Rose Ramos

Nicaragua; transiciones que buscan la borradura de la memoria

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Nicaragua es un país que pocos periodos ha vivido en “paz”, la mayor parte de su historia como república ha estado marcada por intensos periodos de violencia, de manera que, lo que en el mundo y particularmente en el sur de América se conoce como periodo de “justicia transicional”, para este país centroamericano ha sido el cambio de un estado a otro, pero donde no necesariamente los resultados van de la mano con nuevas sociedades. Creo que las transiciones del pasado y las que nos vienen, deben ser revisadas críticamente, en ese sentido me sumo al planteamiento del antropólogo Alejandro Castillejo cuando plantea que las transiciones como promesas de nuevas sociedades imaginadas encarnan modelos globales de gobernabilidad neoliberal, que deben observarse también a través de una dialéctica entre la fractura y la continuidad de diversos modos de violencia (Castillejo, 2017).

Busco con este texto, poner sobre la mesa de reflexión como nuestras transiciones sin justicia han buscado la borradura del “otro”, generando nuevos ciclos de violencia en nuestra sociedad.

La intervención de Estados Unidos y la creación de Sandino como bandolero

Sandino, organizó un ejército para enfrentar a los nacionales que privilegiaban las políticas intervencionistas de Estados Unidos (EE.UU), liberó una batalla entre su ejército y soldados de EE.UU (1926). El gobierno del norte creó, entrenó y financió lo que sería la Guardia Nacional y puso al frente de la misma al general Anastasio Somoza García, quien, a traición, ordenó asesinar a Sandino (1934).

Con Sandino muerto, Somoza García se convierte en el primero de su dinastía. El periodo gobernado por la familia Somoza data desde el año 1937 hasta 1979, inició con Anastasio Somoza García, le siguieron en el poder sus hijos Luis Somoza Debayle y Anastasio Somoza Debayle. La dictadura de los Somoza, creo una campaña de desprestigio contra la figura de Sandino, haciéndolo parecer como “un bandolero”, así lo afirma Anastasio Somoza en su libro “El verdadero Sandino o el Calvario de las Segovias” (1936). En este sentido se observa una intencionada forma de borrar la memoria de la lucha de resistencia de Sandino y de quienes conformaban su ejército de liberación, a través de la creación de un discurso político que transformaba la resistencia en delincuencia.

Borrar la memoria ha sido una estrategia para sostener la cultura política predominante en el sistema político nicaragüense: ¿Qué es la lucha de los nicaragüenses en su resistencia ante la invasión de Estados Unidos, sin la figura y memoria de la lucha de Sandino? ¿Si Sandino quedaba registrado con la imagen de “bandolero”, implicaba que su ejército y por tanto su lucha era un delito?

De dictadura a Revolución, la creación de Sandino como héroe

En 1961 se fundó el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), creado como una organización política-militar de izquierda por Carlos Fonseca Amador, Santos López, Tomás Borge, Silvio Mayorga y Germán Pomares Ordóñez (FSLN, 1972), fue una organización que rescató el discurso de Sandino, y que se fundaba en el concepto de ser anti-capitalista y anti-imperialista. Lo que se conoce como “el pensamiento de Sandino” es el trabajo posterior que diversos intelectuales lograron armar a partir de cartas, comunicados y pronunciamientos que se lograron rescatar, el FSLN mediante el uso de las armas llegó al poder en julio de 1979.

Con el FSLN en el poder se rescató la figura de Sandino, pasó de ser la de un bandolero a ser nombrado como héroe nacional. La Junta de Gobierno, y el gobierno Sandinista, destacaron los símbolos, los colores y construyeron toda una estética de Sandino como revolucionario, héroe, libertador. Los libros sobre Sandino pasaron de la clandestinidad a ser reproducidos por las imprentas del Estado.

La existencia de la contrarrevolución; la construcción de un villano

Para la década de los 80, surgieron nuevos personajes considerados como bandoleros o enemigos del pueblo; particularmente el Ejército de Resistencia Nicaragüense, conocido dentro del mundo revolucionario como los contrarrevolucionarios o Contras.

En los años ochenta, tanto la ideología como el modelo de economía propuesto por el FSLN se vieron trastocados, esto ocurrió, en gran medida por la nueva intervención de los EE.UU, la cual generó una guerra interna y un bloqueo económico al país, limitando los vínculos con el exterior, pero también la revolución misma se vio trastocada por contradicciones internas.

