Población de los barrios orientales sale a las calles con la Caravana Azul y Blanco

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Guillermo Cortés Domínguez

Especial para Onda Local.- Fue apoteósica la reacción de la población de los barrios orientales de Managua ante el recorrido de tres horas de la “Caravana Azul y Blanco” que inició a las 10:00 a.m. de este domingo, encabezada por la lideresa campesina Francisca Ramírez, quien a su paso fue aclamada como una heroína en la Colonia Máximo Jerez, barrios La Luz, Riguero, El Dorado, 10 de Junio, Ducualí, Don Bosco, Venezuela, Colonia Nicarao, Rubenia, Edmundo Matamoros, 14 de Septiembre, Jardines de Veracruz, Primero de Mayo, Villaflor, Pablo Úbeda, Germán Pomares, René Schick, La Fuente, Pantasma, Colonia Centroamérica, y otros.

La Caravana inicial, de unas cuatro o cinco cuadras de vehículos con decenas de motociclistas como punteros, se fue engrosando a lo largo del recorrido, se convirtió en una marcha vehicular gigantesca y se perdió la noción sobre su tamaño desmesurado. En la Luz y la colonia Máximo Jerez mucha gente salía a las aceras de sus casas con la bandera de Nicaragua y gritaba consignas. Corrían en los callejones algunas personas en dirección a la Caravana.

En el barrio Riguero aparecieron unos jóvenes con morteros y los primeros grupos multitudinarios en las esquinas, alegres, contentos, moralizados con esa visita. Cuando reconocían a doña Francisca, decían su nombre, la vivaban, se le acercaban, se tomaban fotos con ella, la entrevistaban. “Doña Chica, por favor diga unas palabras para la gente de mi barrio”.

Por medio de un megáfono, doña Francisca invitaba a los capitalinos a que se organizaran en sus barrios, a que no dejaran sola a Masaya, a que hicieran barricadas en las calles. “Adelante pueblo de Managua, ¡tirémonos a las calles!”. Su planteamiento es sencillo: van 135 muertos, no hay que permitir ni uno más, y para ello hay que llenar Managua de barricadas, a fin de que no puedan moverse las fuerzas represivas.

Alegría y lucha en medio del dolor

Las multitudes en las esquinas pronto empezaron a aparecer, con sus propias consignas, o contestando las que salían del megáfono que utilizaba Francisca Ramírez. Muchos jóvenes, sobre todo mujeres, salían a las aceras con los brazos en alto: en uno un celular, haciendo videos; y en el otro una bandera de Nicaragua. Familias enteras salían al paso de la caravana, incluso con sus niñas y niños más pequeños.

En medio del dolor por tantas víctimas de la represión, el ambiente era de alegría y de lucha, de una complicidad total alrededor de que se vayan los dictadores. Sin inhibiciones, las muchedumbres se plantaron en las esquinas para gritar, para corear sus demandas, para confirmar que no quieren nada con los Ortega-Murillo. Después de tanta sangre derramada, fue como un baño de agua fresca, un bálsamo en la herida, una cura para el dolor, la incertidumbre y la angustia.

En cada barrio se deben organizar los Comités Azul y Blanco –exhortaba Mónica Augusta López--, quien llamaba a formar comisiones de Organización, Logística, Salud, Defensa y Seguridad y de Comunicación. Managua no puede seguir de espaldas a la población que está en los 125 tranques levantados en toda Nicaragua. Llegó el momento de respaldarlos tomándose las calles y barrios de la capital, agregaba.

“¡Ni un paso atrás!, “El pueblo, unido…”, “¡Que se vayan…!”, fueron de las consignas más escuchadas. Mucha gente agitaba sus brazos, se movía nerviosamente y hasta bailaba. Fue inevitable el sonido estruendoso de las pitoretas plásticas en toda la travesía. “¡Llegó la hora de actuar en todos los barrios de Managua!”, exhortaba doña Francisca.

