Conmoción en San Judas y otros barrios por Caravana Azul y Blanco

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Guillermo Cortés Domínguez

Como agarrados por sorpresa, poquito a poco comenzaron a salir a las aceras de sus casas y a las esquinas, pobladores de Hialeach y del Memorial Sandino. A una cuadra de haber llegado la Caravana Azul y Blanco por la desactivación de los escuadrones de la muerte, se vio la primera bandera azul y blanco, el primer puño levantado, las primeras sonrisas, los primeros niños con sus madres y padres, gente desde el fondo de algunos caminando rápido o trotando para salir a la vía principal a ver el alboroto.

Más personas había en el Memorial Sandino, de donde la Caravana tomó hacia arriba, sobre la Pista Suburbana. Algunos taxistas pitaban en la parte sur del barrio Martín Luther King. Al norte del barrio Marvin Madriz, dos niños sostenían la bandera de Nicaragua mientras los ojos inquietos de una madre los cuidaban. ¡De que se van! ¡Se van!, se escuchaba, mientras un grupo mayoritariamente de mujeres con biblias bajo el brazo en una mano, observaban con curiosidad desde una casa verde en una altura, y quizá preguntándose ¿por qué el pastor no nos habla de esto?

Otro grupo de personas salió desde el Callejón de los Martínez. Una muchacha gritó “¡Viva Nicaragua!”. Recibieron a la Caravana en San Judas con el sonar de cazuelas y porras para cocer frijoles. En el semáforo, en una esquina puntada de verde, entre un grupo numeroso varios portaban banderas de Nicaragua. La gente las tiene en sus casas. Solo las van a buscar en circunstancias oportunas, para las marchas y plantones y para este momento.

Decenas de motociclistas encabezan la Caravana de carros y camionetas, muchos llevan la bandera patriase, algunos se tapan el rostro por medida de seguridad. Otros llevan lanza morteros que animan el ambiente de alegría. Algunas personas abandonan la puerta o la acera de sus casas, bajan a la carretera y se acercan a saludar a doña Francisca, le dicen cosas cariñosas, la quieren, la admiran, la consideran su heroína.

La muchacha de camisolín blanco

 

Qué fenómeno el de esta campesina de muy allá, de las profundidades del campo, de La Fonseca, una lejana comunidad de Nueva Guinea, ya en el Caribe Sur, que en la capital, durante este recorrido está conquistando el corazón de San Judas y de todos los barrios por donde pasa. Por La Vaquita y el Mercado Róger Deshón la gente saluda, muestra sus banderas. Una niña luce orgullosa un cintillo en el que se lee: “Viva Nicaragua”. Muchos niños se ven en el recorrido.

Francisca Ramírez, lider del Movimiento Campesino Anticanal, en la Caravana Managua no olvida. Foto/ Arlen Centeno

Una pareja no tiene bandera, ni cintillo ni pañoleta azul y blanco, solo tienen a una niña de meses en su cochecito y su sonrisa para la Caravana que pasa. Una muchacha de camisolín blanco y pantaloncito corto negro, sale de su casa y no se queda ahí viendo la marea agitada, sino que toma su bandera azul y blanco y camina y trota por varias cuadras al lado de la caravana.

Una señora mayor recién operada de un ojo agita su bandera antes de un templo evangélico cuya ofensiva  música a alto volumen inoportuna al incansable comentarista Onofre Guevara que vive en el vecindario. Hay un grupo en la esquina en el que sobresale una viejita con su hija y una niña en brazos y ambas sostienen la enseña nacional.

Motorizados distribuyen papeletas con orientaciones para conformar comisiones de Organización, Abastecimiento, Salud,  Comunicación y principalmente de Defensa y Seguridad, para proteger a la comunidad. También volantes que explican la ruta hacia la democratización de Nicaragua que ha diseñado la Articulación de Movimientos Sociales y Organizaciones de la Sociedad Civil, que organiza la Caravana. La ruta comienza con la renuncia de Somoza, un gobierno de transición, Constituyente, elecciones libres y nuevas instituciones del Estado.

