En esa época me invitaron unas señoras del reparto Las Colinas, con el Gerente de la Coca-Cola, para que les hablara de AMPRONAC.

Recibía llamadas telefónicas de distintos lugares. Entonces AMPRONAC se organizó a nivel nacional en Boaco, Jinotega, Matagalpa, Carazo, Rivas, Masaya, y aquí en Managua en el Barrio Riguero, Ciudad Sandino y en Santa Rosa.

Luego fue un tejido extraordinario, porque estas mujeres fueron claves para la insurrección del Frente Interno, con los botiquines, haciendo capacitación, apoyo para los alimentos, curar heridos, etcétera.

Mónica: Una de las tareas iniciales más importantes fue la denuncia, y por ello daban mucha importancia a los medios de comunicación. ¿Cuáles son las actividades más importantes de ese período?

Lea: Como explicaba, íbamos a los lugares donde más denuncias había. Contactábamos a compañeras para que vinieran a Managua a dar testimonio. Pero también ocupábamos todos los espacios. Cuando se dio una manifestación de periodistas al suspenderse el estado de sitio, fuimos con nuestra manta de AMPRONAC.

Estuvimos en Siuna, y ahí conocí a Dorotea Wilson, ex-monja del Colegio Sagrado Corazón de Jesús, creo, y a otra monja; y me alojé donde ellas en la iglesia, haciéndome pasar por monja, y gracias a ellas se reunieron más de cincuenta campesinas por tres días. Recogimos testimonios directamente de boca de esas campesinas con sus tiernos niños, sobre la desaparición de sus compañeros y de familias enteras.

No importa que no fuéramos muchas, lo importante es que hacíamos presencia. A finales de septiembre del año 1977, en conjunto con estudiantes, periodistas, comunidades de base, etcétera, hicimos una actividad con casi mil personas, donde campesinas de Matagalpa y de Siuna contaron las atrocidades que estaban sufriendo de parte de la Guardia Nacional.

Después vinieron las acciones de octubre del año setenta y siete. La represión arrecia y nosotros extendemos el trabajo a otros departamentos. La gente nos buscaba. Había mujeres que nos llamaban y decían que ya tenían organizado su departamento. Así fue en Boaco, me acuerdo muy bien.

Mónica: El asesinato de Pedro Joaquín permitió acelerar la comprensión popular de la naturaleza sanguinaria de la dictadura. ¿Qué hicieron como AMPRONAC?

Lea: Fuimos encabezando la protesta. Creo que fuimos las únicas que pudimos hacer una gran manta, y vamos con pequeños megáfonos encabezando el entierro y lanzando consignas que reflejan la furia popular.

Después vino el llamamiento de los empresarios a la huelga de brazos caídos. En la conducción de AMPRONAC reflexionamos acerca de que no podemos caer en la inacción: proponemos una huelga activa. Por eso preparamos nuestra propia actividad que fue la toma de la sede de la Organización de las Naciones Unidas, que es realizada por familiares de reos políticos y desaparecidos. La derecha no estaba muy de acuerdo, e intentó convencernos de no hacer la acción. Doña Zulema Baltodano, tu mamá, junto con Ethelvina Vigil y campesinas de la minas y de ciudad Sandino, participaron en la toma de las Naciones Unidas.

Ellos tenían la percepción de que no hacer nada era lo que iba botar al régimen. La toma duró doce días, y al final cerramos con una concentración frente a las oficinas de la ONU. Nuestra consigna “¿Dónde están nuestros hermanos campesinos? Que respondan los asesinos”, era también una manera de hacer ver que no sólo Pedro Joaquín había sido asesinado, era generalizar la lucha. Muchas de la burguesía estuvieron en esa concentración dolidas por lo de Pedro Joaquín, pero también había de los sectores populares.