Managua tiene que levantar sus barricadas y tranques

A las 10:15 de la mañana un grupo de motociclistas bloquea la Pista Juan Pablo II para que la Caravana siguiera hacia el este, donde encontró a grupos de pobladores a ambos lados. “Managua tiene que levantar sus barricadas y sus tranques” decía esta infatigable mujer, quien agregaba: “Para no permitir que salgan estas hordas criminales”.

La Caravana entró al norte de El Dorado a las 10:20 a.m. “¡Que viva doña Francisca!”, gritó alguien, mientras una pareja de recién casados hacía un sonido agudo soplando sendas conchas grandes de mar. En una esquina, aplausos sonoros y consignas. Una señora en silla de ruedas agitaba una bandera. La enorme fila de automóviles atravesó la 10 de Junio, don Bosco y Ducualí. En una acera, una anciana agitaba su bandera.

Son las 11:00 de la mañana cuando la Caravana pasa por el barrio El Edén. Una mujer blanca le entrega un vaso plástico con gaseosa a doña Francisca. “Por favor doña Francisca, mándele un mensaje a la gente del barrio Larreynaga”, le pide un joven.

En el trayecto del Edén hacia la entrada a la colonia Christian Pérez, a ambos lados de la Pista Juan Pablo II, hay mucha gente. Muchos han salido desde varias cuadras antes. No se quieren perder la bulla que el eco les llevó y los sacó de los oficios cotidianos de la mañana. Ahí están diciendo presente con sus banderas, sus símbolos azul y blanco y su voz: “¡Que se vayan, que se vayan!”.

“Levántense todos. También los muertos”

Frente al Cementerio Oriental, los muertos sintieron el estruendo, la mezcla de sonidos, música, consignas, discursos, gritos, vivas, saludos, clamor. El entusiasmo de las multitudes en la calles. “Levántense todos. También los muertos”, dice el epigrama de Ernesto Cardenal.  Leonel Rugama se levantó, quedó viendo fijamente el interminable peregrinar y él, excelente matemático, no pudo resolver esta ecuación terrible: el otrora luchador revolucionario convertido en dictador genocida.

Una de las vendedoras de flores se acerca y, conmovida, le entrega un ramo a doña Francisca. Por el barrio Meneses un joven porta un cartel que dice: ”¡Que se rinda tu madre!”, la inmortal frase dicha por Leonel Rugama precisamente muy cerca de ahí, en una casa vecina al Mercado Periférico.

En el barrio Venezuela, donde está la clínica médica japonesa, estaba la multitud mayor de la mañana. Reunida la gente, coreaba consignas, aplaudía y gritaba, “!Viva Nicaragua! Se acercan personas a saludar a doña Francisca. “¡Que se vayan los asesinos”!, sale de una voz poderosa. Hay varios jóvenes enmascarados.

Una señora mayor sale de la acera de una casa, atraviesa un carril, se acerca a doña Francisca, le dice: “Amor: sos un emblema para Nicaragua”, y agrega: “No podemos dejar que esos asesinos sigan en el poder”, y la lideresa campesina asiente. ¡Eso Francisca!, dice un hombre grande, de muy grande abdomen, de camiseta roja.

Los ovarios más grandes de Nicaragua

En la tina de una camioneta se despliegan varias banderas azul y blanco. Van niños y jóvenes, entre ellos un muchacho con un mortero. “¡Sobaco peludo, te vas con el trompudo!”, se escucha con mucha fuerza. Un joven avanza sobre el negro asfalto impulsando con maestría una patineta.  “El pueblo de Managua es azul y blanco”, afirma doña Francisca después del desborde popular que ha presenciado. Un hombre que lleva un megáfono, grita: “Daniel Ortega… ¡A la verga!”.

Avanzando por el sur de Rubenia y el norte de la 14 de septiembre, una pareja de ancianos cruza la calle para saludar a la lideresa campesina. La señora de la tercera edad le dice: “Sos la mujer que tiene los ovarios más grandes de Nicaragua”. Y agregó: “Sos la mujer que nos representa”. Qué clase de carga para esta campesina.

