Un pueblo en erupción

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Guillermo Cortés Domínguez

Especial para Onda Local.- ¿Cuántas decenas de miles de personas participaron en la marcha de hoy “Juntos somos un volcán”? No sé, pero cuando decenas de miles salen a la calle, cualquier gobierno debe tomar nota, sobre todo si quienes marcharon pacíficamente –ateniéndonos a la tipificación del canciller Denis Moncada Colindres--, son “terroristas” y “golpistas”. Hubo erupción.

Avanzaban jóvenes vestidos de negro, la mayoría mujeres, llevando 22 cruces de madera, cada una rotulada con un nombre, un amigo, un hermano  o novio. Jamás olvidarán sus muertos, que son de todos los nicaragüenses. Otra manta tenía fotografías de 63 jóvenes y pobladores asesinados. Una pancarta muestra el perfil de Daniel Ortega y el texto: ¡Se busca! Asesino.

En una larga manta negra aparecen en blanco decenas de nombres de jóvenes caídos y la palabra ¡Presente! La canción “Que vivan los estudiantes” sale de un destartalado vehículo con equipo de sonido, y es cantada con entusiasmo. “No eran delincuentes, eran estudiantes”, corea un grupo. En el atrio de la basílica de Diriamba, la turba orteguista la coreó al revés.

Interesaba a la gente la manta “Aquí está Monimbó”, por el significado especial de este barrio símbolo de valentía, pero también por la alegría de quienes la llevaban, pues tenían tambores y un grupo de músicos de viento. Fueron los más festivos de la marcha, bailaron durante todo el trayecto, incluso bajo la lluvia. Al frente varios llevaban la tradicional máscara monimboseña y uno la del Macho Ratón, en negro. En una pancarta se leía: “En Masaya ya no hay flores… SOLO HUEVOS”. La resistencia cívica se ha encargado de mostrar que la valentía y heroicidad es tanto de hombres como de mujeres. No es asunto de huevos.

Así voy a andar hasta que ganemos

El conductor parqueó su carro, sin apagarlo, de la rotonda Cristo Rey –de donde salieron los manifestantes—varias cuadras al sur, y bajaron dos de sus hijos o sus dos hijos, mujer y varón. Él solo los fue a dejar, y se fue. No le preocupaba esconderlos para que no participaran en nada, sino que los llevó a la marcha.

Quizá salieron de la UNAN los estudiantes que entre la multitud se movían con lanza morteros, cuyos estallidos competían con el ruido estridente de las vuvuzelas y el sonido disciplinado y vigoroso de las consignas de la multitud: ¡Que se vayan!, ¡Que se vayan!, ¡Que se vayan!, complementada con otra: ¡De que se van…, se van! Un escudo gigantesco, segmentado en seis o más partes, de esta Alma Mater, era llevado por jóvenes de ambos sexos.

Entre esos muchachos había una persona que no encajaba, era un adulto mayor con mochila y su lanzador de morteros. Más tarde en la marcha con total indiscreción varias personas lo escucharon platicar con otro ciudadano de bastante edad y le dijo: “Pues aquí ando medio huyendo porque si me voy a mi casa me matan, así voy a andar hasta que ganemos”.

Como en todas las marchas de la resistencia cívica pacífica, era un mar de banderas. Una joven tenía la suya con el escudo hacia abajo. ¿Por qué? “Es que estamos sufriendo y Nicaragua necesita ayuda”. Alguien comentó: Si, sufre, pero resiste, y avanza, y triunfará, como se siente en esta marcha”. El escudo debe estar en la posición correcta.

El que corre para correr a Daniel

Marcha entusiasta, cargada de energía, del urgido y poderoso anhelo de desembarazarse de la dictadura de Daniel Ortega; marcha vigorosa, pletórica de sonrisas, inundada de jóvenes de ambos sexos que lo bañan todo con su entusiasmo.

Llovió fuerte y la mayoría siguió de frente. Unos pocos corrieron a refugiarse bajo árboles o aleros de casas y edificios cercanos. Para muchos, fue refrescante. Cuando pareció amainar, un grupo con banderas salió de la gasolinera UNO, por el Teresiano, pero segundos después, arreció, no obstante, ya no regresaron, se fueron mojando completamente en la marcha.

Ojalá que por la mojada no se enferme Alex, un hombre de mediana edad que es capaz de correr 50 kilómetros, pues es maratonista. No se pierde ninguna marcha o caravana con su característica camiseta que en la parte de atrás dice: “Corro para correr a Daniel”. Al arrancar la manifestación, él estaba en las proximidades de SINSA, por la Máximo Jerez, cuando de un equipo de sonido salió una canción y él se puso a bailar en la vía. 

Conscientes del tamaño de esa gigantesca marcha, un grupo de adultos y jóvenes gritaba reiteradamente: “¿Dónde están los minúsculos?”, como les llamó Rosario Murillo a quienes comenzaron las protestas en el mes de abril. Las pancartas señalan aspectos muy concretos, por ejemplo: “Protestar es un derecho”; “No les tenemos miedo”; “Libertad a los reos políticos”; “Porque las calles son del pueblo”.

Pero también había leyendas como: “En 197 años, ninguna generación se ha escapado del conflicto armado. ¡Acabemos esto!”. Es una reivindicación profunda que alude a un cambio de sistema y a una transformación histórica que pretende evitar otra lucha en 30 o 40 años, es decir, que ahora sí se establezcan las bases para la construcción de un país de verdad.

