Manos sanas para laborar a la empresa, no hay

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A diario se entierran dos, tres, el día que se enterró mi viejo se enterraron cuatro

Por Duyerling Ríos / duyerling@gmail.com

​Videos: Judit Abarca

 “Si le vas echar dos bidones al tanque, échale cuatro para que queme bien el monte. Pero nos quemaba la vida también a nosotros”. Estas palabras aún dan vueltas en la mente de Apolonio Molina castillo, quien trabajó como mecánico industrial más de treinta años en el Ingenio San Antonio y fue combatiente histórico. “Me tocaba mirar las máquinas que usan el veneno para regarlo en los cañales. Me robaron treinta años de servicio, solamente me dieron dos mil quinientos pesos, me mandaron a la calle, tas corrido, pero no tenés pago”, afirma que le dijeron.

 

Aparece en la constancia de despido otorgada a Molina Castillo, que inició subsidio por enfermedad común en agosto 2001 y se mantuvo en planilla hasta octubre del mismo año, cuando fue despedido por incapacidad. “Imagínese, ninguna medida de protección, expuestos a insecticidas como Rango, Cloragen, 2.4-D. Había un ingeniero de apellido Palma, un viejano, que él decía, si le vas echar dos bidones al tanque, echale cuatro para que queme bien el monte. Pero nos quemaba la vida también a nosotros”, recuerda.

Emilio Molina, hijo de Apolonio, trabajó en la misma área que su padre. Logró graduarse de abogado y empezó a asesorar la lucha. Hoy está preso. “Le inventaron delitos, trabajadores del ingenio, lo tienen preso año y medio en la policía, no lo mandan ni al sistema y el hombre tiene creatinina, tiene cuatro puntos, no lo quieren sacar porque dicen que es un peligro para Pellas. Le ofrecieron riales, 75 mil dólares y él dijo prefiero morir, pero no agarrar ni un peso” comenta Apolonio.

Apolonio Molina Castillo, junto con 60 personas más, pertenecen a la Asociación Nicaragüense Afectados y Amigos de Personas con Insuficiencia Renal Crónica (ASNAAPIRC). Desde el pasado 1° de diciembre iniciaron una caminata desde el municipio de Chichigalpa hacia Managua, para demandar se declare zona de emergencia sanitaria el municipio de Chichigalpa y una indemnización justa. 

Estela Rivas tiene 69 años. Carga la única foto que tiene de su marido, José del Carmen Silva, fallecido en 2008, después de 30 años de trabajar cortando caña, en el Ingenio de San Antonio. Estela tiene un hijo y tres hermanos con la misma enfermedad, Insuficiencia Renal Crónica. Ha caminado nueve días, cuento veinte kilómetros, desde su natal Chichigalpa a Managua. Con las pocas energías que le quedan, nos regala una sonrisa y nos cuenta: “Recibo una pensión de 1,800 córdobas al mes. Diez mil muertos, si a diario se entierran dos, se entierran tres, el día que se enterró mi viejo se enterraron cuatro”.

María cano, perdió a su esposo hace ocho años. Ahora es padre y madre de dos hijos. Trabaja todo el día bajo el sol, sembrando caña en el ingenio San Antonio. Le pagan el surco a cuarenta y cinco córdobas. “No me ajusta la pensión, tengo que trabajar, únicamente que siempre las aguas contaminadas, tenemos que caminar nuestra agua y tener cuidado, arriesgando a percibir la misma enfermedad, la necesidad me hace trabajar ahí porque no cuento con ser una mujer preparada para trabajar en otro lado y no hay donde”.

En Chichigalpa somos cincuenta mil habitantes; y manos sanas para laborarle a la empresa no hay, porque todos están enfermos y las personas que van entrando son los niños de dieciséis, diecisiete años ya para dieciocho, que entran a la empresa, le laboran una zafra, dos zafras y ya salen con la enfermedad, eso es lo que está pasando”, explica Mariela Molina Peña, líder de la Asociación Nicaragüense Afectados y Amigos de Personas con Insuficiencia Renal Crónica (ASNAAPIRC).

Agrega Mariela, que están utilizando mano de obra femenina, de adolescentes y de jóvenes. “Andan mujeres trabajando con su número propio cortando caña. Mujeres y niños están con creatinina en un lugar que se llama Candelaria. Ahorita que comenzó la zafra en el Ingenio San Antonio salieron 300 afectados, con edades menores a los treinta años”.

Su seudónimo es Orlando. Exmilitante del Frente Sandinista. Camisa blanca colorida, característica del partido de gobierno. “La palabra que él decía capitalismo salvaje, ahora es él. Ando la camisa para que la miren, porque a mí me costó la lucha, yo anduve 17 años en la guerra. Aquí hubo una reunión con el SILAIS (…) le dijeron a la señora Murillo que se estaban muriendo la gente en Chichigalpa qué podían hacer y dijo ella que no quería saber nada, eso es duro para nosotros”.

A eso de las ocho de la mañana de hoy, nueve de noviembre, integrantes de ASNAAPIRC llegaron a las instalaciones de la Asamblea Nacional de Nicaragua. Fueron recibidos por el las y los diputados del Movimiento Renovador Sandinista (MRS) y del Partido Liberal Independiente (PLI). El diputado Alberto Lacayo Arguello, presidente de la Comisión de Asuntos Laborales y Gremiales de ese poder del Estado, remitió carta a Álvaro Bermúdez, director administrativo y representante legal del Ingenio San Antonio, solicitando su intervención en la demanda de ASNAAPIRC.

¿Una carta más resolverá exigencias de años de las personas enfermas de Insuficiencia Renal Crónica y de sus familiares? ¿Dónde quedarán las demandas de ASNAAPIRC a los Ministerios del Trabajo y de Salud, a la misma Asamblea Nacional?

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