Ritos y no derechos

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Por esas casualidades de la vida estoy en una iglesia, en una misa de los quince años de una muchacha. Me quedo sentada en una banca al lado izquierdo. Observo a personas contentas, creo que se sienten orgullosas, se vuelven a ver de vez en cuando con una sonrisa de oreja a oreja.

Todos apararentemente se saben el ritual católico, menos yo, motivo que genera miradas en señal de presión cuando toca arrodillarse. Resisto algunas de ellas hasta que llega la hora de la homilía. Escucho las palabras del cura y mientras más habla, la cara se me empieza a poner roja del enojo. “Para una mujer es significativo el paso a esta edad, porque se cree que la virgen María cuando fue madre, estaba en esa edad de 15 años. Una mujer puede ser madre a los quince años. Entonces poner la vida en las manos de Dios” recalcó el sacerdote.

Nadie dijo nada, algunos asentaron con la cabeza y luego vino la comunión. Se imaginarán con qué discurso se quedaron las jóvenes y las adolescentes. ¿No sabrá ese cura que Nicaragua es el país con mayor embarazos en adolescentes de América Latina, y que en su mayoría tienen poca educación, son madres solteras y pobres?

El rito de pasar a ese nuevo estatus “de ser mujer”, busca presentar a la joven a la sociedad masculina y decirle que la muchacha “está lista”, no sólo es un esfuerzo financiero sino que reproduce ese fin último, bajo la creencia que las mujeres tenemos que “ser madres”.

Estos ritos que cuentan con la aprobación de las comunidades, violentan de tal manera los derechos de niñas y mujeres, como lo dicho por otro sacerdote a una pareja que casaba: “El amor y el respeto es un pilar fundamental dentro del matrimonio, digo esto y lo recalco por el movimiento feminista, hoy en día está enseñando de manera flagante que las mujeres irrespeten a sus maridos, y eso queridos hermanos, no es así”.

Siguió hablando de que si las mujeres nacimos de los pies o una costilla hasta que lo dijo “El casamiento es un proceso de obediencia”. Y continuó: “La mujer tenía que dar siete vueltas alrededor de la Jupá (especie de toldo), qué quiere decir eso, mi marido me pertenece, mis hijos me pertenecen y nadie me los puede quitar y voy a luchar por ellos hasta el final, de igual manera hacia el novio”.

¿No sabrá ese cura que en 2017 hubo en el país 51 femicidios producto de ese sistema que reproduce que las mujeres les pertenecemos a los hombres y que enero 2018 debutó con cinco femicidios?

Bien vale la pena que el Obispo Auxiliar de Managua, Monseñor Silvio Báez, inicie su jornada contra la violencia hacia las mujeres, entre su propia grey.

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