La concentración fue reprimida por El Chigüín, Anastasio Somoza Portocarrero, con bombas lacrimógenas. Eda López, una mujer de unos cincuenta años, quien venía de perder a su hijo en un asalto a un banco, le devuelve las bombas lacrimógenas a la Guardia. Su foto aparece en el New York Times.

Después del paro y de la toma de las Naciones Unidas en enero del año 1978, hicimos una reunión en casa de Norita Astorga, para evaluar. Ahí vimos que el movimiento popular era todavía muy débil; no porque la gente no quisiera participar, sino por debilidad organizativa. Ahí hicimos un organigrama de una organización de masas. También había comisiones que no funcionaron en relación con el trabajo de base, entonces discutimos acerca de cómo debía ser la organización y enfatizamos en la organización de comités de base de AMPRONAC. Como te digo, la gente ya comenzaba a reclamar que llegáramos.

A finales del año 1977 sólo éramos como veinticinco, y a principios de marzo de 1978 teníamos mil afiliadas. Para el 8 de marzo decidimos hacer misas, porque las iglesias eran un espacio que no podíamos perder. En varios departamentos celebramos misas simultáneamente. Después tuvimos algunos problemas porque la Norita participó en el ajusticiamiento del “Perro Vega” un alto oficial de la Guardia Nacional y encontraron propaganda de AMPRONAC en su casa. La Oficina de Seguridad Nacional quería involucrarnos.

En abril participamos en una marcha contra el hambre en Diriamba, que fue reprimida brutalmente. A una compañera le arrancaron el talón de un balazo, y murieron varios niños. Las de la burguesía nos cuestionaban. Para entonces la organización va cambiando su composición, pues su línea se define mucho más popular. Cuando se conforma el Movimiento Pueblo Unido (MPU), también estaba el Frente Amplio Opositor (FAO), entonces se dio una discusión en el seno de AMPRONAC, acerca de qué partido tomar.

Yo quisiera hacer énfasis sobre la forma cómo se tomaban las decisiones en el seno de AMPRONAC. Me recuerdo que en una reunión en el Colegio Centroamérica, porque usábamos las iglesias y los colegios, había esa heterogeneidad, había sectores de clase media y alta, no necesariamente sandinistas, sectores que venían del Partido Conservador y Demócrata Cristiano, y gente que tampoco estaba organizada en ningún partido. Sobresalía el hecho que había adultas con hijos en los partidos con estructuras machistas, donde no tenían espacio o solamente eran activistas de apoyo a los dirigentes.

Entonces AMPRONAC abrió ese espacio en el panorama político. Estaba el Frente Patriótico Nicaragüense (FPN), integrado al Movimiento Pueblo Unido, pero también estaba en ese momento la oposición tradicional, el Frente Amplio Opositor. Se discutió, ¿dónde AMPRONAC se va a asociar? ¿Cuáles eran los pros y los contras? ¿Qué significaba y por qué había que luchar contra la dictadura? Eso se discutió. No fue una maniobra de la dirigencia, sino una discusión amplia con las mujeres, y la decisión se tomó por votos. Tratábamos, incluso, de tomar las decisiones por consenso.

Cuando las mujeres de Managua y los capítulos de Boaco, Jinotega, Masaya y otros, dicen, bueno, vamos al Movimiento Pueblo Unido, comenzamos a discutir cómo íbamos a apoyarlo, y eso dio las bases para las organizaciones barriales, porque ellas también tenían experiencia de organización, y se integran a esas organizaciones los Comités de Base del MPU.

Después pasó a trabajar en una forma más directa, casi exclusiva, con el Movimiento Pueblo Unido, aunque también integrándole la voz de las mujeres. El MPU fue también otra de las expresiones de amplitud y de trabajo no militar, porque, obviamente, el énfasis era militar; pero era importantísimo el trabajo del MPU de articular a obreros, estudiantes, maestros, trabajadores de la salud, mujeres, comunidades cristianas, etcétera.