Doña Francisca lanza su discurso, corea consignas y también da entrevistas a los canales de televisión 14 y 12, al diario La Prensa y a Radio Corporación, entre otros medios. Algunos periodistas la entrevistaron varias veces para comunicar sus impresiones sobre la multitudinaria acogida a la Caravana Azul y Blanco.

Hasta donaciones para la lucha le hicieron a doña Francisca en este recorrido que tuvo otro momento especial al llegar a la entrada de Jardines de Veracruz, porque a unos pocos metros, en dirección al mercado Iván Montenegro, se levanta una barricada de adoquines, que es lo que está pidiendo Masaya y la gente de los tranques, es decir, que se insurreccione Managua.

La lideresa campesina habló para los muchachos que están en esa barricada y la población congregada con sus banderas y pitoretas. Les dijo que lo que estaban haciendo ayudaría a salvar vidas y que era una muestra de solidaridad con gente que está haciendo lo mismo en diferentes puntos del país. “El pueblo unido, jamás será vencido”, pareció corearse con más fuerza en este lugar.

Necesitamos que Managua se levante

Pasando Veracruz, donde una multitud salió a las aceras y esquinas, alguien gritó: “¡La Chica tiene coyoles! Antes, correctamente habían dicho ovarios. A las 12:15, al sur de la colonia14 de septiembre y los barrios Pablo Úbeda y Germán Pomares, donde la gente estaba en las calles. “¡Que se vayan, que se vayan! ¿Cuál es la ruta? Que se vaya ese hijoeputa. Era notorio el pudor de algunas personas que con más facilidad pronunciaban la primera consigna y no esta que tiene una “mala palabra”, además de cierto contenido machista y en contra de la mujer desde un enfoque feminista.

La Caravana solo tocó unas casas de los Schick porque enrumbó hacia La Fuente y el mercado Roberto Huembes. Se escuchaba la explicación de que hay que llenar de barricadas Managua “para que no se nos meta nadie” y como apoyo a los que están en los 125 tranques levantados hasta este domingo en todo el país. En la pulpería Fabiola se concentró un montón de gente, incluyendo una señora con una perrita.

En el trayecto hacia la colonia Centroamérica vino al encuentro de la Caravana un joven que dirige los tranques de Catarina y pueblos cercanos y le habló a la gente que estaba en las calles. Explicó la importancia de que se insurreccione Managua para que la población de los “pueblos blancos” se sienta más segura. “Necesitamos que Managua se levante”, dijo con mucha fuerza.

Una acción subversiva de masas

En la circunvalación del paso a desnivel en la colonia Centroamérica, decenas de motociclistas, quizá cien, se negaban a terminar la marcha, querían continuar con una caravana solo de ellos, por otros sectores de Managua, pero fueron persuadidos de que era mejor regresar a casa. Habrá más Caravanas Azul y Banco por Managua.

La multitudinaria, entusiasta, decidida y protagónica salida de la gente a las calles de Managua esta mañana subjetivamente resplandeciente, porque en realidad estaba opaca y con amenaza de lluvia, me hizo recordar cuando regresó a Nicaragua el grupo de “Los Doce”, en que la población lo recibió masivamente. Algo similar ocurrió hoy, de otra manera, sin plantón, ni marcha, sino a lo largo de un recorrido de tres horas. El pueblo está en las calles y pide justicia y democracia y, sobre todo, que Daniel Ortega y Rosario Murillo se vayan cuanto antes.

Lo ocurrido es uno de los actos masivos subversivos más importantes en la historia de Managua, porque su sentido fue el derrocamiento de la dictadura orteguista, el mensaje concreto fue organizarse en comisiones y levantar barricadas y tranques. Decenas de miles de personas escucharon estos llamados y otras los leyeron, pues fueron distribuidos unos ocho mil instructivos impresos.

No será sorpresa que hayan surgido varias barricadas y haya más hoy y en los próximos días.

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