Resplandores de Abril I

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Construiremos el país que merecemos 

Por Guillermo Cortés Domínguez 

El pueblo nicaragüense no merece perder esta batalla contra la dictadura de Ortega, que es peor que la de Somoza, porque es más asesina y represiva, más cobarde, brutal, despiadada y cínica. No solo te mata, sino que te culpa de tu propia muerte. Se llena las manos de sangre y al mismo tiempo se las lava y nos incrimina. Hemos dado más de 300 muertos, de lo mejor de la patria, porque la mayoría han sido jóvenes, trabajadores y universitarios. Un pedazo luminoso de futuro arrebatado con extrema violencia.

Más de dos mil ciudadanos de ambos sexos han sido heridos y centenares desaparecidos de manera forzada, secuestrados, capturados y torturados. Cerca de 140 han sido criminalizados y judicializados. La cuota de sacrificio es altísima, el dolor y el sufrimiento son terribles, también la angustia y la incertidumbre.

Y pese a tanto martirio, a tanto golpe de hierro de la dictadura, el pueblo sigue en las calles en todo el país en una muestra de una desarrollada conciencia cívica, de convicción y de entereza. Somos una sociedad rebelde ante un régimen oprobioso, ilegítimo, desacreditado,  terrorífico y mafioso.

Somos un pueblo que aguanta las brutalidades y la ignominia con estoicismo y que no agacha la cabeza, sino que sale a mostrar su bandera, sus pancartas y su grito ¡QUE SE VAYAN! Un pueblo capaz de hacer esto es un pueblo lindo, vibrante, admirable, prodigioso. Qué orgullo el que siento. Se me engrandece el corazón. Qué pueblo más valiente. Así no se puede fallar aunque el dictador se aferre al poder. Un pueblo así no será derrotado jamás. Triunfaremos y seremos libres. Nunca permitiremos que nos vuelvan a poner la bota. Construiremos el país que merecemos.

¡Qué hermosas las marchas!

En medio de la insoportable adversidad que como un martirio nos impone la dictadura, hay satisfacciones, y una de las mayores la proporciona participar en una marcha multitudinaria como las que se dan casa semana, porque uno se siente bien, ya que es un baño de pueblo en el que estamos muchos, todas y todos en la misma sintonía, con el mismo objetivo, con muchas ganas y entusiasmo.

Nadie nos paga nadie nos obliga, vamos voluntariamente y de manera decidida y resuelta, porque queríamos adherirnos a la demanda de que liberen a los presos y presas políticos y también vamos por una razón más profunda, porque sabemos que uno suma y de uno en uno se hace un pucho y de pucho en pucho, todo un pueblo valiente de decenas de miles de ciudadanas y ciudadanos, ondeando banderas, mostrando sus pancartas y carteles, sosteniendo sus mantas y gritando sus consignas, entre ellas, la principal, ¡QUE SE VAYAN!

No es que si no vamos la marcha será más pequeña, es que si muchos piensan en no ir porque irán otros, ahí si nos fregamos, pero si todos o muchos consideramos que debemos ir para que la marcha sea grande, esta será más hermosa, hermosísima, como la de cada sábado o domingo. Qué alegría participar en una manifestación tan grande, tan activa, tan patriótica, tan justa, tan legítima. Siempre la vista es imponente, impresionante, se te para los pelos de ver el azul y blanco por doquier y tanta gente compacta ocupando los cuatro carriles de la vía.

No les gusta que marche el pueblo 

No les gusta a los Ortega-Murillo que por las calles marchen otros que no sean sus pocos seguidores que les han quedado, no lo toleran, les molesta, les irrita, es insoportable para ellos, por eso hoy capturaron a unos de treinta jóvenes, casi todos de la Coordinadora Universitaria por la Justicia y la Democracia (CUJD).

La mayoría ya están libres, pero amenazados. Ya no les basta con interponerse en las carreteras para que no pasen las caravanas azul y blanco o crear marchas paralelas u hostigar con sus antimotines. Están desesperados porque no han podido detener la movilización ciudadana aún asesinando a más de 300 personas.

Militancia orteguista con las manos llenas de sangre 

La militancia sandinista históricamente ha generado un fuerte sentimiento de pertenencia, de disciplina y de entrega a la acción política bajo banderas revolucionarias, por la redención de los oprimidos.

