Universidades públicas nicaragüenses vigilan y reprimen

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El régimen de Daniel Ortega expulsó a la disidencia de las universidades públicas y ha recurrido a mecanismos de vigilancia y represión para hacerse con el control de las universidades públicas.    

En la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN), sede Managua, no podés estudiar ni expresarte libremente. Para ingresar a la universidad, el personal de vigilancia pide el carné y confirma que corresponda a la persona portadora, cuenta Juan, a quien le llamaremos así para preservar su identidad. Para un mayor control, cambiaron el antiguo carné por uno con lector de huella digital. No pueden llegar todos los días, únicamente el que le corresponde a cada facultad, incluso para ir a la biblioteca, agrega Juan. Tampoco se pueden juntar en grupos grandes ya que siempre están bajo la vigilancia de los CPF, docentes y de otros estudiantes afines al régimen Ortega-Murillo.

Estudiar hoy en día en la UNAN-Managua, implica hacerlo bajo un ambiente tenso y de vigilancia permanente. Esa es la realidad que tiene que vivir Juan y decenas de jóvenes que, por no perder su carrera, se han visto obligados a guardar silencio y continuar la universidad en esas condiciones. 

Por mandato constitucional las universidades públicas nicaragüenses deben gozar de autonomía académica, financiera, orgánica y administrativa. Pero en la práctica, la autonomía universitaria ha sido copada por el partido gobernante (FSLN), a través de la colocación de sus militantes en los puestos de mayor jerarquía como el rectorado y el decanato-. Además, de la imposición de la Unión Nacional de Estudiantes de Nicaragua (UNEN), una organización gremial a fin al FSLN que ha monopolizado la representación estudiantil.

En su informe en relación a la crisis sociopolítica de Nicaragua, el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) señala que el ámbito político universitario también se encuentra fuertemente controlado por el oficialismo y prácticamente no hay espacio para otros sectores políticos. El GIEI advirtió de una crisis de representatividad de la UNEN respecto del estudiantado que ameritó, incluso, un intento de elecciones anticipadas; sumado a serios cuestionamientos respecto del uso de los recursos presupuestarios que la organización administra, en referencia al 6%. El informe añade que, el control oficialista del ámbito universitario se logra también, mediante la venta de cargos a cambio de favores políticos; la falta de relevo en cargos temporales y fraudes electorales universitarios y, la persecución política contra los académicos que no comulgan con los intereses del partido gobernante.

Para el GIEI, el cierre de espacios políticos dentro de la Universidad y dentro del movimiento estudiantil, en particular, fue uno de los detonantes de la masividad de las protestas iniciadas en abril de 2018 y de la participación de estudiantes en ellas.

En efecto, para quienes conocen o han sido parte de la historia universitaria de Nicaragua en los último 50 años, era inimaginable que el estudiantado universitario pudiese desafiar al régimen Ortega–Murillo y atrincherase en las principales universidades públicas del país y verlos al frente de las protestas demandando justicia, libertad y reivindicando la autonomía universitaria.

En abril emergieron diversos grupos universitarios en todo el país, acabando con la hegemonía de la UNEN, al punto que, se ganaron en espacio de representación en el Diálogo Nacional a través de la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia y han estado presente en las propuestas de cambio del país. La UNAN Managua y la UNAN - León, una vez más en la historia, volvieron a ser semilleros de lucha y organización universitaria donde emergieron otros liderazgos.

“Por una universidad que te enseñe a pensar y no a obedecer”, era uno de los mensajes que se podían leer en mantas portadas por universitarias y universitarios durante las marchas cívicas. Un mensaje esperanzador para la autonomía universitaria.

La respuesta del gobierno a este levantamiento interno dentro de las universidades fue la represión. El 13 de julio de 2018, la policía y paramilitares ejecutaron la operación limpieza en la UNAN-Managua. Las y los estudiantes que estaban atrincherados desde el 07 de mayo, fueron desalojados violentamente, a pesar de que ya habían iniciado las negociaciones para la entrega ordenada de la UANAN – Managua.

En el operativo, las fuerzas paraestatales y la policía nacional, utilizaron armas de guerra. Las y los estudiantes se refugiaron en la iglesia Divina Misericordia, pero eso no les valió que siguiesen siendo víctimas de la represión. El ataque a la iglesia culminó 19 horas después, la mañana del 14 de julio, con saldos letales: Los jóvenes José Flores y Gerald Vázquez, fueron asesinados; además, se reportaron varios heridos y la quema deliberada de instalaciones de la universidad. Quienes sobrevivieron a esa noche de terror aun presentan secuelas psicológicas y emocionales.

“ ... ha afectado de manera muy emocional por la pérdida de algunos compañeros que estuvieron atrincherados y que fueron asesinados por el régimen. Eso a uno le toca; de manera psicológica te afecta, llegar a la universidad y ver tanta publicidad política. Entras y lo primero que mirás es la bandera del Frente, junto a la bandera de Nicaragua y a la de la UNAN...”  Estudiante de Managua.

