Prohibido olvidar el Pacto

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A cien días de la insurrección cívica que vive Nicaragua, no se puede olvidar el pacto de Daniel Ortega con Arnoldo Alemán en 1998, pese a sus contradicciones. Con este pacto, se dictaron las reformas constitucionales de 1999-2000, las cuales facilitaron el regreso de Daniel Ortega al poder público.

Con el pacto Ortega-Alemán, se redujo a 35% el porcentaje para ganar las elecciones nacionales en primera vuelta; antes un partido las lograba ganar con la mitad de los votos, más uno.

Además, con dicha transacción se repartieron entre los dos partidos los principales cargos de todas las instituciones del Estado y se garantizó la seguridad de las propiedades y empresas personales de los dirigentes del partido de gobierno.

No se puede olvidar que Ortega garantizó a Arnoldo Alemán la “gobernabilidad”: las huelgas y las luchas reivindicativas de maestros, trabajadores estatales, trabajadores del campo y del sector salud, sindicatos, finalizaron. El Frente Sandinista, otrora de izquierda, dejó de oponerse a las políticas neoliberales. Los principales dirigentes de dichas organizaciones (como la Asociación de Trabajadores del Campo, la Unión Nacional de Empleados, la Federación de Trabajadores de la Salud, la Central Sandinista de Trabajadores, la Asociación de Educadores de Nicaragua, el Frente Nacional de los Trabajadores, entre otros), se convirtieron en diputados en los años siguientes y se integraron en las estructuras del círculo de poder de Ortega y dejaron de resistir y de luchar, ha manifestado públicamente la historiadora y municipalista Mónica Baltodano.

Prohibido olvidar el abandono de las luchas populares, de las luchas reivindicativas, de las luchas ciudadanas, de quienes como dijo recientemente Pepe Mojica, “perdieron el sentido de la vida”.

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