Ahora la militancia orteguista tiene las manos llenas de sangre, no responde a un proyecto revolucionario sino a los intereses de una familia, los Ortega-Murillo, quienes por mecanismos clientelistas y perversos se le han logrado encaramar a cientos de personas, quizá unos pocos miles, y hacen con ellos lo que quieren, incluso convertirlos en sicarios, en paramilitares que salieron en caravanas de camionetas Hilux a asesinar a la ciudadanía en resistencia pacífica ante el tirano.

Los militantes orteguistas defienden la corrupción, el nepotismo, el desmontaje institucional, la falta de libertad y democracia. Una pequeña parte de esa militancia, también fue militante de la verdadera causa sandinista, de la cual no quedan sombras ni cenizas.

Policía en contubernio con turbas orteguistas para agredir a obispo

Efectivos policiales detuvieron su camioneta. Bajaron obligados él y sus acompañantes. Qué "casualidad" que donde lo detuvieron estaba una furiosa turba orteguista que de inmediato comenzó a soltarle improperios, sobre todo le gritaban “asesino” y “terrorista”, es decir, lo que son ellos, pero que la fantástica y cínica narrativa oficial pretende imputarle a sus víctimas, a la ciudadanía en resistencia pacífica desde el 18 y 19 de abril.

Mientras insultaban al obispo Rolando Álvarez, los llamados policías –que más bien son sicarios de la familia Ortega-Murillo del mismo talante que los del Chapo Guzmán en México y los otros capos de la droga- permanecían impasibles, como que en sus propias caras no se estuviera produciendo una agresión contra una persona o contra alguien de la relevancia del Secretario de la Conferencia Episcopal de Nicaragua. La actitud de estos subordinados del régimen fue de indiferencia cómplice y de complacencia ante esta otra acción del orteguismo para intimidar a la iglesia Católica.

Conformar una concertación nacional contra la dictadura 

Generalmente la victoria siempre es precedida por la unidad. Aquí lo vivImos con las tendencias del Frente y luego con la Unión Nacional Opositora (UNO) que ganó las elecciones de 1990. La situación actual no es una excepción, requerimos de una Concertación Nacional contra la Dictadura de todas las fuerzas anti-orteguistas.

Los grupos que integran la denominada “Alianza Unida, Nicaragua Triunfa” o algo así, estarían inhibidos, también los partidos zancudos que con sus diputados asignados le hacen el juego a la familia Ortega-Murillo en la Asamblea Nacional. Se requiere una Concertación Nacional genuina que funcione como un espacio político de planificación y organización de la resistencia cívica pacífica donde todos sus integrantes conservan su identidad.

Una Concertación Nacional que sea la contraparte de la dictadura, nacional y la representación popular en el exterior. Urge crearla. Hay que poner manos a la obra con entusiasmo, sin sectarismo, con paciencia y tolerancia.

Darle voz a la dictadura en medio no oficialista 

Si el estimado Dr. Danilo Lacayo considera que invitar a su programa a Cairo Amador le da pluralidad y buena imagen a su programa y al Canal 12, pues respeto esa decisión. Él es un gallo viejo (lúcido y habilidoso) que sabe muy bien como lanzar su juego. Sin embargo, al darle voz a Cairo, le da voz a la dictadura, porque él la representa, si no fuera así, no lo hubieran integrado a la denominada “Comisión de la Verdad” nombrada en la orteguista Asamblea Nacional para distraer a la opinión pública sobre la verdad de la matanza que la familia Ortega-Murillo cometió contra el pueblo y de la represión que continúan ejerciendo.

Solo una Comisión de la Verdad formada en las Naciones Unidas, como recomienda el valioso, objetivo y profesional Informe de la Oacnudh, ejercería el papel de investigar, identificar a los asesinos y represores y elaborar expedientes para que los asesinos sean acusados y castigados. La Comisión donde está Cairo Amador, es la “Comisión de la Mentira”, hecha a la medida de las necesidades propagandísticas del régimen orteguista.

Jamás hubo tanta patria en un corazón 

Estaba haciendo limpieza en una habitación llena de cajas, papeles y libros y encontré un diploma del Frente, de 1989. Se utiliza a modo de lema la siguiente frase: “Jamás hubo tanta patria en un corazón”.

Veintinueve años después debo decir que es hoy, y no en 1989, que esa frase resulta cierta, porque actualmente la mayoría de los nicaragüenses llevamos la patria en nuestro corazón como quizá nunca antes en nuestra historia.

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