Resplandores de Abril II

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Un dolor infinito

Por Guillermo Cortés Domínguez 

Lo sabemos: el dolor es como el amor de una madre, es infinito. ¿Cuántas escenas de dolor hemos visto a la entrada de las ergástulas de El Chipote, en los tristes velatorios de los mártires y en sus funerales en los cementerios? También conocemos de hombres destrozados, pero casi siempre es la madre la que expresa su desgarro terrible, la que resiente más la huella de la puñalada filosa y artera donde más duele, la que muestra su corazón partido y ensangrentado.

La dictadura asesina ha sembrado de dolor a las madres, el criminal Daniel Ortega las ha hecho sufrir como a nadie más. Centenares y miles de madres viven un tormento desde abril y mayo y no hay día en que no hayan llorado a sus hijos muertos, heridos o capturados, a sus muchachitos, a sus tiernos, su esperanza, su hijito o hijita del alma por quien se desvelaron y se sacrificaron. Ellas lo dieron todo por él o ella y en un suspiro el déspota se los arrebató por medio de su policía, turbas y paramilitares desalmados sedientos de sangre, bestias, sicarios igualitos a los del Chapo Guzmán.

Jamás las madres olvidarán tanto dolor, es imposible, humanamente no se puede, un dolor que les taladra sus entrañas, que les perfora el alma, que las desequilibra, que las hace gritar, decir su nombre, hablar con él o ella en las noches de insomnio, verlo o verla en un resplandor, en una pasada de nube, en una lluvia, en el volar de los pájaros, en una salida de sol. Los hombres también sentimos dolor y hemos llorado y lloramos, pero nunca como las madres con su singular capacidad de amar y, por consiguiente, de sufrir.

Tienen razón las madres que no perdonarán jamás a Daniel Ortega y Rosario Murillo, estos asesinos cínicos, esta pareja perversa, maligna y dañina, que retuerce la verdad, que se hace la ofendida y la adolorida, siendo ellos los autores de la matanza, los que han infringido tanto dolor a tantas familias y a tantas madres. El pueblo en resistencia pacífica respeta y admira esa enorme voluntad de las madres, su especial determinación, su espíritu de lucha, su poder para sobreponerse a los peores martirios, incluso a la muerte de un hijo o hija, aunque en el proceso de sanación dejen en el camino girones de su alma pura.

La "objetividad" periodística 

Como afirman Jorge Ramos, Amampour y otros famosos, el periodista no es neutral, está profundamente comprometido con el respeto a los derechos humanos y la justicia. Este compromiso no debe significar abandonar el esfuerzo al que está obligado el periodista de constatar lo que va a comunicar, mediante fuentes vivas, documentales y de lugar.

El esfuerzo que los periodistas realizamos para acercarnos lo más que podamos a la realidad, es lo que se llama objetividad. La objetividad en general no existe en tanto somos seres humanos y tenemos sensaciones y emociones y todo lo procesamos con nuestro cerebro, el cual está lleno de ideas, valores, principios, información, referencias, etc., que actúan en esa interpretación de los hechos.

La objetividad en general implicaría reflejar la realidad, lo cual no se puede, no somos espejos, no somos robots, somos seres sociales, pensantes. Esto diferencia al periodismo profesional del activista agitador, que es otro asunto, o de quien acomoda los hechos de acuerdo a sus preferencias.

El que corre para correr al dictador 

Lo conocí en plantones en las rotondas Rubén Darío y Jean Paul Genie, siempre corriendo alrededor. Si la dictadura había asesinado a 27 compañeros, él daba 27 vueltas. Después lo vi en las caravanas –arriba y abajo—y él corría y corría. “Corro para correr a Daniel”, no solo era un texto a su espalda, era lo que él personificaba. Se convirtió en una inspiración para jóvenes y pobladores.

