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Situaciones como estas se viven en diversas comunidades de la zona de Las Segovias, donde el acceso al agua es casi un suplicio.
Luis Sánchez Corea

El difícil acceso al agua en comunidades rurales de Las Segovias

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Juana Alvarado se levanta todos los días de madrugada para acarrear agua del pozo comunitario al que asisten también sus vecinos. Baja unos 200 metros de la loma donde habita hasta la planicie donde está el pozo y sube la cuesta con el balde a tuto, sus hijos van detrás con galones y pichingas. 

Esta escena ocurre en Mansico, una comunidad que forma parte del corredor seco, en el municipio de Somoto. En el sector donde vive Juana habitan unas 70 familias. Ahí el agua es racionada. Cada familia recibe 5 bidones de agua por día. Durante el verano, al pozo llega muy temprano un primer grupo de personas, hacen fila para llevar agua, pero no alcanza para todos, el pozo literalmente se seca, por eso un segundo grupo espera hasta la tarde que vuelva a filtrar el agua suficiente para poder abastecerse.

Situaciones como estas se viven en diversas comunidades de la zona de Las Segovias, donde el acceso al agua es casi un suplicio. Por eso la ciudadanía se organizado para buscar solución a esta problemática.

Mujeres organizadas por el derecho al agua en La Pimienta

En la comunidad La Pimienta, ubicada a 5 kilómetros del poblado Susucayan, en el municipio de El Jícaro, el acceso al agua también es complejo para muchas familias. Así lo hace saber Zulma Yadira Ruíz del Comité de Agua Potable y Saneamiento (CAPS), de La Pimienta.

“El acceso del agua ha sido bien crítico, antes resolvíamos, acarreando el agua por nuestro propio esfuerzo, involucrando a las familias siempre los niños los jóvenes, de esa manera obteníamos el líquido en nuestras casa” asegura Zulma, quien a la vez agrega que algunas familias recorrían hasta kilometro y medio para llegar al pozo más cercano.

Zulma relata que las mujeres de la comunidad se organizaron y gestionaron con las autoridades municipales, pero nunca obtuvieron respuesta, sin embargo, se acercaron a una cooperativa multisetorial que apoya a las mujeres rurales y fue así que se logró desarrollar un miniacueducto que ahora abastece a 19 familias de La Pimienta.

“Hemos gestionado, de manera organizadas, gestionamos a la Alcaldía, los Comité municipales y pues nunca nos dieron una respuesta, hasta que igual de la misma manera organizados con la cooperativa logramos obtener  este proyecto, que hoy nos resuelve de esa manera” relata Zulma. 

Ella asegura que la organización por el acceso al agua, empezó con tres mujeres pero poco a poco se fue sumando la comunidad, “iniciamos solo tres mujeres participando en la cooperativa, luego donde ya ellos vieron el interés, las mujeres de la misma comunidad, pues se fueron involucrando, llegamos a tal número que hemos organizado 11 mujeres que participábamos en reuniones con la cooperativa, entonces nosotros gestionamos eso del agua y la cooperativa nos apoyó en gran manera, donando la bomba, las mismas familias organizadas, compramos el resto de material que fue la tubería el zanjeo, y todo eso, y el agua hasta las casas, pues ya fue junto con la familias”.

A Jocote Arriba el agua llegó también por la gestión comunitaria

En la comunidad Jocote Arriba en el municipio de Condega, los efectos de la sequía, la carencia de agua de calidad y la falta de un sistema de potabilización, estaba afectando la salud y la vida de sus habitantes. Pero ellos se organizaron con apoyo de Octupan, una asociación comunitaria que promueve el liderazgo de las mujeres para el desarrollo productivo rural. Con asistencia técnica conformaron un Comité de Agua; formularon y gestionaron su proyecto, hasta hacerlo realidad. Ahora cuentan con un minuacueducto por bombeo eléctrico (MABE), que abastece a 88 familias.

Dircia Centeno, del CAPS de esta comunidad, cuenta que “Éramos afectados todos en general, pero más las mujeres porque las mujeres somos las que llevamos en el rol del hogar, donde sin agua no podemos cocinar, no podemos lavar trastes, totalmente lo que se hace dentro de un hogar”

Centeno agrega que “era muy crítico, carecíamos mucho, nos tocaba hacer pozos a la orilla los ríos donde animales y personas tomábamos, estaba totalmente con microbios. Echaban estiércol los animales, los niños de la escuela sufrían también eso, porque de ahí mismo llenaban el tarrito del pocito y lo llevaban a la escuela, lo que más afectaba era la diarrea en generalmente y más específica en los niños”.

