¿Habrá otro abril?

 None

Ninguna dictadura se ha salido con las suyas. Todas han terminado mal. Muy mal. • Foto: Onda Local

Se empieza a sentir. La presión está subiendo poco a poco. Se percibe en lo que dice la gente. A pesar del miedo.

“No ha ocurrido porque no es el momento, pero vendrá” comenta José, un taxista de Managua. Lo dice mientras toma la avenida 27 de mayo, de la estatua de Montoya hacia “arriba” como se le dice en Managua a la dirección este. Lo dice al ver los retenes policiales que hay en cada cuadra en la periferia de residencial El Carmen, donde está la guarida de los dictadores.

José afirma que ellos (los dictadores y su familia), están ahí todavía porque somos un pueblo pacífico que no quiere más violencia y prefiere agotar primero todas las otras vías para alcanzar la libertad. “Pero todo en la vida tiene un límite” advierte.

“Ortega nos llama terrorista a todos los nicaragüenses que anhelamos la libertad de Nicaragua y que salimos a protestar en 2018, pero si realmente fuéramos terroristas, ya hace tiempo no existieran, ni él, ni toda su familia” asegura, lo dice con firmeza y claridad meridiana.

“Caerán como castillo de naipes”

Juana una mujer a punto de jubilarse, que casi en contra de su voluntad sigue siendo empleada pública, dice sentirse humillada. “Toda mi vida he sido sandinista, y lo sigo siendo, pero esa gente se robó el sueño de muchos nicaragüenses, deshonró los ideales de Sandino y se apropió del poder a su gusto y antojo, pisoteándonos a todos” afirma sin ocultar su indignación, pero a la vez expresando que decir estás cosas le ayudan a desahogarse. “Saco eso que tengo atorado en la garganta”, dice con cierto alivio.

“Como yo hay mucha gente, en la mayoría de instituciones del Estado, pero no expresa nada por miedo”, asegura Juana.

“Que sigan haciendo los que les dé la gana, lo que se les antoje, porque al final, sus mismas acciones son las que los van derrumbar. Como castillo de naipes van a caer” asegura Juana.

Juana se siente amenazada, dice ser prudente, pero asegura no tener miedo, porque sabe que quienes ostentan el poder, con sus acciones autoritarias están cavando su propia tumba. Dice estar esperando la próxima insurrección popular para sumarse a ella, pese a que condenó la que estalló en abril del 2018, “pero era porque no había abierto bien los ojos” asegura.

Ella se siente humillada porque, a pesar de haber entregado, desde su juventud, toda su vida al partido, ha sido desplazada por gente sin experiencia, revela que jóvenes que no conocen la historia, ni están profesionalmente preparados para asumir cargos importantes ahora son sus jefes. “Llegaron ahí no como relevos generacionales, que son muy importantes, sino por ser hijos o parientes de personas allegadas a los altos mandos” afirma. 

Juana es una sandinista que reconoce que Ortega luchó por derrocar a una dictadura para luego convertirse él en el dictador.  

Otro ciudadano nicaragüense que accedió a publicar su opinión, pero sin ningún tipo de referencia a su persona, asegura que la dictadura no va a resistir un segundo estallido social como el del 2018, “primero porque ahora, aunque parezca más fortalecida, en realidad está más debilitada; segundo, porque el sandinismo está resquebrajado por dentro, está descontento, desunido, muchos estamos ardidos; esta vez nos uniríamos miles de sandinistas a los que Ortega y Murillo nos ha humillado en estos últimos años”.

“La decadencia y caída vendrá por si sola, y no está muy lejos de suceder”

A criterio de Amanda, una excuadro sandinista, que en su juventud ocupó un puesto muy importante en la Nicaragua los 80, “si no hay otro abril, habrá que tener un poco de paciencia y esperar unos pocos años”.

Amanda, hoy disidente, con un poco más de 60 abriles a tuto, y con una larga trayectoria dentro de las filas sandinistas, analiza el contexto y la condición de la pareja dictadora diciendo que el peor error es que se creen a rajatabla que serán eternos.

Tomando en cuenta la esperanza de vida y la edad que tienen actualmente Daniel y Rosario, a lo sumo vivirán entre 5 y 10 años más, pues ya ellos están en el límite de las expectativas, analiza la otrora funcionaria sandinista.

“Si no caen antes, es probable que ese sea el tiempo que tenga que resistir más el pueblo nicaragüense, no mas allá de eso, porque muriendo ellos, los hijos tendrán que negociar y ceder el poder” asegura. Amanda agrega que, “ellos (los hijos) no están preparados, no tienen capacidad, no tienen las mañas y habilidades de sus padres. Ninguno”.

Amanda cree que pasando Ortega y Murillo a “otro plano de vida”, sus vástagos no podrán manejar ni al Ejército ni a la policía, como lo manejan sus padres. Asegura que muchos de los altos mandos de las instituciones armadas, que están descontentos, pero que le temen a Ortega y Murillo, “no le temen en absoluto a ninguno de sus hijos”.

Mientras tanto, queda esperar lo que la víspera traiga, quizá vendrá otro abril y este sea definitivo, o quizá ocurra de otra manera, pero el derrumbe de la dictadura tendrá que ocurrir, más temprano que tarde, porque todo lo que sube, baja. Esa es una ley irrefutable. Por otro lado, algo también innegable es lo que la historia ha demostrado a lo largo del tiempo, ninguna dictadura se ha salido con las suyas. Todas han terminado mal. Muy mal.

Opinión | ¿Habrá otro abril?

Te podría interesar