Minería amenaza cuenca del Río San Juan

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La actividad minera está restringida en Río San Juan, según el mapa de derechos mineros del Ministerio de Energía Minas (MEM), pero la exploración y explotación de la minería artesanal y la pequeña minería se expanden a vista y paciencia de las autoridades ambientales.   

Saúl Obregón, de la Fundación del Río (FDR), dijo en el programa Onda Local que le preocupa la actuación de las instituciones del gobierno al favorecer la actividad minera en el sureste nicaragüense. “Ahora se ha generado la fiebre del oro en prácticamente todo el río San Juan. Hay exploraciones y están sacando oro en comunidades donde hace dos o tres años ni se pensaba”, resaltó.

Para Obregón, la exploración y explotación de oro en Río San Juan se intensificó a raíz del resurgimiento de la minería artesanal en Crucitas, Costa Rica. “Lo que generó Crucitas fue el boom en la zona, y ahora hay gente de todas partes de Nicaragua, principalmente de los sectores mineros como Siuna y Rosita, que están llegando en busca de la posibilidad de extraer oro”.

En diciembre de 2017, Onda Local acompañó una gira a la zona núcleo de la Reserva Indio Maíz del Batallón Ecológico Indio Maíz, integrado por comunitarios y guardabosques del Gobierno Territorial Rama y Kriol. En los alrededores del cerro El Diablo encontramos rastros de exploraciones mineras, huecos escarbados a la orilla de quebradas y campamentos.

En las comunidades de Las Azucenas, Palo de Arco y Esperanza Uno, zonas de amortiguamiento de la Reserva Indio Maíz, la pequeña minería y la minería artesanal están en apogeo. En un recorrido realizado por Onda Local registramos al menos doce rastras o molinos dedicados al procesamiento de oro.

Luis López, dejó la pesca y los cortes de naranja para dedicarse a tiempo completo a la minería. Invirtió 300 mil córdobas en la construcción de una rastra.

“Nosotros estamos iniciando a procesar este material. Hay mucha gente que tiene fincas con oro. Ellos traen sus trabajadores para que hagan la pica. Nosotros sólo alquilamos la máquina, en dos mil córdobas cada 24 horas”.

Agrega que pueden procesar a diario de 4 a 30 gramos de oro, en dependencia del  material, con lo cual concuerda, Ricardo José López, minero artesanal. “Por cada tonelada que trituramos podemos sacar 10 gramos por tonelada, 15 según como esté el material”.

Según el artículo 40, de la Ley Especial sobre Exploración y Explotación de Minas, la pequeña minería requiere una licencia especial otorgada por el Ministerio de Energía y Minas.

Luis López, reconoce que no tiene permiso. “El MARENA, la policía, la alcaldía, han andado haciendo un diagnóstico para ver cuántas rastras hay. Quien sabe qué irá a pasar con nosotros, ya tenemos una inversión”.

Otros finqueros aseguran que no requieren permiso. “Somos los dueños de las propiedades. Permiso, según tengo entendido, es cuando uno se profundiza”.  

Los pequeños mineros aseguran que el oro extraído es vendido a compradores que llegan al lugar o en las joyerías de San Carlos. Además, venden la piedra sin triturar en la Libertad, Chontales. La canadiense B2Gold, es una de las compradoras, aseguraron.

Onda Local solicitó una entrevista a la empresa B2Gold. En respuesta, recibimos un correo donde señalan que “B2Gold no ha realizado ninguna compra de mineral o de cualquier otro insumo proveniente de Río San Juan o de alguna otra zona cercana a la Reserva Indio Maíz”.

Agregan que operan en las zonas donde tienen concesiones adjudicadas y procesan mineral que tiene origen lícito o que es extraído directamente por B2Gold.  

Replantear la minería

El Ingeniero en Recursos Naturales, Jurgen Guevara, oficial de industrias extractivas del Centro Humboldt, propone que el desarrollo de la actividad minera debe delimitarse a los distritos históricos, con un marco normativo que regule el sector minero y exija los estándares ambientales más altos y cumpla con el derecho a la consulta previa, libre e informada de las comunidades.     

En Río San Juan, según Saúl Obregón, en lugar de alentar la exploración y explotación minera, el gobierno nicaragüense debería promover otras alternativas económicas, como el ecoturismo o la agroecología, debido al alto valor ecosistémico de la zona de biosfera de Río San Juan.    

Resurgimiento de Crucitas amenaza a Río San Juan

La lancha que viaja de San Carlos a Juan de Nicaragua ha llegado a El Castillo con exceso de pasajeros. Quienes viajan esperan impacientes durante unos 15 minutos, hasta que finalmente el ayudante grita: “Los que van a la Venada y al Infiernillo crúcense al otro bote”. Varias personas, la mayoría hombres, atienden el llamado, van con palas, piochas, barras, hamacas, sacos y mochilas. Son los guiriseros nicaragüenses que viajan indocumentados hacia Las Crucitas, Costa Rica, en busca de oro.