El proyecto de Jocote Arriba fue posible por la constancia y disciplina de sus habitantes, quienes no cesaron en su gestión hasta hacerlo realidad.

“Fuimos dándole seguimiento, formando comité, capacitándonos, formando personas de escuela de liderazgo, formando personas de escuela de incidencias públicas, formando un Comité Coordinador de Octupan, y así mismo fuimos dándole seguimiento” afimra Dircia Centeno.

Hoy los beneficios son palpables. Reina Lira, lideresa comunitaria, así lo explica: “ya la mujer dejó de está cansada porque las mujeres somos las que nos preocupamos por el agua, hay casas que les tocaba 600 varas para ir a traer agua. Ha mejorado la alimentación porque ya tenemos un huerto en el patio de la casa, ha mejorado la salud, ahora casi no se oye decir que hay brotes de diarrea, no se oye decir que hay casos de hepatitis, gracias a tener un agua con calidad.”

Sobre el cuido y conservación del agua en Jocote Arriba, Dircia Centeno explica que la comunidad organizada ha tomado medidas para no contaminar la fuente hídrica de la  cual se abastece, “las medidas que hemos tomado para no contaminar el agua es reciclar la basura, reforestar, no talar árboles, en vez de talar un árbol, mejor sembrar un árbol” afirma.

Rubén Soto: “el agua aquí es para todos”

En Santa Bárbara, una comunidad rural del municipio de Jalapa, nos encontramos con Rubén Soto Pérez, un campesino que cuenta con orgullo que él resolvió por su cuenta el problema de acceso al agua a muchas familias de esta comunidad. Relata que pese a que la alcaldía instaló el servicio de agua potable este no funciona permanentemente, y además de salir el agua sucia de las tuberías, no da cobertura a toda la comunidad. “Aquí la Alcaldía mandó a poner agua potable, pero no da suficiente abasto, entonces la gente en ese aspecto tiene problema con el agua, que hay escasez de agua aquí” advierte Rubén.

Ante la recurrente escasez de agua en Santa Bárbara, Rubén Soto se dispuso a hacer algo por su comunidad, y fue así que hace algunos años construyó un pozo  con sus propias manos “el pozo yo lo hice personalmente, con recursos míos” asegura.  Agrega que después una organización comunitaria le otorgó financiamiento para construir un tanque, el que actualmente se llenado desde el pozo con una bomba eléctrica. Desde entonces la gente llega todos los días a abastecerse de agua a la parcela de Rubén.

“Aquí vienen como alrededor de unas 25 familias, cuando hay escasez de agua es en el verano vienen más seguido.  Si esta gente no tuviera acceso a su agua, esta gente perecería aquí, irían más largo a traer agua porque el agua potable aquí no es suficiente, no da, casi no trepa el agua” advierte.

Rubén presume que, además de tener el único pozo que no se seca, es también el que tiene el agua con la calidad optima para el consumo: “Aquí vinieron a hacer análisis, vinieron dos o tres veces de Managua y salió perfecta el agua, pues sin ninguna contaminación, el único pozo que salió bueno aquí está Santa Bárbara”.

Comunidades del corredor seco son las que más sufren por falta de agua

El denominado corredor seco de Nicaragua, comprenden los departamentos de León y Chinandega  en Occidente, Estelí, Matagalpa Madriz y Nueva Segovia en la zona norte del país, abarca 33 municipios donde la escasez de agua es uno de los principales factores que frena el desarrollo de sus habitantes, agudiza la pobreza, además de la malnutrición de la niñez sobre todo en las comunidades rurales donde las familias dependen de la agricultura para subsistir.

Sin embargo en medio de la crisis, las sequías y los efectos del cambio climático, y más allá de la falta de respuesta de las instituciones, siempre surgen esperanzas, siempre habrá un pozo como el de Santa Bárbara, y personas como Rubén quien está dispuesto a seguir ofreciendo agua a quien la necesite, sin ningún interés, él cree que si algún día le niega el agua a alguien, el pozo se podría secar, por eso reafirma:“El agua es para todos, se la dono a todo el mundo, el que quiera llevársela doy sin ningún interés, e incluso al más enemigo si quiere su agua que la venga a llevar, no se la niego, el agua está a su disposición. Aquí viene cualquier persona, aquí acepto yo del FSLN, de opositores, de cualquiera, sin distingo de colores, ni de religiones.

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