Los datos del CNU muestran que el acceso a la educación superior pública en Nicaragua se ha expandido a todo el país y la oferta de educación privada es notoria; sin embargo, persisten problemas estructurales para mejorar la calidad de la enseñanza y la autonomía universitaria continúa supeditada a los tentáculos del partido de gobierno.

El régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo expulsó a la disidencia estudiantil y los liderazgos públicos y visibles para retomar el control de las universidades. Con esta acción manifiestan que no están en disposición de asumir el riesgo que implica la fuerza del estudiantado universitario crítico, organizado, informado, consciente y determinado a continuar luchando por sus derechos. Para lograr el control han tomado medidas extremas de sometimiento, que violentan los principios básicos de la ley 89: “Ley de Autonomía de las Instituciones de Educación Superior”, aprobada por la Asamblea Nacional y publicada el 5 de abril de 1990.

La represión en las universidades contra quienes participaron en las protestas ha incluido, despidos de docentes de reconocido prestigio y personal administrativo.  El caso más emblemático en la UNAN-León fue el despido del abogado constitucionalista y profesor de dicha universidad, Gabriel Álvarez, separado de su cargo el 05 de junio del 2018, sin mencionar a las y los docentes de la facultad de Medicina de esa misma universidad. Otro de los catedráticos universitarios despedidos fue el profesor Ricardo Baltodano, quien fue preso político del régimen Ortega-Murillo. Fidel Ernesto Narváez, profesor de Derecho Constitucional, fue obligado a exiliarse. En la UNAN- Managua Freddy Quezada profesor de la facultad de Humanidades y Ciencias Jurídicas fue separado de su cargo el 30 de julio del 2018, junto a otros docentes y administrativos de esa misma universidad.

Las expulsiones arbitrarias, la persecución y el asedio a líderes estudiantiles que en muchos casos les obligaron al exilio político, privación de libertad con violaciones a sus derechos humanos e incluso asesinatos, son parte de las consecuencias que ha tenido que padecer la comunidad universitaria por haber tomado parte en la rebelión ciudadana de abril.

El 28 mayo de 2018, Erika Guevara-Rosas, Directora para las Américas de Amnistía Internacional, fue testigo y pudo documentar en una transmisión en vivo desde su cuenta de Facebook, un ataques hacia estudiantes y en el sector de la UCA, que luego se volvieron contra el campus mismo por grupos paraestatales y luego por policías antimotines.

Las y los estudiantes que integran las organizaciones emergentes que conforman la Coordinadora Universitaria por la Democracia y la Justicia (CUDJ) han estado realizando un esfuerzo conjunto para documentar las violaciones a los derechos humanos y educativos a las y los estudiantes universitarios en Nicaragua entre 2018 y 2019, explicó Ariel Sotelo, estudiante de Comunicación de la UNAN-León e integrante del Movimiento 19 de Abril de esa misma ciudad. Este esfuerzo les permite tener datos aproximados de la situación de la comunidad universitaria para visibilizar los efectos de la crisis en este sector.

Dos meses después del último desalojo, entre finales de septiembre y el mes de octubre de 2018, las autoridades universitarias llamaron a retomar las clases y la normalidad en los recintos de todo el país. Una parte de estudiantes se resistieron a volver a las aulas manifestando que estaban manchadas con la sangre de sus compañeros y del pueblo. Otra parte, no lo hizo en solidaridad con sus compañeras y compañeros presos y exiliados políticos. También hubo quienes intentaron hacerlo y no les fue permitido por amenazas directas y el riesgo para su integridad física y su libertad, así lo denunciaron líderes estudiantiles en medios de comunicación y las y los estudiantes consultados para este reportaje.

De acuerdo con los testimonios recabados para esta investigación, una buena parte de quienes retornaron al campus no lo hicieron por simpatía con el régimen  sino por necesidad. Entre quienes retornaron a los campus, hay un número considerable de estudiantes que simpatizan con el régimen, así como personal administrativo y docentes que sustituyeron a quienes fueron despedidos. Pero no hay datos conocidos para afirmar que sean mayoría o que todas las personas que permanecen actualmente en las universidades militen en el partido gobierno. Una cantidad indeterminada de estudiantes y personal que regresaron a las universidades no tuvieron otra opción ante la quebrantada situación económica del país y la falta de opciones, en muchos casos se trata de personas que son sostén único o principal de sus familias. Entre el estudiantado también han pesado las presiones familiares y la falta de poder de decisión.

