Sangre, fuego y baile, la doble moral de la Policía Nacional

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El informe “Graves violaciones a los derechos humanos en el marco de las protestas en Nicaragua”, de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, CIDH, señala que la protección del derecho a la vida por el Estado “se enmarca en el deber estatal de garantizar el libre y pleno ejercicio de los derechos de todas las personas bajo su jurisdicción, inclusive el derecho a participar en reuniones y manifestaciones públicas; e involucra a toda institución estatal, y a quienes deben resguardar la seguridad, sean éstas sus fuerzas de policía o sus fuerzas armadas.

Por ello, “los Estados deben tomar las medidas necesarias, no sólo para prevenir, juzgar y castigar la privación de la vida como consecuencia de actos criminales, en general, sino también para prevenir las ejecuciones arbitrarias por parte de sus propios agentes de seguridad”, agrega la CIDH.

Pero en la constante intimidación del régimen Ortega-Murillo, la Policía Nacional y los grupos parapoliciales juegan el papel número uno. El Centro Nicaragüense de Derechos Humanos, Cenidh, señala en su quinto informe que la mayoría de tranques y barricadas, producto de la “operación limpieza”, se desmontaron a punta de sangre y fuego.

En el rol de jugar un buen papel, las y los agentes de la policía un día aparecen contentas y contentos, y hasta bailando. Protegiendo a personas afines al gobierno en sus caminatas que buscan imitar a las que realizan las y los autoconvocados. Muchas y muchos oficiales muestran júbilo quizás porque se identifican con el partido de gobierno y por ende con sus acciones.

Al día siguiente, aparecen con caras de pocos amigos. Capturan, golpean, amenazan, allanan viviendas e impiden la movilización ciudadana no afín al gobierno. En las delegaciones policiales, incluyendo la Dirección de Auxilio Judicial, “aparecen” las personas capturadas. No importa dónde hayan sido detenidas. La mayoría, cual si fuese un espectáculo de algún circo, “aparece” mágicamente en El Chipote, como se nombra popularmente a Auxilio Judicial. La gente les compara con la famosa organización criminal ISIS.

Ahora sabemos que existen bandas delincuenciales, crimen organizado, narcotráfico, maras y hasta “terroristas”. La Policía Nacional no protege al pueblo, lo reprime. Desde abril, cinco meses ya, se contabilizan 320 personas asesinadas, más de dos mil heridos (recientemente fallecieron Ezequiel Gamaliel Leiva García luego de tres meses en coma; y Bismark Martínez "Chinola" herido por arma de fuego, desde el pasado 19 de junio, quien estuvo luchando durante tres meses por su vida), 500 presos políticos, 23 mil personas refugiadas y se desconoce con exactitud la cantidad de personas desaparecidas.  

Las denuncias por detenciones ilegales, allanamientos arbitrarios, robos, torturas, amenazas, hostigamientos están a la orden del  día. En algún momento la ciudadanía de Jinotega y Masaya, le dio a la policía el beneficio de la duda.  En Jinotega, en junio de 2018, la policía se comprometió ante la Cámara de Comercio a un plan de vigilancia y patrullaje, para evitar robos y saqueos. Pero la represión no cesó. A Byron Calderón, de 31 años, la policía le cortó un testículo y parte del ano, denunció Antonia Cruz Aróstegui, su hermana, también de este departamento.

A los cuatro vientos el gobierno y sus adláteres han dicho durante los últimos cinco años que Nicaragua es el país más seguro de Centroamérica; pero recientemente el jefe del Ejército de Nicaragua reconoció públicamente que había maras en el país.

Pero de un día a otro, hablaron de “Los Plots”, “Los Galanes”, “Los Parqueros”, “Los Panzones” “Los Carranzas”, “Los Useda”. En Masaya “Las Malvinas”, “26 de febrero” “Los Cajetas”. En León, “Yeguas negras”, “Adiack”, “Las Tortuguitas” y en Granada, “Sabanetas” y “Bocas Negras”. Muchos de sus integrantes no repiten la frase “somos el país más seguro de Centroamérica”, otros, afirman que en Nicaragua no hay carteles, ni expresiones del crimen organizado.

El asedio a las marchas ciudadanas

La Policía Nacional asedia e intimida plantones, marchas y cualquier actividad que no corresponda con las órdenes del régimen. La marcha de los Globos y por la libertad de presas y presos políticos, del 9 de septiembre, fue asediada por agentes policiales antimotines y grupos de parapoliciales.

No se había permitido anteriormente, el 2 de septiembre, que la marcha de Las Banderas siguiera la ruta establecida. Además de que grupos parapoliciales dispararon contra dicha actividad, hiriendo Carlos Fletes, médico especialista. Un microbús de investigaciones policiales resultó quemado. Aún no aparece el autor de este último hecho, pero se dice que era un infiltrado en la marcha.

El 16 de septiembre la policía nuevamente asedió la protesta ciudadana. En la marcha “Rescatando la Patria”, bloqueó con camionetas de tina llenas de policías y por filas de agentes en las calles que desembocaban a la carretera norte, donde atravesaban los barrios populares como el Hugo Chávez, Berta Díaz, Camilo Chamorro, Waspam Norte, La Primavera, entre otros. Con su actitud buscaban impedir que más gente se uniera a la marcha. La respuesta de la ciudadanía era gritarles ¡asesinos!

Una joven líder, desde el sonido que acompañaba la protesta, logró que la gente no se distrajera y continuara su objetivo de protestar contra el régimen y exigir la libertad de presas y presos políticos, al margen de la actitud doble moral de la Policía Nacional que se ha dado a la tarea de reventar globos azul y blanco.

 

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