Si bien es innegable que la contrarrevolución fue financiada por el gobierno de EE.UU. lo que en este periodo se borró u omitió fueron las razones de por qué grupos nicaragüenses habían entrado en profundas diferencias con el liderazgo del FSLN.

En este periodo se pretendió borrar las razones, narrativas y memorias de miskitos y campesinos, estos se convirtieron mediáticamente en un enemigo llamado “Contra”, la creación de este enemigo creaba por oposición al héroe (el revolucionario), en todo caso, diferentes ejercicios antropológicos han narrado que de ambos bandos la guerra operaba igual: morir, matar, sobrevivir, violar, arrasar, de ambos lados había crímenes contra la población civil.  Esta guerra civil-nuestra guerra-, dejó a más de 57,000 víctimas directas, de ellas, 29,000 fueron contabilizadas como personas muertas (Agudelo, 2017).

De revolución a la democracia; la paz por decreto y la estigmatización de los revolucionarios

La guerra concluyó en 1990, como parte de los esfuerzos de acuerdos de paz en Centroamérica, pero no podemos obviar que en gran medida fue gracias al acuerdo entre el FSLN y la Unión Nacional de Opositores (UNO), con el acompañamiento de la OEA, de la ONU; y el ex-presidente de los Estados Unidos James Carter, este acuerdo concluyó en lo que conocemos como “Protocolo para la Transferencia del Mando Presidencial del Gobierno de la República de Nicaragua”, este acuerdo permitió desmovilizar a la Contra, la suspensión indefinida del servicio militar obligatorio y supeditar el Ejército al poder civil. (Cajina, 2008).

En el proceso electoral como proceso legítimo de transición a la democracia, resultó electa presidenta, la señora Violeta Barrios, como parte de la UNO, los tres gobiernos neoliberales (Barrios, Alemán, Bolaños), mostraron hostilidad hacia la memoria de quienes habían participado en la revolución y nuevamente la figura de Sandino fue colocada en un segundo plano, pues traía consigo la memoria de la guerra.

Los y las revolucionarios y sus hijos, fueron llamados revoltosos, problemáticos, conflictivos. En este periodo se intentó anular los conflictos no resueltos del pasado reciente, se instaló la política del silencio y se pretendió continuar sin justicia transicional en aras de la paz y la democracia.

Los intelectuales de las ciencias sociales que provenían de la izquierda en este periodo elaboraron investigaciones sobre la vida, proyecto y narrativas de la revolución (y por tanto de los revolucionarios), sin embargo, se hicieron muy pocos estudios para conocer la visión o voces de quienes participaron en el Ejército de Resistencia Nicaragüense o de quienes de forma colateral se vieron afectados por la guerra civil, fue hasta el año 2015 cuando empiezan a circular investigaciones sobre estas memorias subalternas: Recompas, Recontras, Revueltos y Rearmados de Verónica Rueda Estrada (2015), Crónica sobre una guerrilla de Gilles Bataillon (2015) y Contramemorias de Irene Agudelo (2017).

Un nuevo FSLN que borra y niega su propia memoria

El FSLN fue oposición hasta el año 2006, llegó nuevamente al poder gracias a las mutaciones que tuvo que hacer internamente (Puig, 2009), desde que el FSLN perdió el poder en el año 1990 y hasta la fecha, ha sido fuertemente cuestionado por diferentes motivos, principalmente: La repartición de bienes del Estado en el año 1990; la denuncia por violación que hizo Zoilamérica Narváez contra Daniel Ortega; el pacto de 1998 entre FSLN y los Liberales, que modificó la Constitución Política y que posibilitó el retorno del Frente Sandinista; la penalización del aborto terapéutico y con ello la persecución en contra del movimiento feminista; la creación de agendas legislativas de la mano con el gran capital; la concesión canalera a una empresa China, con la que despojarían de sus tierras a miles de campesinos; el acomodo jurídico de leyes municipales a fin de supeditarlas a los lineamientos del FSLN; el hecho de que Daniel Ortega violentara la constitución política para hacer vicepresidenta a su esposa, Rosario Murillo; el desmantelamiento de la independencia de los cuatro poderes del Estado y el control absoluto de las cadenas de mando, tanto de la Policía Nacional como del Ejército.