Un hombre sencillo, modesto, del barrio La Luz, que encabezó la carrera que hubo recientemente en Carretera a Masaya. Era él, no podía ser otro. Ahora Alex Vanegas fue hecho prisionero por el orteguismo. Lo soltaron después de interrogarlo y amenazarlo. Le temen a su bandera azul y blanco y a su singular forma de protesta. Él no porta armas, solo sus zapatos de correr y su enseña patriótica. Tiene 61 años y es una persona sana y tiene una resistencia extraordinaria.

Apresando a Alex no paran las marchas ni pararán a quienes corren para correr al déspota, al tirano inhumano que el Consejo de Seguridad de la ONU expondrá ante todo el mundo como el dictador brutal y sanguinario que es.

La dictadura nos hace sufrir, y ellos, ¿cómo están?

Los Ortega-Murillo nos han hecho sufrir, pero también han provocado que saquemos lo mejor de nosotros en esta resistencia cívica pacífica que estalló el 18 y 19 de abril. Desde entonces hemos vivido con una intensidad pocas veces vista, nos han matado a 322 compañeros y compañeras,  herido a más de dos mil y a cientos los han desaparecido forzadamente, secuestrado, capturado y torturado. A casi 150 los están juzgando en tribunales políticos controlados por la dictadura.

Nos han hecho sentir miedo y hasta terror, nos han estremecido   y hemos temblado, nos han puerto nerviosos, nos han llenado de incertidumbre, nos han quitado el empleo, nos han obligado a emigrar, nos han sumergido en el dolor y el llanto.

¿Y ellos? Ellos están peor. Por su enorme concentración de poder y corrupta acumulación de capitales, sienten que tienen más que perder. ¿Dormirán? ¿Tienen pesadillas? ¿Se acalambran cuando piensan que pronto tendrán que dejar el poder? ¿Se sienten humillados porque la mayoría del pueblo les da la espalda, porque no reconocemos su legitimidad, porque les pedimos de mil maneras “¡QUE SE VAYAN!”.

Seguramente les da cólera y rabia ver por televisión que no amedrentan a los manifestantes con sus antimotines vestidos de negro después que dirigieran una gran matanza. Imaginen qué frustración sentirán que ni matando e hiriendo a tanta gente han logrado que la ciudadanía deje de salir a las calles a protestar. Con todo su inmenso poder, con su ejército de sicarios, de paramilitares, con sus turbas, su policía corrupta y su ejército que intenta disimular la traición al pueblo, no han podido controlarnos, dominarnos, subordinarnos, callarnos. No han podido.

El Informe de la CIDH les cayó terrible en la mera cabeza, Paul Oquist, Denis Moncada y el mismo tirano Ortega fueron disfrazados de ovejas a los medios internacionales con su narrativa mentirosa, su novela mal contada, y salieron trasquilados, fracasaron estrepitosamente. Cómo les dolió la derrota en la OEA y las declaraciones de José Mujica  y del Partido Socialista de Chile. Y el Informe objetivo, profesional y demoledor de la Oacnudh fue como una bomba para la familia Ortega-Murillo. Ahorita cruzan los dedos ante la sesión del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Sí, estos déspotas nos han hecho la vida a cuadritos, pero nosotros los tenemos contra los cuerdas, están mareados y pronto los tiraremos a la lona y los mandaremos al basurero de la historia.

¿Cómo se ve el déspota Daniel Ortega?

Es ilustrativo de la prepotencia y ego enfermizo del déspota Daniel Ortega, el enorme y desproporcionado contingente de seguridad que exigió para llegar y salir del seminario donde se inauguró el Diálogo Nacional. No solo cientos de soldados armados hasta los dientes en decenas de vehículos sino también nada menos que dos helicópteros.

¿Quién se cree Ortega? Pues él se mira como un líder socialista mundial. Imaginen cómo sentirá de pisoteado su orgullo al darse cuenta que en vez de eso, es un dictador sanguinario, un tirano ensoberbecido, un déspota manchado con la sangre del pueblo. Le dolerá en lo más profundo del alma saberse comparado con Somoza y conocer que la mayoría de la ciudadanía nicaragüense incluso lo considera peor que el último Somoza.