“Vamonós, vamonós”, y se integraron a la Caravana

Salen de un portón metálico dos niños que extienden una bandera de Nicaragua, los siguen sus padres y la que parece ser su abuela. En la esquina de la Tropicana una anciana y su hija saludan a doña Francisca. Por la Ferretería Payán hay un grupo numeroso. En medio de la calle un hombre corre con una camiseta que en la parte de atrás dice: “Corro para correr a Daniel”. Parece un maratonista. Anduvo  en La Marcha de las Flores. Todavía lleva una flor en su mano izquierda y en la derecha un cartel que dice: “NO MATAR”.

Dos banderas de Nicaragua sostienen personas que se encuentran por la Librería y Variedades Linda. ¡De que se van!, ¡Se van!, corean algunos. Diez minutos antes de las 10:00 a.m. la Caravana pasa por el famoso Ceibo de San Judas. Se escucha el estampido de un mortero. Se reunieron varias personas por la carne asada “El Buen Sabor”. Más adelante, más gente con banderas y pitoretas.

Un hombre se cansa de observar y observar. Bajándose de la parte de atrás de un camioncito desde el que miraba, le dijo a la que parecía ser su esposa, que lo acompañaba: “Vamonós, vamonós”. Se engancharon en una moto y se integraron a la caravana. Una pareja hace explotar dos cargas cerradas delante de un grupo numeroso que está por el Colegio Bautista Belén y Asados El Norteño. Una mujer hace bulla golpeando una piedra contra un tubo metálico del sistema telefónico.

Durante gran parte del trayecto la periodista Leticia Gaitán, de 100% Noticias, ha ido entrevistando --y transmitiendo en vivo--a algunas personas. Hablan con un tono de gravedad, de urgencia, ante lo que vive Nicaragua, condenan el baño de sangre, la represión, piden desarmar a los escuadrones de la muerte, exigen que renuncien los Ortega-Murillo. No tienen miedo, incluso se identifican.

Hieren en el brazo a un motociclista

Bajo la sombra de un árbol de laurel se protege del sol radiante una señora que agita una bandera mientras de un taller de refrigeración sale otra con una más grande y una pitoreta. “¡No tenemos miedo!, corea un grupo. ¡Qué se rinda tu madre!, gritan desde un carro. Una muchacha sostiene dos banderas en una casa donde se lee un pequeño rótulo: Hay frito.

 

Corea la gente “El pueblo unido, jamás será vencido”, cuando a las 11 en punto la Caravana sale a la Pista Juan Pablo II, pasa por Raspados Loli, llega al semáforo y dobla hacia el norte. Ya hay grupos de gente que atraída por la bulla sale de los callejones del costado occidental del René Cisneros. Por Lubricantes “El Peludo” se forma un buen grupo. Algunas personas tienen banderas. A una se le zafó la enseña del tubito blanco de plástico y lucha denodadamente por meterla.

Otros grupos se forman por la pulpería Enna. Puños alzados, banderas, pitoretas, vivas a doñas Francisca. A unos 20 metros de la pista adoquinada, antes de llegar al Instituto Nacional Benjamín Zeledón, algo no parece ir a tono con lo que pasa. Una señora salió a la puerta de su casa con una bandera del Frente. “Vieja asesina”, le gritan unos jóvenes, la mayoría la ignora.

Los motorizados que encabezan la Caravana llegan al semáforo y doblan hacia abajo, donde está el barrio Andrés Castro, algunos vehículos también, pero se detiene por varios minutos. Nadie sabe qué pasa. De pronto, unos dan la vuelta, voces de alarma. Dispersión. Cerca de la Nunciatura Apostólica, de una casa del Frente, disparan, hieren en el brazo a un motorizado. La Caravana se reagrupa en la rotonda del Periodista, de donde salió y los organizadores disponen hacer un alto.

Atrás quedó la conmoción, la complicidad, las sonrisas, las banderas de la gente, sus gritos, su clamor de que ¡Se vayan!, su alegría de ser visitados en sus barrios, donde viven, luchan y sufren. Otras personas vivirán la misma emoción otro día.

 

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