“Desde el año pasado vimos cómo, poco a poco, aumentaba el tráfico de personas que iban hacia Costa Rica a la explotación del oro en Crucitas, fronterizo con el Río San Juan. Desde antes, teníamos reportes que en el municipio de El Castillo, había algunas familias haciendo exploraciones. Incluso el año pasado con Humboldt hicimos un monitoreo en una comunidad que se llama Poza Redonda y miramos como estaba avanzando el tema minero”, aseguró Obregón.  

Para nadie es un secreto que cuentan con la venia de las autoridades, señala el  representante de la Fundación del Río. “El Ejército sabe a lo que van, la policía sabe a lo que van y no hay ninguna reacción”.   

Onda Local viajó a Crucitas. En uno de los más de 25 puntos de extracción de oro encontramos a cinco guiriseros o coligalleros, como les dicen en Costa Rica. Dentro de una quebrada lodosa escarban hoyos con piochas y barras. El material que sacan lo lavan con mercurio para atrapar el oro. Continuamos el recorrido por una quebrada llena de sedimentos. A la orilla, se observan árboles caídos, cortados de raíz.

Una señora, originaria de Boaco, sentada en una rama, con el agua lodosa hasta las rodillas, lava oro. En su platillo van quedando unas piedritas que remueve minuciosamente. “Ahorita no estamos haciendo nada porque estamos llegando y no tenemos suficiente herramientas”, señala.

Otro guirisero, quien dice ser originario de Siuna, mientras lava oro, cuenta: “Trabajamos desde las 10 de la mañana, hasta las 2, 3 de la mañana, para poder sacar alguito para la comida, porque en Nicaragua como está ese gobierno, vamos de mal en peor”.

En el día, obtienen de 2 a 30 gramos. Una vez que salen de las minas lo venden en  las joyerías de San Carlos, ya que logran mejor precio que en Costa Rica. “Aquí en Costa Rica es muy barato, lo pagan a 13 mil colones que equivalen a 650 pesos. En Nicaragua lo pagan a mil córdobas el gramo”.

El guía que nos acompaña durante el recorrido señala que a Crucitas llegan nicaragüenses procedentes de Matagalpa, Triángulo Minero, Corn Island, Boaco, entre otros municipios, en busca de sobrevivencia. “Tengo como seis meses de estar viniendo aquí. Uno no haya comodidades, los trabajos no se encuentran o el salario es muy bajo y uno busca una mejor forma de salir adelante”.

La mayoría trabaja de noche para evadir los operativos de la guardia tica. Duermen en el monte, en champas de plástico o pagan a lugareños y finqueros, entre un mil y dos mil colones para colgar hamacas en los corrales. Se exponen a picaduras de zancudos, alacranes y culebras y a otros peligros. “Aquí viene gente de todos lugares, sino lo matan a uno en el camino por quitarle el poquito de oro que lleva para el sustento de la familia, te puede picar un animal. Hay gente que ha muerto, muchos se arriesgan, se meten muy hondo bajo tierra.

El proyecto minero Las Crucitas se inició en 1993 con los estudios técnicos. Los dos cerros, ubicados en una propiedad de al menos 805 hectáreas, podían generarle a la canadiense Infinito Gold más de un millón de onzas de oro. Este proyecto despertó el rechazo de la mayoría de costarricenses. El 09 de noviembre de 2010, Costa Rica se convirtió en el  primer país de América Latina en prohibir la minería de oro a cielo abierto y el uso de sustancias tóxicas como cianuro y mercurio. Sin embargo, la ley no es retroactiva y no afectó la concesión de Las Crucitas.

No obstante, en 2011, la sala 1 de la Corte confirmó la decisión del Tribunal Contencioso Administrativo, que el 24 de noviembre de 2010, anuló el decreto del ex presidente Óscar Arias que declaraba de "interés público" el proyecto minero Las Crucitas, a cuatro kilómetros al sur del Río San Juan de Nicaragua, por irregularidades en la obtención del permiso. La autorización no consideraba medidas de protección ambiental y generaría impactos severos en el Río San Juan. 

Gerardo Barba, de la Coordinadora Norte, recordó que los ambientalistas estaban en contra por el impacto ambiental en San Carlos, Los Chiles, Guatuso y Upala. “Los que iban a explotar la mina talaron cualquier cantidad de árboles que estaban en veda como el almendro amarillo, destruyeron la anidación de la lapa verde, nunca se dieron cuenta que iban a hacer un impacto enorme de destrucción hacia el río San Juan, porque todas las aguas que salen de ahí, del cerro de las minas, van a caer hacia el río San Juan”.

