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RESPLANDORES DE ABRIL N0. 12

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SOMOS TESTIGOS Y PROTAGONISTAS DE COLOSALES HECHOS INÉDITOS

Nos impactan las malas noticias, la estela de horror que deja el nuevo virus, el Covid-19, versión actualizada, digamos, de la peste negra que en el pasado asoló varias veces Europa y Asia, matando a cientos de millones de personas. Es un consuelo saber que este monstruo ya no podrá llevarse a tantos, ni por cerca.

Este fenómeno de impacto mundial en un mundo tan interdependiente, con el mayor desarrollo de la historia en todas las áreas de la ciencia, en particular las tecnologías de comunicación, nos convierte en protagonistas y espectadores de una pandemia mortal, hecho inusual. Estamos en primera fila asistiendo en vivo a acciones impensables como las cuarentenas que encierran en ciudades y áreas rurales a decenas y cientos de millones de personas; u otros derivados del distanciamiento social como saludarse con el codo, marcar en el piso de oficinas de instituciones públicas y privadas el metro y medio de distancia establecido para no contagiarnos.

¿Quién imaginó la cancelación de cientos de miles de vuelos y ver sin gentes los concurridos canales de Venecia y las atestadas calles de Manhattan? Las aulas han sido vaciadas –María del Pilar, una chispeante sobrina de seis años, me contó ayer por teléfono que estaba haciendo un examen por WhatsApp--, porque suspendieron las clases en su colegio.

Se suprimen las actividades deportivas incluyendo unos juegos olímpicos, se cierran los centros turísticos y los restaurantes. Baja el telón del teatro y la ópera. Las autopistas están desoladas. Nos volvimos adictos al alcohol en gel y nos uniformamos con mascarillas blancas y azules en la boca. Con agua y jabón mucha gente se lava las manos compulsivamente en Nepal, Milán, el Bronx y en el barrio Jorge Dimitrov, de Managua.

Pese a los cuidados, la estela de la muerte hace un barrido demográfico y se ensaña con los mayores de 70 años en Wuhan, Lombardía, Madrid y Nueva York.

La pandemia colapsó las bolsas de valores en todo el mundo y se evaporaron todas las ganancias obtenidas durante el gobierno de Trump. Somos testigos atónitos de movimientos y acciones desmesuradas, espectaculares, sin antecedentes. Y simultáneamente en nuestro mundo interior también ocurren cosas tan importantes que hasta pudieran llegar a ser estratégicas, y cambiarnos, porque reflexionamos sobre nuestra pequeñez ante fenómenos tan colosales que hacen girar al revés a nuestro sufrido planeta.

Paradójicamente, hay un ganador: la Tierra, nuestro bello planeta azul que aprovecha el cierre de fábricas y la permanencia de los automotores en los garajes, y se limpia, a una velocidad pasmosamente inesperada limpia su aire contaminado por esta especie humana tan irresponsable que marcha hacia su propia autodestrucción.

LA DICTADURA PROPICIA OTRA MATANZA

 

Como sabemos, a partir del estallido social del 18 de abril del 2018, también comenzó una profunda crisis económica y dos años después pocos rubros han podido recuperarse. Ahora llega el Covid-19 con su estela de incertidumbre y muerte y sus desastrosas secuelas económicas.

Practicar el distanciamiento social individual y colectivo forzadamente afecta la economía, por eso algunos gobiernos se resisten a hacer lo correcto desde el punto de vista de salud. En Italia priorizaron lo económico y se les vino el mundo encima con un crecimiento geométrico de contagiados y una tanda de muertos que supera la que tuvo China.

En Nicaragua, como se juntaron las dos crisis económicas, la dictadura le ha dado mayor importancia a este aspecto, relegando la salud. Hasta hoy, con solo dos casos de Covid-19, estamos bien, pero, ¿cuántas pruebas se han realizado? (aspecto clave para la contención), ¿habrá un estallido de casos por promover la interacción social en vez del distanciamiento, así como por la falta de instalaciones hospitalarias adecuadas?