“En León es lo que me han contado mis maestros, los que me estaban formando, de alguna manera: - Sí yo dejo el empleo pierdo, no tengo como subsistir con mi familia, soy el único apoyo de mi familia económicamente y moralmente, entonces no puedo renunciar a la universidad; aunque ustedes saben que yo estoy a favor de ustedes. Entonces, no sólo los empleados de las universidades no todos son orteguistas, por así decirlo”   Estudiante de la UNAN-León

Las personas entrevistadas coinciden en asegurar que al final de un lado y del otro, permanecer en las universidades implica bregar con la permanente demostración de lealtad y obediencia, absoluto control y coerción impuesta por el régimen a la comunidad universitaria en los principales recintos. No obstante, el descontento en las universidades, no hecho público, puede convertirse en otra rebelión interna.

El deterioro de la calidad de la educación superior, las denuncias de corrupción y manejo discrecional del 6% del Presupuesto General de la República asignado constitucionalmente a las universidades, son otras de las inconformidades persistentes.

“Entonces se hacían ahí las reuniones generalmente los miércoles y eran de gente del partido y lo sabíamos primero por las Hilux parqueadas en todo el perímetro de la universidad y segundo, porque la mayoría de ellas andaban banderas y esas cosas. Pero pues, yo nunca escuche a nadie quejarse de eso, pues porque como decían que era una universidad pública pues ni modo. Sí no sabíamos de que tipo del partido, porque pues  obviamente cerraban toda la biblioteca y a veces hasta el perímetro cuando se daban esas reuniones...”. Lyris, estudiante de Managua

Focos de rebelión persisten ante la represión. Las y los estudiantes continúan una lucha incontenible por recuperar la autonomía de las universidades, justicia y libertad para el país. En las últimas semanas de noviembre 2019, estudiantes activos de la Universidad Nacional Agraria (UNA), dieron una muestra de esto, al expulsar de su recinto a representantes de la UNEN para impedir que consumaran los resultados de las elecciones estudiantiles fraudulentas. Las represalias de las autoridades académicas no se hicieron esperar. Al menos a 40 estudiantes, las autoridades universitarias les retiraron derechos de matrícula y les suspendieron becas por un año.

Una de las estudiantes de esta universidad ha publicado en sus redes sociales, un estado personal que es refleja el sentir colectivo de cientos de jóvenes:

En múltiples comunicados y espacios nacionales e internacionales los movimientos estudiantiles emergentes han denunciado que, para la comunidad universitaria en Nicaragua, el Consejo Universitario de la Universidad Nacional (CUUN) en León y Unión Nacional de Estudiantes Nicaragüenses (UNEN) en el resto del país, son ilegítimos por ser violadores de los derechos estudiantiles, además por ser cómplices y coparticipes de la represión vivida en Nicaragua antes, durante y después del 18 de abril.

"Las organizaciones estudiantiles pro gobierno son quienes dicen que van a  apoyar a los estudiantes en lo que necesiten y en realidad a lo que se dedican es a hacer fiestas cada jueves, se dedican a  gastarse los bonos alimenticios y de becas que llegan a la universidad. Esas fiestas las organiza UNEN... Estoy en una sección donde hay pensamientos distintos. Hay quienes apoyan al gobierno, y hay quienes siempre estamos defendiendo la lucha pero es algo terrible. Desde que volvimos a clase en octubre pasado, tenemos un CPF por cada pabellón, no te pueden ver en ¨tumulto¨... Recuerdo que el año pasado estábamos en una sección celebrando un cumpleaños, explotamos varias popas y nos llegaron a sacar por haber explotado popas, pensaron que eran morteros. Es terrible y aparte tenés que tener cuidado con algunos profesores porque te imponen su pensamiento hablando del ¨buen gobierno¨. Estudiante de Managua

Las y los jóvenes tanto de Managua como de otras ciudades coinciden en el tipo de experiencias respecto a las expresiones de control cada vez más comunes en las universidades del país

"En la UNAN-León, hace unos meses un grupo de chavalos de Medicina comenzó a cantar el himno en una de las entradas y de inmediato pues, uno de los muchachos fue acosado, llegaron notas a su familia y las medidas para intimidar a cada uno de los manifestantes, pues siguen constantes de cada una de las universidades, han tratado de aplastar prácticamente la opinión o la libertada de expresión de los estudiantes, sin embargo se murmura a voces dentro de las universidades lo que está pasando, de tal forma que no los escuche el CUUN en este caso; que es el órgano el brazo político del Frente Sandinista en la Universidad. Y tener conversaciones secretas con los chavalos, los chavalos siguen organizándose". Estudiante UNAN- León

Abril volvió a poner en agenda pública a la Autonomía Universitaria y reavivó la conciencia y el compromiso con el pensamiento crítico y el desarrollo del país, con una Nicaragua que en medio del terror y el dolor lucha por reinventarse desde la razón, el respeto y aprecio por la diversidad, así lo reflejan las reflexiones de las y los jóvenes que hicieron posible este reportaje:


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