“Cuando se lee poco, se dispara mucho”

A lo largo de la marcha se observaron cartulinas con un volcán pintado haciendo erupción. La canción “El pueblo unido”, sigue siendo la más popular y la parte que dice, “El pueblo, unido, jamás será vencido”, la más coreada y con rítmicos movimientos de puños en alto. Cuando se dice este estribillo, ocurre algo especial, fuerte, se desborda el espíritu de lucha, como si los manifestantes recibieran una descarga de adrenalina. Abundan las parejas agarradas de las manos. La acción política las une.

En la venta de autos “El Chele” dobló la gran marcha hacia el monumento a Alexis Argüello y de ahí siguió por carretera a Masaya hasta la Jean Paul Genie. No hubo drones vigilando ni policías merodeando, pero de seguro que anduvieron infiltrados que filmaron e hicieron fotografías. Por eso algunas personas, sobre todo jóvenes, van con la cara tapada. Algunos de ellos son empleados públicos o hijos de funcionarios estatales o de militares y policías.

Aunque todo el mundo es consciente de la escalada represiva del régimen y esta manifestación se desarrolla, en cierta manera, bajo la sombra de los más de 20 muertos en Carazo y la vejación a obispos, el Nuncio y sacerdotes católicos en Diriamba, la marcha es alegre, combativa. Hay sonrisas por doquier. En la enorme manifestación varias personas llevan la bandera amarilla y blanca de la iglesia Católica.

Se distingue de casi todas una pancarta que dice: “Cuando se lee poco, se dispara mucho”. Alguien comenta acerca de la ausencia de consciencia en esos despiadados que con armas de guerra disparan a luchadores con morteros, tiradoras y piedras. Casi llegando a la Jean Paul Genie, un grupo lleva una manta que dice: “Costeños, Estado nación ancestral miskito”.

Muestras de cariño a doña Francisca

“Solo el pueblo salva al pueblo” es una manta que sostienen miembros de la cada vez más fuerte Articulación de Movimientos Sociales. En medio va Francisca Ramírez, a quien la gente saluda, abraza, le dice palabras cariñosas, le muestran su admiración. Da entrevistas. Habla claro y breve. Es contundente. ¿Quién diría que, de tierra adentro, de la pequeñita comunidad de La Fonseca, Nueva Guinea, saldría para convertirse en una dirigenta nacional vitoreada por multitudes?

Los vendedores de agua helada, de gaseosas, comidas, esquimos y todo cuanto se le pueda ocurrir a alguien, invadieron la marcha junto a los vende banderas nacionales de varios tamaños, sombreros, cintillos y ahora se agregan los brazaletes.

La gente es valiente y aventada, como se observó hoy en la marcha, pero no irresponsable, pues tomó sus medidas de seguridad, por ejemplo, se vieron menos familias que en otros eventos, menos niños y casi nadie solo, todo mundo en grupos.

Jóvenes de ambos sexos con esprayes y moldes de cartulina pintaban sobre el asfalto y en paredes, “Patria libre y vivir”, con un puño y una flor. En una pancarta se lee: “Daniel, Chayo y Policía Nazi-onal, ¡Váyanse! Un grupo corea: “Porque queremos justicia y democracia”. El Movimiento 19 de abril demandaba “No más asesinatos, no más masacres”.

El himno nacional en el paso a desnivel

Dos muchachas sonaban sendas cazuelas pintadas en azul y blanco junto a un joven con el rótulo, “En Nicaragua no nos rendimos”. Se leía en una manta café en papel “kraft” o de envolver “Dictadura genocida, fuera ya”. Y como en todas las marchas, siempre está presente un grupo de jóvenes que cargan de forma horizontal una gigantesca bandera de Nicaragua. Junto a ellos, un cartel decía: “Ni perdón ni olvido”.

Dos grupos de obreros avanzaban cerca de Camino de Oriente a unos cinco minutos de distancia entre uno y otro, lo que en una marcha como esta, representa una brecha de miles de personas. Uno iba serio y el otro, de unos seis, bromista y alegres. ¿Abandonaron sus trabajos, les dieron permiso? ¿Se reintegraron después? Todos iban con sus cascos, uniformes y arreos, como recién salidos de los andamios de los edificios que están construyendo.

Recordarán que en la rotonda Jean Paul Genie, donde estaban dos armatostes de hierro conocidos como “Chayopalos”, hay un monumento funerario. Personas que llevaron flores las ponían al pie de las cruces, otras limpiaban, quitaban los restos resecos de frescos y bellos ramos llevados en la manifestación o plantón anterior, mientras llovía con levedad y seguía llegando el río interminable de gente empapada, decidida y sonriente.

Ahí hubo discursos reiterando el clamor popular, “¡Que se vayan ya!”, que cese la criminal represión y desmantelen los escuadrones paramilitares. Exhortaron a intensificar la lucha cívica pacífica y a constituir un frente amplio contra la dictadura.

En la parte más honda del paso a desnivel, en la rotonda de la Colonia Centroamérica, se produce una resonancia estremecedora, una sonoridad particular. Ahí se había detenido la marcha en su ruta a la Jean Paul. Todo el mundo firme, serio, casi en porte militar y cantaron con respeto y emoción el himno nacional de Nicaragua. Parecía que otra multitud igual a la que estaba ahí, estaba cantando también.

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