"No me dio chance ni de moverme cuando sentí el impacto…"

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Este 25 de agosto, en Nicaragua se conmemora el Día Nacional de las Personas con Discapacidad. Se estima que en el país existen unas ciento cincuenta mil personas (150,000) que viven con algún tipo de incapacidad, ya sea por haber nacido con alguna o algunas deficiencias físicas, mentales, intelectuales o sensoriales, que a largo plazo y sin el tratamiento adecuado, podrían afectar a la persona en su forma de interactuar y participar en las dinámicas sociales y personales.


La Ley 763, Ley de los Derechos Humanos de las Personas con Discapacidad aprobada por la Asamblea Nacional en 2011, delega responsabilidades al Estado de Nicaragua, para que este segmento de la sociedad nicaragüense, se les reconozca el derecho al empleo, salario digno, la no discriminación, acceso a la salud, la educación y la justicia.


Pero la discapacidad también puede ser adquirida y cambiarle la vida a las personas de un momento a otro. Nadie está exento, de situaciones traumantes como sufrir un accidente o ser víctima de violencia o tortura; que como mínimo dejará secuelas para toda la vida.

Organizaciones defensoras de derechos humanos, señalan que un importante segmento de las personas agredidas durante las manifestaciones cívicas de 2018 en Nicaragua, presentan lesiones permanentes. Estas personas ahora requieren de trato especializado y pasar por procesos de adaptación y aprendizajes que les permitan mejorar su calidad de vida. Ahora son parte de la comunidad de personas con discapacidad, con el asterisco de que fueron adquiridas como producto de la violencia gubernamental.

A manera de tributo, Onda Local les presenta el testimonio de un joven oriundo de Masaya, que perdió uno de sus ojos, pero que conservó su dignidad.

Ese día, el 19 de abril, yo estaba en mi trabajo. Yo sólo escuchaba poom… bombas, disparos… Aquí nomacito, yo trabajaba en el taller de los alemanes aquí en Monimbó, ahí estaba yo. Ya iban a ser las 11:40 a.m y yo oía que la gente andaba corriendo… Están ahí me decían, por donde tu mamá; y a mí hasta me picaban los pies, porque decía yo, a la gran vida, voy a ir a asomarme allá. ¿Te preocupaba cómo estaba tu familia? Sí, porque yo sé que mi mamá es una persona bastante flexible, con lo que ve, con lo que percibe. Entonces yo me vine inmediatamente, y cuando vengo aquí mi mamá estaba llorando, estaba con miedo porque estaban el montón de antimotines tirando balazos, peleándose con el pueblo; un poco de viejitos que andaban haciendo una marcha pues, no estaban haciendo ningún daño. Vinieron ellos, los empujaban, los coscorroneaban , les golpeaban la cabeza, sí a los pobres viejitos y a nadie le gustó eso".

"...no me dio chance ni de moverme ni de nada cuando yo sentí el impacto…"

Les invitamos a escuchar el relato completo haciendo click en el reproductor, ubicado en la parte superior este texto.


 

 

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