Después de siete años de haberse frenado el proyecto minero en Crucitas, la explotación minera artesanal ha resurgido, agrega Barba. “De un momento a otro, entraron gente de Abangares y comenzaron a explotarla artesanalmente. De Nicaragua entraron algunos, a ver si era cierto, y claro que era cierto, es una mina muy poderosa en oro y comenzaron a explotarla”. 

Barba calcula que al menos cinco mil personas, costarricenses y nicaragüenses, extraen oro en Crucitas, desde 2017. “La policía sacaba a la gente, se iban, volvían y así estaban. Habían unos policías que tenían peones trabajando y les pagaban para que le sacaran oro y ellos mismos se los compraban...”.  

Los operativos policiales han continuado, pero es como atrapar pavas, agrega Gabriel Campos, también de la Coordinadora Norte. “La guardia de aquí llega ahí y eso es como atrapar un poco de pavas, uno se le va por un lado, otro por otro, el nicaragüense es muy listo en eso...”.

En 2017, Campos estuvo en Crucitas y constató el daño ambiental. “Da tristeza al ver eso, los grandes túneles, los grande árboles, caobillas, almendro papayo, almendro amarillo, como los excavan por debajo; grandes huecos de cuatro, cinco metros de profundidad, donde usted ahí encuentra cusucos, zorros. Da mucha lástima el desastre, unas aguas bellísimas, hoy por hoy son pura tierra, cavan los paredones haciendo los túneles y todas esas tierras van a los causes del agua”.

El guía señala que los guiriseros no se conforman con sacar oro de los lugares limpios sino que desbaratan todo. “Si tienen que botar un árbol lo hacen y extraen el oro donde esté. En mi caso, yo lo que hago nada más es el relavo, recojo eso y el oro lo voy a azogar siempre en la casa, no me gusta echar nada de químico en el agua”.

Para Gabriel y Barba, el gobierno del expresidente Guillermo Solís, tiene responsabilidad en el problema porque se hizo de la vista gorda ante la propuesta de comprar las fincas y repartir 400 de las 800 hectáreas, entre las familias campesinas de la zona para que las utilizaran en agricultura y ganadería; y las restantes, entregarlas a las universidades públicas de Costa Rica para que los estudiantes realizaran sus prácticas de campo y tesis en agronomía, medioambiente y carreas afines.

¿Minería artesanal, punta de lanza para explotación industrial en Crucitas?

Jeffry López, del Sistema de Información Cultural de Costa Rica (DITSO), declaró a Onda Local que en la opinión pública costarricense se ha posicionado el tema de la minería en Crucitas.   

“Nos toma por sorpresa este nuevo ciclo minero, lo cual lo vemos como una punta de lanza, para el inicio de una nueva fase para la explotación minera. En la opinión pública costarricense se ha instalado la necesidad del desarrollo de una minería responsable, empresarial”.

La explotación minera artesanal en Crucitas ha sido el pretexto de los empresarios para decir que se debe pasar de una explotación irresponsable a una empresarial que pague impuestos y “vele por el medio ambiente”, dijo López.

No obstante, Jeffry precisó que no cuentan con ningún estudio técnico por parte del gobierno tico, que precise el nivel de impacto producido por la explotación minería. “Somos las organizaciones las que estamos empujando la realización de estudios de impacto o de diagnósticos que nos digan cuál es la situación verdadera”.

Jurgen Guevara, del Centro Humboldt, aseguró que el tema de la minería verde o ambientalmente sostenible, es un patrón que se repite no sólo en Nicaragua, Guatemala, El Salvador y Costa Rica, sino en toda América Latina. “Tenemos múltiples experiencias a nivel nacional e internacional para señalar que no existe minería cien por ciento amigable con el medio ambiente, por más que se quiera promover una actividad minera sostenible, la verdad de las cosas es que es una de las actividades más depredadoras y voraces del medio ambiente”.  

Gerardo Barba y Gabriel Campos consideran que frenar la explotación minera en Crucitas, requiere un acuerdo binacional entre los gobiernos de Costa Rica y Nicaragua, por los impactos ambientales en el Río San Juan.

Saúl Obregón señala que hablar de Crucitas es hablar de Río San Juan, porque su cuenca no está dividida por una frontera, ya que se alimenta de ríos costarricenses y nicaragüenses. “Cuando hablamos de esa zona tenemos que pensar siempre en la binacionalidad, lo que se haga a un lado afecta al otro lado. Hay que trabajar para implementar propuestas que contribuyan a la estabilidad en esa zona, que debería ser de paz y no de conflictos”.

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