Banderas y Harapos

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Por Julio López

Detenido en el tiempo el pasado es como esta foto color sepia, unas botas de hule cubiertas de tierra, niños con barrigas de hambre, las aguas limpias de un riachuelo y una columna de jóvenes soldados cubriendo la montaña, fue la guerra, sin embargo, era la vida…”, así narra sus memorias de la revolución sandinista, Gabriela Selser, en su libro Banderas y Harapos.

Sergio Ramírez, autor del prólogo de Banderas y Harapos, dijo:    “Gabriela cuenta su vida en la revolución, en una prosa de envidiable exactitud y hermosura, acudiendo a la cauda de sus recuerdos de alfabetizadora, de adolescente primero y de periodista juvenil después. Gabriela cuenta una historia personal y ese es su mejor atributo, la historia que nace del recuerdo de las vivencias directas, de las relaciones con los seres humanos, que como protagonista pudo ver y tocar. Banderas y Harapos es una mezcla atractiva de prosa periodística y prosa literaria, evocadora y nostálgica”. 

El 19 de septiembre, Gabriela conversó con estudiantes, en la Universidad Centroamericana (UCA), del rescate de la memoria. Fernanda Soto, decana de Humanidades y Comunicación de dicha universidad, preguntó a las y los presentes, cómo se cuenta la revolución en sus familias. 

 “…Siempre tratan de remarcarme esos momentos buenos que pudieron haber vivido, pero siempre se ve la influencia de un tiempo bastante duro, donde escaseaba la comida, donde por todos lados podíamos encontrar muertos y donde se miraba que a temprana edad tenían que madurar”, aseguró José Alfredo Jiménez, estudiante de comunicación. 

Recordar la revolución provoca nostalgia, tristeza, dolor y frustración. Leonela Vílchez Amador, de San Fernando, Nueva Segovia, dijo: “Mi mamá todavía sigue con miedo y me cuenta cómo llegaban a las doce de la noche camiones repletos de cadáveres y que la gente se reunía buscando a sus hijos. Fueron tiempos difíciles, mi mamá casi murió cuando lanzaron un misil, lo lanzaron en la plaza central y murieron más de cincuenta niños, ella aún sigue con miedo a que se vuelva a dar lo mismo…”. 

Para el estudiantado rescatar la memoria es “volver a vivir y volver a sentir eso que pasamos. Es verdad, no podemos cambiar el pasado pero si podemos aprender de él…”.  También sirve para  “sentar las bases de nuestro futuro de poder seguir adelante y construir un camino nuevo para las próximas generaciones”. 

Para que la historia no se disuelva en humo, está Banderas y Harapos, porque como ha señalado el escritor Sergio Ramírez “no hay otra manera de contar la historia con mayúsculas que a través de las historias con minúsculas, y aquí está este libro lleno de nostalgias vivas que renacen en la lumbre al soplar los rescoldos, con la frialdad de la muchacha corresponsal de guerra que vuelve amarrarse las botas y la pasión de la adolescente que al bajar del avión en 1980 va a encontrase con un país donde todo empieza”.

"Para que jamás engañen a  nuestros hijos, contándole nuestra historia en blanco y negro. Para honrar la memoria de nuestros muertos, con orgullo, amor y respeto como merecen. Para levantar en alto como Sandino, nuestra bandera de harapos con dignidad. Para que el mundo sepa que estamos vivos, para que nuestra esperanza nunca se rinda, por eso vivo, por eso canto”, dice parte de la canción que el cantautor nicaragüense, Luis Enrique Mejía Godoy, dedicó a Selser. “Por eso escribo”, ha agregado la autora de Banderas y Harapos.      

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