Mónica: Me parece que la organización que impulsaba AMPRONAC era la de las mujeres por sus derechos, pero también vinculados a la realidad del conjunto. Si se hubieran quedado sólo con el mensaje de los derechos de las mujeres, no hubieran acertado en representar las aspiraciones y las luchas que más afligían a las mujeres, que entonces eran de vida o muerte.

Lea: Sí, siempre tratábamos de dar a nuestras luchas el cariz femenino. Por eso le poníamos relevancia a todo lo que nos concernía como mujeres. Por ejemplo, el Día de las Madres, 30 de mayo, hicimos una campaña que decía algo así: “El regalo que las madres queremos es una Patria libre”. También con el tema del hambre, aquí nosotras tocamos las cacerolas. Había momentos que la Guardia se ponía loca, porque en todos los barrios de Managua, y en algunos departamentos, se tocaban las cacerolas. Es más, hubo una mujer que fue asesinada por la Guardia somocista en la Colonia Centroamérica, por tocar las cacerolas. Y un hijo de ella murió en la insurrección. Esta mujer vivía por donde Virgilio Godoy, quien todavía vive allí en la Colonia Centroamérica, fue como un padre para mí, como a dos callejones. También la esposa de Danilo Aguirre Solís era miembro de AMPRONAC.

Mónica: Se llama Alba Luz Aragón. Me acuerdo de ella porque llegaba a la casa de Manuel Eugarrios y Jeannette Calderón, extraordinarios colaboradores que me dieron alojamiento clandestino por varios meses, a principios del año 1975. Yo estaba encerrada en un cuarto y llegaron periodistas del diario La Prensa, entre ellos, Danilo con Alba; y el profesor Ricardo Trejos Maldonado con su esposa. Yo los escuchaba chilear y ellos no se daban cuenta.

Lea: Olimpia, la esposa de Manuel Espinosa Enríquez, también era miembro de AMPRONAC. Quisiera mencionarlas a todas. Esta mujer que fue asesinada tocando las cacerolas, también participó en la toma de las Naciones Unidas.

Comentario de la autora: Quise saber el nombre de esta mujer y en agosto del año 2009 recibí esta nota de mi amigo Félix Aguirre:

Sobre la señora que murió asesinada por la GN de Somoza luego que protestaba en la puerta de su casa con el toque de la cacerolas. El nombre de esta digna mujer es Mercedes Peña, su hijo Lenín Peña estudió y luchó junto a mi hermano Danilo, quien cayó en La Barranca, Masaya el 8 de julio del año 1979. Lenín cayó en San Carlos, Río San Juan. El callejón donde vivieron, en la Colonia Centro América, todavía lleva el nombre de doña Mercedes y Lenin, y ahí está el monumento, de la esquina arriba del Colegio Salvador Mendieta, un callejón al sur, a mano izquierda.


Lea: La lucha fue durísima, y la base creada con el trabajo de AMPRONAC, después se transformó en la Asociación de Mujeres Nicaragüenses “Luisa Amanda Espinoza” (AMNLAE). Pero fue clave también por el Movimiento Pueblo Unido y el Frente Patriótico Nacional.

Yo creo que el papel de las mujeres ha sido clave en varios sentidos. Antes, a nosotras, la historia no nos daba nuestro espacio. Sí aparecía la mujer, pero no como un actor social clave, como la mitad de la sociedad que somos. Además, las mujeres hemos rescatado la subjetividad en las luchas, es decir, la importancia de que se hagan cambios sociales; pero esos cambios son limitados, si no hay un cambio interno.

La revolución subjetiva que tienen que hacer los hombres y las mujeres: Por muy revolucionario que sea un hombre, si no hace esa revolución interna, seguiremos estableciendo ese mismo tipo de relación, no solamente con las mujeres, sino con la opresión. Entonces continuará la conducta de marginarnos, menospreciarnos, de vernos como el sexo de segunda categoría; pero también de relaciones de violencia con los otros, aun dentro de los mismos hombres.