La organización interna del partido, sus discursos, sus políticas públicas y sus símbolos han mutado al punto de negar a quienes hicieron posible la revolución, en cambio han creado nuevas versiones de la historia acompañados de nuevos símbolos. El Frente Sandinista en este periodo creó una memoria que evade su propio pasado, la socióloga Yerling Aguilera encuentra que “[…] Es una memoria que evade el conflicto y las contradicciones de los procesos históricos, resultando útil para la consolidación de proyecto político del Gobierno de turno.” (Aguilera).  Un claro ejemplo de este proceso borradura en su propia memoria, es el cambio en sus símbolos históricos:

Este cartel es parte de la producción gráfica que realizó el Departamento de Propaganda y Educación Política (DEPED), en 1982. El cartel rescata tres elementos: Su línea grafica es el rojo y negro como colores centrales, colores mismos de la bandera Sandinista, la figura de Sandino reforzada por su icónico sombrero y de fondo notas musicales que anuncian la puesta en escena de dos iconos de la música revolucionaria nicaragüense. En este afiche se encuentran tres símbolos: Sandino, bandera y arte.

 

Este afiche surge en la campaña del FSLN en el año 2006, su autora es Rosario Murillo, creadora de la maquinaria gráfica que distingue al FSLN a partir de la campaña del año 2006, responde al objetivo estratégico del FSLN de colocar a “los jóvenes en un primerísimo lugar para el FSLN” según se constata en la estrategia política 2002-2006. Su línea gráfica es el rosado fucsia, la figura de Sandino ya aparece en segundo plano y el fondo suele ser blanco. La imagen del sol, representa una frase famosa de Sandino ¡hasta el sol de la victoria”, sin embargo, la nueva línea gráfica imposibilita en las nuevas generaciones el reconocimiento histórico del elemento visual, y sin embargo por el uso de colores el actal FSLN lo considera más atractivo su consumo por jóvenes.

Reflexiones de cierre sobre el pasado revisado

Como he dicho en la parte inicial, los distintos pasados violentos que se ha vivido en Nicaragua han tenido como proceso de transición la política del “olvido y el silencio”, como mecanismo para avanzar hacia –pequeños-periodos de paz, una paz que se ve interrumpida justamente cuando ese pasado no resuelto, no dialogado, no reconocido vuelve a ser un presente.

A Nicaragua la persigue la imagen de la última revolución que iluminó a América Latina, pero, para los nicaragüenses esta idea romántica debe ser reflexionada de forma crítica, asumiendo el balance de aciertos y errores que el mismo proceso tuvo, los errores lejos de nombrarse como elementos poéticos, deben ser duramente cuestionados como procesos de justicia.

Es necesario que a la luz de los crímenes de lesa humanidad cometidos por el FSLN desde el año 2018 y hasta la fecha (abril del 2020), Nicaragua piense un proceso de transición de ese pasado largo, agotador y sangriento que le ha tocado vivir desde el siglo pasado. Un proceso de transición que hable de las múltiples verdades, victimas, violencias. Aquí yo retomo una pregunta de Alejandro Castillejo “[...] ¿hasta qué punto podemos leer la historia de las transiciones en América Latina (…) no solo como procesos de democratización necesarios (…) sino a la vez como continuidades de otras formas de violencia estructural?” (Castillejo, 2017), a mí también me surge esta pregunta, creo necesario incluir como concepto de transición política el “dejar de negar al otro”, debemos asumir la propia historia vivida y encarar el presente con la certeza de que es un presente que duele pero que es necesario nombrarlo emotiva y judicialmente para posibilitar futuros.

Textos consultados

Agudelo, Irene. (2017). Contramemorias. Discursos e imágenes sobre/desde La Contra, Nicaragua 1979-1989. Managua: IHNCA.

Aguilera, Yerling. M. (s.f.). Tesis- Transmisión de las memorias oficiales de la Revolución Sandinista nicaragüense desde el sistema de educación secundaria (Nicaragua, 2008-2015). Universidad de Valladolid.

Cajina, R. (2008). Nicaragua, transición política, democracia y reconversión del sector Defensa. La administración de la defensa en América Latina, 293-303.

Castillejo, A. (2017). Dialécticas de la fractura y la continuidad: elementos para una lectura crítica de las transiciones. En A. C. Cuéllar, La ilusión de la justicia transicional. Colombia.

FSLN. (1972). Programa Histórico.

Puig, S. M. (2009). Mutaciones orgánicas, adaptación y desintitucionalización partidaria. Revista de Estudios Políticos (nueva época), 101-128.

 

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