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Daniel Ortega: el eterno candidato presidencial del FSLN

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Foto: Sitio Web / El Nuevo Diario

Todo aquel que ha querido postularse ha sido defenestrado y visto como enemigo

Daniel Ortega podría ganar un récord Guinness por ser el hombre que más veces ha competido por la Presidencia de un país, su nombre ha sido impreso en ocho ocasiones en la boleta electoral, más que cualquier otro ciudadano nicaragüense.

Su aliado, el fallecido Edén Pastora (Comandante Cero) criticó en su momento que no existiera otro líder dentro del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), que diera la cara por ese partido.

Las generaciones más jóvenes no conocen a otro candidato presidencial que haya corrido bajo la casilla 2 del FSLN. El único es Daniel Ortega. Y quienes han intentando competir con el eterno candidato fueron descabezados y expulsados del partido. 

Ortega ha gobernado Nicaragua desde 1979 en diferentes periodos. En esa primera vez, cuando el FSLN logró derrocar a la dictadura de Somoza y entró triunfante a Managua, aunque no gobernó de manera oficial, lo hizo desde la Junta de Reconstrucción Nacional. Cinco años después se realizaron las primeras elecciones bajo el régimen sandinista.

1984: La primera vez

El cuatro de noviembre de 1984 fue la primera vez que el nombre de Ortega apareció en una boleta electoral. Aunque la oposición hizo una campaña para que la población no asistiera a las urnas, el 75% de los aptos para votar, cerca de 1,2 millones de nicaragüenses, ejercieron su derecho al sufragio universal.

En ese año Ortega fue elegido por primera vez para ocupar la jefatura de Estado de Nicaragua y gobernaría de 1985 a 1991. Fue electo con el 67% de los votos válidos, casi 736 mil votos. El FSLN ocupó 61 de los 96 diputados, lo que le valió el control absoluto de la Asamblea Nacional.

Las votaciones de 1984 se llevaron a cabo dos días antes que las elecciones en Estados Unidos, donde el presidente Ronald Reagan buscaba la reelección. Los comicios generales fueron considerados creíbles, justos y democráticos por la Comunidad Económica Europea, Canadá e Irlanda, pero no contó con el reconocimiento de Estados Unidos, país que financió los llamados grupos contrarrevolucionarios que pretendían derrocar a Ortega con el uso de las armas. 

1990: La primera derrota

El mandatario nicaragüense decidió adelantar las elecciones de noviembre a febrero de 1990. El 25 de febrero se puso fin a la primera dictadura sandinista de Daniel Ortega, el país estaba sumido en una grave crisis económica y con una exorbitante deuda externa.

La democracia retornó de la mano de Violeta Barrios de Chamorro, la primera y única mujer presidenta que ha tenido Nicaragua, esposa del mártir de las libertades públicas Pedro Joaquín Chamorro Cardenal.

Ortega volvió a ser candidato por el FSLN y su nombre apareció en la boleta junto a nueve más. La Unión Nacional Opositora (UNO) agrupó a 14 partidos, logró el 54.74% de los votos válidos, superior al 40.82% obtenido por el perenne candidato. Ese día Daniel Ortega se propuso no dejar el poder y prometió que gobernaría “desde abajo”.

1996: La segunda derrota

Daniel Ortega cumplió su promesa y dirigió asonadas y protestas, desestabilizando al gobierno de Violeta Barrios. Se alistó el 20 de octubre de 1996 para competir otra vez por la silla presidencial, ahora contra el candidato de la Alianza Liberal que encabezó el Partido Liberal Constitucionalista (PLC) con Arnoldo Alemán. Años más tarde Ortega pactó con Alemán y se repartieron los poderes del Estado, lo que supuso el bipartidismo en Nicaragua. Además, bajó el techo a 35% para ganar en la primera vuelta.

Alemán fue el segundo nicaragüense que venció a Ortega en las urnas. Obtuvo el 51% de los votos válidos con 896 mil 207 votos y ubicó a 41 diputados en la Asamblea Nacional.

Este fue el segundo gobierno liberal que derrotó al candidato del FSLN en los comicios presidenciales. Alemán fue acusado de corrupción y se salvó de la cárcel por su pacto con Ortega.

2001: La tercera es la vencida

Con un pacto recién nacido entre su antiguo contrincante en las urnas, Ortega se volvió a postular por tercera ocasión. Esperaba ganar, pero el vicepresidente de Alemán, Enrique Bolaños Geyer fue nominado por el PLC y se alzó con la victoria con el 56.31% de los votos válidos, más de 1 millón 228 mil nicaragüenses  decidieron que el liberalismo siguiera en el poder. 