Qué triste todo esto para este hombre todopoderoso pero que no puede cambiar su imagen. Además, ahora es visto como mentiroso y cínico, como un tipo capaz de decir cualquier cosa, por fantástica que sea. Con su insurrección cívica pacífica el pueblo le quitó la máscara de “revolucionario” que se ponía tras cada despertar y ahora al mirarse al espejo él ve con espanto al autor de delitos de lesa humanidad por los que podría ser llevado a un tribunal universal de justicia.

Triste fin para quien quiso ser líder revolucionario 

Robert Mugabe fue un luchador por la liberación nacional de Zimbabwe y al triunfo fue visto como un héroe, pero se corrompió, se entronizó en el poder y tuvieron que sacarlo con el apoyo del Ejército.

Es una historia similar a la de Daniel Ortega, hoy visto mundialmente como un déspota sanguinario, un dictador genocida, un tirano con las manos manchadas de sangre. Sus sueños de grandeza, de líder mundial, sus utopías extraviadas, sus  fantasías despistadas quedaron en su álbum de fotos con Khadafi y Sadam Hussein.

Con su abominable represión contra su propio pueblo,  todo lo tiró al carajo, al abismo más profundo de la historia. Hoy en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas se apagaron todas las luces. La imagen que queda es la de que es peor que Somoza. Triste fin para alguien que quiso ser revolucionario. 

Universitarios prisioneros están sufriendo, pero serán liberados 

Me indigna que la dictadura orteguista siga reprimiendo al pueblo, en particular, capturando estudiantes como Levis Rugama, a quien conocí en el Cenidh, cuando en noviembre pasado él llegó por ahí. Después lo he visto en las protestas; o como Yaritza Mairena o la Vicky Obando, lideresas estudiantiles.

Me preocupa su futuro, especialmente el de Edwin Carcache, a quien inicialmente encontré en la Upoli cuando fui a hacer unas entrevistas. Después pareció que nos poníamos de acuerdo porque nos mirábamos en cada plantón, vigilia, marcha o caravana. La última vez fue el domingo. Iba con mi papá a misa cuando pasamos frente a la UCA y ahí estaba él en media calle, con su característico sombrero azul y blanco y su sonrisa a flor de piel. Me detuve rápidamente solo para darnos un apretón de manos, y le dije unas palabras.

Era tan visible Edwin que parecía que podía estar en todas partes. Son muchachas y muchachos llenos de vida, promesas y realidades, conscientes y valientes. Están sufriendo, pero los vamos a liberar.

Gran premio libertad de prensa a periodistas de Nicaragua

El periodismo nicaragüense ha estado a la altura de las extremas circunstancias que estamos viviendo desde abril, desde el estallido social que tiene en pie de lucha a todo un pueblo en contra de un régimen despótico y sanguinario.

Muchos periodistas y comunicadores de ambos sexos en todo el país le han dado cobertura a las movilizaciones ciudadanas, a los tranques y barricadas y no pocas veces han estado expuestos a las balas y a todo tipo de represión de los agentes de la dictadura Ortega-Murillo.

El premio otorgado es un reconocimiento a la labor periodística en situaciones de peligro. Muchos colegas han dado muestras de valentía y de agallas y, sobre todo, de una elevada conciencia política que les ha permitido estar con los oprimidos, con las víctimas de este régimen criminal.

El asesinato de Ángel Gahona, el robo de equipos, los golpes, las capturas, las amenazas e intimidaciones, sentir la presión de un fusil de guerra en la sien, nada de eso ha detenido a las y los periodistas que, a costa de su propia integridad física, cumplen con su trabajo de llevarle a la población la información sobre lo que está ocurriendo. Démonos un tremendo abrazo por este reconocimiento.

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