Una educación de calidad enseña a pensar, decidir y aprender a lo largo de la vida
Miriam Fabiola Peralta de Kurzen / Flickr

Cómo ve el régimen la educación en Nicaragua

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Luis Almagro, Secretario General de la Organización de Estados Americanos, dijo hace el pasado mes de junio en una entrevista a un medio colombiano, que el gobierno de Nicaragua se “diferenciaba del de Venezuela” porque, entre otras cosas, “atendía la educación”. Ante esta afirmación vale la pena preguntarnos cómo ve el régimen en Nicaragua el tema de la educación.

Durante su instalación en 2007, Daniel Ortega aseguró que su gobierno dirigiría esfuerzos en “la restitución del derecho a una educación gratuita y de calidad. En aquel entonces, según informes del Ministerio de Educación, habría una explosión de la matrícula en todos los niveles, debido a la gratuidad. 

Los datos oficiales arrojaron que entre 1997 y 2006 la matrícula de Preescolar creció en un 58%. Mientras que entre 2006 y 2017, la matrícula únicamente creció en un 35%. Asimismo, en Primaria, entre 1997 y 2006 la matrícula creció en un 24% pasando de 777,917 estudiantes en 1997 a 966,206 en 2006. Mientras que entre 2006 y 2017 hubo un decrecimiento del 7% pasando a contar con 902,565 estudiantes matriculados. En Secundaria: Entre 1997 y 2006 la matrícula creció en un 59%, pasando de 268,438 estudiantes en 1996 a 425,718 en 2006. En 2017, a diez años de gobierno Ortega, la matrícula alcanzó 514,186 estudiantes con un incremento de 14% en todo el período.

La tasa neta de escolaridad en el segundo ciclo de este nivel educativo, no llegó al 50%. Los datos oficiales indican que la mitad de los jóvenes de esta edad no están atendiendo su formación.

Entonces, habiendo conocido los datos se puede analizar que la supuesta “explosión de la matrícula” no sucedió en ninguno de los subsistemas educativos. Por otra parte, la información sobre el número de escuelas existentes reporta la misma situación. El incremento que mayor en el período 1997-2006. También es similar la cantidad de docentes existentes en el país.

Una educación de calidad enseña a pensar, decidir y aprender a lo largo de la vida. La calidad es una categoría compleja y cambiante que abarca el desarrollo de conocimientos, habilidades, actitudes, inteligencia emocional, valores de convivencia social y para el ejercicio de la ciudadanía. En este siglo, además, son esenciales las habilidades para analizar de manera crítica la realidad, usar herramientas informáticas y conocer otras culturas e idiomas.

El acceso sin calidad educativa equivale a otorgar un derecho a medias. No basta con que los niños y niñas vayan a la escuela, es necesario asegurarse que aprenderán lo necesario para aprovechar su enorme potencial como seres humanos inteligentes.

Como país podemos aprovechar o desperdiciar el bono demográfico. Aceptar que la educación que reciban la inmensa mayoría de niños, niñas, adolescentes y jóvenes de Nicaragua que van a la educación pública, sea de mala calidad le costará mucho a este país, nos hará más pobres y profundizará aún más la falta de equidad que existe en nuestra sociedad” (CIASES, 2008).

Desgraciadamente, lo que vemos hoy es el resultado de políticas educativas cuya finalidad única ha sido la repetición del discurso y la “verdad” oficial, la destrucción de todo espíritu crítico y la afirmación en niñas, niños y adolescentes, de una condición de súbditos de un régimen dinástico y no de ciudadanos para una sociedad democrática.

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