Esta fue la tercera derrota de Ortega y el tercer gobierno que sufrió los estragos de “gobernar desde abajo”. La Asamblea Nacional se dividió por la ruptura de Bolaños con el PLC y las investigaciones por corrupción contra Alemán. El entonces diputado Daniel Ortega y los antiguos aliados de Bolaños le bloqueaban todas las propuestas. No lo dejaron gobernar.

2006: El retorno al poder

El 5 de noviembre de 2005 fue la cuarta vez que Daniel Ortega se postuló para volver a la Presidencia. Pero este año sí ganaría las elecciones tras lograr una ruptura en el liberalismo. El candidato del FSLN llegó confiado a las urnas y fue electo con el 38%, el techo histórico del partido. Los caricaturistas le llamaron “Comandante 38”, apenas 3% por encima del mínimo para ser electo en primera vuelta.

Los dos candidatos liberales, Eduardo Montealegre y José Rizo, lograrían juntos el 55% de los votos. Estás griferas ubicaron a Ortega como el presidente de la minoría. Con el voto favorable de 854 mil 316 inició su primer periodo el 10 enero de 2007.

Ese día comenzó el deterioro sistemático de la independencia de los poderes del Estado. Ortega poco a poco acaparó todo el poder y sepultó la democracia. En 2009 la Corte Suprema de Justicia (CSJ) declaró inaplicable el artículo 147 de la Constitución Política que prohibía la reelección. 

2011: Candidato a la reelección

Ortega fue candidato a la reelección y con la oposición dividida volvió a ganar las elecciones presidenciales con el 62.46% de los votos válidos. El proceso fue vigilado por 200 observadores internacionales de la Unión Europa, la Organización de Estados Americanos (OEA) y un grupo de expertos latinoamericanos. El Poder Electoral no acreditó a observadores nacionales.

En este periodo, en 2014, Ortega reformó la Constitución Política de la República y con el dominio completo de la Asamblea Nacional logró sus intenciones de reelegirse indefinidamente y atornillarse en la silla presidencial.

En una carta pública firmada por cinco ex cancilleres nicaragüenses, estos afirmaron que la reforma viola acuerdos internacionales suscritos por Nicaragua, relacionados al respeto a la democracia representativa, los derechos humanos, la separación de poderes y la alternabilidad en el poder.

2016: La reelección indefinida

El domingo 6 de noviembre fue la sexta ocasión que el FSLN llevó en la boleta electoral a Daniel Ortega como candidato. Nuevamente la oposición está fragmentada y, en medio de acusaciones de “fraude” se alzó con la victoria en las urnas. Este año no se permitió la observación electoral internacional y nacional. 

Con el 72.44% de los votos válidos fue electo presidente de Nicaragua por cinco años más, sumando 15 años en el poder de forma consecutiva. Previo a las elecciones, a través de la CSJ, arrebató la personería jurídica a Eduardo Montealegre, el líder opositor que encabezó la Coalición Nacional por la Democracia que llevaba como candidato presidencial a Luis Callejas y la fórmula era Violeta Granera, actual presa política.

En 2018 Ortega cometió crímenes de lesa humanidad, según el Grupo Internacional de Expertos Independientes (GIEI) de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), al aplastar las protestas sociales que iniciaron por la inacción del Gobierno ante el incendio en la Reserva Indio Maíz y luego por las reformas fallidas al seguro social.

La represión estatal dejó un saldo de 325 fallecidos en el contexto de las manifestaciones y una crisis sociopolítica y económica que se ha extendido hasta estas nuevas elecciones generales.

2021: El candidato único

Daniel Ortega selló su octava candidatura a la Presidencia de Nicaragua para las elecciones generales de 2021. En medio de un ambiente de represión, hostigamiento, persecución y cárcel, junto a Rosario Murillo -su esposa y vicepresidenta- eliminó a la oposición y se ubicó como el único candidato con posibilidad de ganar el siete de noviembre. 

Estas votaciones son catalogadas por Estados Unidos y la Unión Europea como “fraudulentas” e “ilegítimas” por el encarcelamiento de siete candidatos presidenciales, líderes de oposición, estudiantes, campesinos, empresarios, defensores de derechos humanos, ex diplomáticos y periodistas. Todos son acusados de “traición a la patria”.

Además, se aprobó una serie de leyes represivas que inhibe a los opositores para postularse a cargos de elección popular y criminaliza el uso de las redes sociales. El CSE anuló la personería jurídica a tres partidos políticos opositores, sacando de la competencia a los principales grupos que tenían como precandidatos a los personajes con la opinión más favorable de intención de voto.

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