Grafica la situación la sesión de los seudo diputados, donde Byron Jerez estornuda constantemente. Por mí, que se enfermen todos, pero no les deseo la muerte.

Los ingresos que dejaron los turistas de cruceros jamás compensarán una muerte, ni una, ni una muerte valiosa del pueblo de Nicaragua. Recordaremos a esta dictadura por una doble matanza: la que cometieron para aplacar el estallido social del abril 2018; y la que quizás habrá --ojalá que no-- por su irresponsabilidad en el tratamiento del Covid-19.

UNA REALIDAD QUE ES MÁS FANTÁSTICA QUE LA IMAGINACIÓN


Todo es real, principalmente lo que causa más dolor inmediato: los muertos. Son reales la infestación de las personas, las pruebas de Covid-19, los cuidados a que tienen que someterse los médicos y personal sanitario con sus batas blancas, mascarillas en la boca, gorros en la cabeza y guantes en las manos. Hasta fue real que un país instalara, como por arte de magia, dos hospitales, cada uno en diez días. Es real la dramática caída de la Bolsa de Valores.

Es real toda esta aparente locura de cierre de fronteras, cancelación de vuelos, suspensión de trabajos y clases, repunte de la educación en línea, cuarentenas a ciudades y regiones enteras incluso con varias decenas de millones de habitantes. Es real la crisis de camas y de ventiladores e incluso de gel con alcohol.

No menos real han sido las histéricas compras de productos de higiene en supermercados, mercados y tiendas. Es real que en todo el planeta haya muertos y enfermos, salvo unos pocos países. Todo, todo, toditito es real, es cierto, es objetivo, no nos están engañando, nadie ha fabricado una mentira descomunal y nos tienen lavándonos las manos como nunca en el pasado.

El monstruo ha arrinconado a la humanidad, pero es esperanzador que China lo contuviera. Ahora Italia tiene más muertos. Es tan real, tan descomunalmente real, tan desproporcionadamente real, que pareciera una película de suspenso y horror. Ya lo había dicho Gabriel García Márquez: la realidad es más fantástica que la imaginación.

RESPONSABILIDAD AL USAR LAS REDES SOCIALES

 

Es frecuente leer, sobre todo en Facebook, apreciaciones sin ninguna base, expresiones alejadas de la realidad escritas bajo un impulso incontrolable de entrar en una plática o de contradecir a alguien, también para intentar denigrar u ofender.

No sé si la persona es consciente, pero lanza lo primero que se le ocurre y no le importa quedar mal parada, porque su interés es poner algo, y no piensa en su imagen, la cual se construye con acciones u omisiones, sobre todo con las primeras.

Si reiteradamente alguien está diciendo algo que no es comprobable, que es un decir al aire, ofrecerá una mala imagen, una imagen de alguien ignorante e irresponsable.

Para escribir algo en las redes sociales hay que saber, estar seguro, tener fuentes, haber leído y comprobado. Los llamados “tapazos” no se valen, no contribuyen a nada. Tanto la información como la opinión requieren un respaldo. Opinar sin conocer la naturaleza del hecho que nos ocupa es arriesgarnos al precipicio. Esta es la razón principal de que se generen tantas mentiras.

En Internet se encuentra tanta información que solo hay que ir a Google, por ejemplo, escribir lo que se busca, y aparecerán muchas notas y fuentes. Es lo que se debe hacer antes de expresar algo.

También debemos tratar de escribir bien. Los errores gramaticales, ortográficos y semánticos, dejan muy mal parada a la persona. Hay que consultar constantemente un diccionario en línea o físico, sobre todo cuando no estemos seguros cómo se escribe algo.

Y hay que saber leer, leer comprensivamente. Leer mal es más frecuente de lo que usualmente creemos. Con mucha regularidad se hace una lectura equivocada sobre lo que nos quiso decir la persona autora de una nota, y replicamos de inmediato, orinando fuera del guacal.

La exigencia también está del lado de quien escribe, por lo que debe asegurarse de que en efecto planteó lo que quería decir y no otra cosa, lo cual suele suceder.

Hay que procurar asumir con honestidad y compromiso nuestra participación en las redes sociales.

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