Ese rescate de lo subjetivo, esa revolución de los símbolos también de opresión, el aspecto subjetivo en las relaciones interpersonales, es también un aporte esencial en la lucha política; pero también desde el punto de vista de los valores y de las ciencias sociales, que el movimiento feminista aporta en la lucha social y política, no solamente en Nicaragua y América Latina, sino a nivel mundial.

Mónica: Precisamente, cuando se habla de enfoque de género no es el enfoque desde la mujer, sino el rescate de todo lo que constituye el ser mujeres, cuyas características son claves para desarrollar una sociedad más equilibrada, más justa, una sociedad mejor. Y ésa es la importancia del enfoque de género, un enfoque que incorpore esas calidades de las mujeres, quienes con la exclusión están también marginadas de la forma de hacer política y de conducir las organizaciones.

Lea: Porque el tema es que hasta se miraban como naturales las relaciones hombres-mujeres y la forma como hombres-mujeres éramos educados. Ahora los estudios de antropología, sociología, biología, psicología social, la lucha política, la experiencia política, la historia de la política, nos muestran que son relaciones construidas.

Es como que hubiéramos dicho que las relaciones amo-esclava eran naturales. Son relaciones sociales construidas. Igualmente las relaciones hombre y mujer son relaciones socialmente construidas, y lo que nosotros hemos puesto en evidencia es que los dos, hombres y mujeres, mujeres y hombres, salimos ganando si las comenzamos a construir de otra manera; pero no solamente hombres y mujeres a nivel individual, sino la sociedad en su conjunto, por una sociedad menos violenta, más solidaria, más respetuosa y más íntegra.

Mónica: Lea, te conocí a través de los periódicos que leía en la clandestinidad. Ahí aparecían las denuncias que ustedes hacían. Te conocía por fotos, y luego te conocí personalmente durante la insurrección final. Ustedes jugaron un rol importante en el Movimiento Pueblo Unido y también en la unidad política.

Tenías que llevar a cabo tareas de organización de la sociedad civil, trabajo político y de animación, pero también estabas en las tareas de preparación de la insurrección. Contanos más de ello.

Lea: En el Frente Interno se constituyó lo que se llamó la Comisión Política, en la que estábamos Julio López Campos, Moisés Hassan, Marcos Valle, Glenda Monterrey y yo.

En una insurrección no solamente cuentan los doscientos militantes armados que estaban en Managua en el Frente Interno, sino el levantamiento del pueblo. Si hay una cosa bellísima que recuerdo fue cuando entramos por el bypass, en lo que se conoce como Repuestos La 15, y la gente iba poniendo sus cosas, no eran calaches, eran sus muebles, para evitar que la Guardia entrara. Nosotros no teníamos comida, y la gente comía y nos daba de comer.

Entonces había que organizar a la gente desde allí hasta el barrio Santa Rosa, casi hasta el aeropuerto. Recuerdo que Joaquín Cuadra, quien además estaba en el Frente Interno, nos dice: –Bueno, hay que organizar. Yo era la responsable de Organización junto a Glenda Monterrey y Marcos Valle; y los otros, de Política. Entonces empezamos a recorrer todas las trincheras, ese era nuestro trabajo y uno hacía ese recorrido. Una vez lo hice con Joaquín, para organizar, explicar, dar la información de lo que estaba pasando en los otros frentes, ver cómo organizábamos al pueblo frente a los bombardeos, porque vos recordás cómo nos mortereaba la Guardia continuamente. Había que explicar a la gente cómo construir refugios, convencerlos de meterse a los refugios. También garantizar el apoyo a los combatientes. Eso sólo se podía hacer hablándole a la gente, explicándole por qué apoyar, por qué luchar. Si queríamos un poco de disciplina, tenía que construirse políticamente.

