Rose Ramos

Los dictadores ni dialogan ni cumplen

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De abuelas y abuelos aprendimos que la palabra vale oro. Seguramente muchas son las anécdotas que hacen referencia a que “antes los tratos y acuerdos se sellaban empeñando la palabra” y eso bastaba. Pensar en eso en la realidad partidaria de Nicaragua parece un sueño, porque aún firmando y jurando públicamente no se cumple. Imagínense si eso aplica a alguien que se mantiene en el poder… No en vano mucha gente dice “firmar me harás, cumplir jamás!

En innumerables discursos el régimen  Ortega- Murillo y sus allegados hablan de amor, de fortalecer la paz, la reconciliación y de más victorias, los epítetos han crecido en el último año. La ciudadanía en cambio desde abril de 2018, vive en medio de asesinatos, secuestros, encarcelamiento, robos, un verdadero estado de sitio. Nadie puede ejercer su derecho a manifestarse, sin que sea reprimido. Somos el único país del mundo en el que cantar el himno nacional y andar la bandera de la patria, son delitos que te puede llevar a varios años en la cárcel.

La última vez que obligaron a Ortega a sentarse en una mesa de diálogo llegó únicamente el primer día y se atrevió a decir, “que nos den la lista cuántos desaparecidos y prisioneros políticos… la policía es víctima”. Madelaine Caracas en su cara le leyó la lista de los estudiantes asesinados. Luego, mandó a sus subordinados hasta suspenderse en mayo de 2018, por su escaso interés en un verdadero diálogo.

En febrero de este año los intentos de diálogo el régimen lo convirtió en una mesa de negociación. Las condiciones para participar tampoco fueron cumplidas por el orteguismo, menos la promesa de liberar a todos las presas y presos políticos antes del  18 de junio de 2019, fecha acordada en dicha mesa. 86 personas permanecen encarceladas sin haber cometido delito alguno.

También dijeron que en Nicaragua todo está “normal”, cuando en realidad se registran más de 325 personas asesinadas desde abril de 2018, además de cometer crímenes de lesa humanidad.    

En su documental “180 grados, clave de la verdad”, acusan a gente inocente, un año después de lo sucedido. Pero rápidamente han sido opacados por miles de videos de la propia ciudadanía que los realizó justo en el momento que ocurrieron los hechos. En otro intento por contar -a su manera- lo que ha pasado en Nicaragua y justificar la represión, han producido otros documentales, bajo la marca de “izquierda visión”.

Millones de videos producirán, pero quienes tienen convicción de dictaduras, de creer que la verdad les asiste, seguirán mintiendo y no cumpliendo. No obstante, la ciudadanía ya ha establecido la ruta. 

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