Toda la parte de organización, de comunicación política, que era el Frente Interno en Managua, estaba bajo el cargo de esta Comisión Política y, posteriormente, estuvimos apoyando todo lo del repliegue, que fue donde tuve mi primera responsabilidad en salud. Me recuerdo que Carlos Núñez me dice: –Andá a hacerte cargo de ver quiénes se pueden ir con nosotros en el repliegue y quiénes no. Teníamos que sacarlos después con la Cruz Roja, porque la Guardia iba a entrar y podía matar a todos los compañeros. Esa era nuestra labor, comunicar, informar, organizar.

Mónica: Una de tus tareas era organizar las Juntas de Gobierno en los municipios liberados.

Lea: Sí, organizábamos las Juntas de Gobierno local. Eran los primeros pasos, y estábamos reconvirtiendo al Movimiento Pueblo Unido en los Comités de Defensa Sandinista (CDS), discutiendo un poco qué podían ser, si comunitarios o quién sabe qué. Después, creo que cometimos el error de partidizarlos, pero realmente eran estructuras comunales de participación social.

Eran una organización de gestión comunitaria, que en una coyuntura se vuelven de lucha contra la dictadura. Pero imaginate qué extraordinarios fueron porque sin ellos, sin esa base organizacional, hubiese sido imposible hacer la alfabetización urbana, las campañas de salud.

Mónica: Y en la guerra jugaban el papel de sanitarios, hasta de reparto de comida.

Lea: ¿Te acordás cómo las casas se unían? La gente rompía las paredes de las casas para hacer pasadizos y tener acceso de una casa a otra. ¡A cuántos compañeros eso les permitió evadirse de la Guardia!

Mónica: Entonces esa importante experiencia te permite después asumir el Ministerio de Bienestar Social. ¿Qué antecedentes laborales tenías?

Lea: Mi primer trabajo fue en el Banco Central, donde estuve como seis meses de investigadora. Trabajé con el hermano de Gioconda Belli que fue Ministro de Educación, de doña Violeta en el 90.

Luego estuve en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, que es donde conozco a Virgilio Godoy, Oscar Aragón, Moisés Hassan, es decir, a los que formamos lo que fue el Movimiento de Profesores Progresistas (MPP). La UNAN fue realmente un reservorio de apoyo a la lucha contra la dictadura, duramente reprimida y donde la Guardia entró varias veces al recinto, incluso hubo muertos. Recuerdo que una vez estábamos dando clases –ya era muy difícil la cosa–, la Guardia entró e hirió a Virgilio Godoy. Lo tuvimos que arrastrar para adentro y sacarlo de la Universidad.

Ese fue uno de mis primeros trabajos, donde conocí a muchos compañeros, muchos estudiantes de esa época que posteriormente fueron militantes del Frente Sandinista y también activistas de la Central Sandinista de Trabajadores (CST), de la Asociación de Trabajadores del Campo (ATC) y también del movimiento magisterial. La UNAN tuvo un papel muy importante. Recuerdo a Pedrito Ortiz, Medrano, Lucío Jiménez, y una gran cantidad de compañeros.

Mónica: Entonces, ¿cómo asumís el Ministerio de Bienestar Social?

Lea: Después de toda esa actividad, entramos a Managua y ya en Jinotepe me dice, ¿quién fue el que me dijo?, no recuerdo. Creo que fue Carlos Núñez o Joaquín Cuadra, me dice: –Vos estás en el Gabinete y vas a ser Ministra de Bienestar Social. ¿Ministra de Bienestar Social? Entramos a Managua y llegamos a la Plaza y el Palacio Nacional, y le pregunto al primer gabinete de gobierno: – ¿Qué significa ser ministra de Bienestar Social? Porque, para comenzar, no existía el Ministerio, era un solo escritorio.

La primera cosa que hice fue buscar a algunas compañeras que vinieran a trabajar conmigo. Me recuerdo de una compañera de apellido Barrios...

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Entrevista realizada en el año 2002

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