¿Oro o vida?

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Por: Sayuri Nishime

Observaba a dos niñas y a dos niños jugando pelota, cerca del río Tecomapa, en Santa Pancha, León. Sonreían y pateaban el balón. Mientras alguien se encargaba de ir a traerlo hasta el lugar donde había caído, el resto se sumergía en las aguas y salían felices. Me sorprendió cómo sus rostros parecían mostrar naturalidad ante lo que a mí me parecía extraño.

El hedor a agua putrefacta y las piedras con residuos de cal, eran pruebas del grado de contaminación de Tecomapa. El veneno que se encarga de matar este recurso hídrico, nace cinco kilómetros atrás. Las aguas aún calientes, los residuos tóxicos, contaminantes y desperdicios que la transnacional minera B2Gold deja caer directamente al agua, con graves repercusiones en la población.

Pareciera una película de ficción, pero es real. Ramón Useda, de la Federación de Excombatientes, cuenta que pobladores van al río a pelar gallinas, ya que no necesitan hervir agua para suavizarlas. Las sumergen tres veces en el río, pues las aguas están calientes. Según el experto en exploración de minas, Eugenio González, siete mil galones de agua por minuto caen al río.

Después de observar esta sombría realidad, regreso al camino principal y me detengo a observar un hoyo donde pareciera que cayó un meteorito. Su forma de caracol confirma que se trata de un tajo, su nombre es Pozo 5. Todavía queda un poco de Beta, pero significa nada, en comparación al resto de oro que había sido extraído.

Fue triste ver alrededor del tajo. Todo se había secado. Esta imagen continúa dando un toque de desierto al lugar, que algún día fue cobijado por el verdor de árboles.

Me dirijo hacia la comunidad “Las Palancas”. Cristóbal Salgado, habitante del lugar, cava y cava con la esperanza de encontrar agua y construir un nuevo pozo, el que tenía se secó. Relata que su pozo tenía ocho metros de profundidad, sin embargo, la construcción de un tajo -de 50 a 60 metros- provocó que toda el agua se cayera hacia las profundidades del mismo.

Por el momento, Salgado recorre 400 metros para llegar al pozo comunal, construido por Bernardo Canales, el cual sirve para abastecer a 17 familias y una escuela. Con seguridad, afirma que el agua es apta para beber, el único problema es que tiene una sustancia blanca (cal), la cual queda en el tubo por donde sale el recurso hídrico, pero que nunca se han enfermado.

Continúo el recorrido por las piedras que hay en todo el camino. Voy ansiosa por conocer el parque. Aprecio un lugar que evidencia abandono. Pienso, esto no puede ser un parque. Sólo queda el marco sarroso donde pudieron haber estado unos columpios. La cancha de basquetbol, pareciera flores marchitadas en medio de una gran casa.

En San José de la Cañada habita Agustín Castillo. Se arrima a un árbol. Sus ojos demuestran aflicción. Mientras platica conmigo, su mirada sigue a las moscas que intentan escapar del agua de una pila cercana al pozo contaminado.

Castillo, relata que mientras cocía los frijoles, observó que toda la porra estaba blanca y los frijoles cada vez más duros. Esta fue la primera señal de alerta. Luego, se dio cuenta que su ganado orinaba blanco y dos de sus vacas, abortaron por el grado de contaminación de las aguas. Como si fuera poco, a él y a su familia les brotaron ronchas en la piel, por lo que desistieron de seguir consumiendo agua del pozo. Le preocupaba una posible infección vaginal a su hija de unos siete años.

En su patio, todo está seco. Antes vendía limones y naranjas agrias, pero la producción se secó. Es como si toda la tierra estuviera envenenada y todo lo que se siembre, se muere.

A poca distancia de la casa de Castillo, se encuentra la Presa Cola. Un lugar donde antes existían siete ojos de agua, ahora cubiertos de algo que pareciera un río, pero es agua con cianuro, que acaba con el medio ambiente. El oro es lavado en este lugar y los tóxicos quedan ahí. Cada vez, van ampliando esta obra. Hay canales de cianuros que pasan a dos metros de las casas y cuando llueve, por el exceso, se derraman en los patios, donde hay personas adultas, jóvenes, niñas y niños.

Me dirijo hacia la casa de Francisco Ramírez. Sus primeras palabras fueron: “mi casa está en el aire”, señalando la tierra. Por debajo pasan túneles y se han hecho varias excavaciones cerca de su terreno, lo que ha provocado grietas en el muro de la vivienda.

Se sienta en su hamaca y recuerda los 36 años que trabajó como minero en el subterráneo. Dirige su mirada hacia dos cerdos que juegan en el patio sobre una pana de metal vacía. “El agua es crítica para beber”, refiere. Al inicio, encargados de la B2Gold, le aseguraron que le abastecerían de este vital líquido, por haberle afectado las aguas de su pozo. Sin embargo, las palabras se las llevó el cianuro.

Constantemente, le dicen que venda el terreno que le queda. Digo que le queda, porque ya vendió seis manzanas, por 36 mil córdobas. “Fue una estafa”, asegura. Dice que no piensa continuar regalando su tierra, ni el sustento económico, pues vive de la crianza y venta de cerdos, además del cultivo del maíz. Donde le proponen reubicarlo, es una casa que mide 6x7. “Ahí con costo una cama alcanza”, afirma.

El estruendo de las bombas se escucha tres veces al día. La población pareciera estar acostumbrada a la insoportable bulla y a los movimientos en la tierra. Continúo mi camino. Aquí todo lo relacionan con el oro: “Hotel el minero”, “Gold Plaza”; “Gallera El minero”, entre otros títulos que no son muy difícil de aprender.

Un grupo de excombatientes, que se organizaron en una Federación, se reúnen y ponen las sillas en círculo, mientras narran los problemas comunes, relacionados con la empresa. Ramón Useda, molesto, afirma que la empresa ha extraído todo el oro y ha matado las riquezas naturales. A cambio de eso, le ha dado “migajas al pueblo”, señala.

Useda, asegura que la energía no es el único problema en Mina El Limón. Las y los trabajadores se encuentran preocupados porque según integrantes de la Federación de Excombatientes, la B2Gold quiere desaparecer el convenio colectivo y los sindicatos. La manera en que piensan hacerlo es despidiendo al personal y contratarlos de forma renovada. Con esta forma de trabajo, se utilizaría la intimidación. Ellos te dicen, si no me apoyás no te renuevo el contrato, comentan.

La intimidación, también es usada para desalojar a la población. Según Useda, le dicen a la gente o me vendes o te expropio la tierra. De esta manera, se aprovechan de la población.

Otro accionar es el engaño. Joaquín Ruiz, de la comunidad Betatravezada, se para cerca de su pozo y comenta que los de la empresa B2Gold, le llevaron los resultados del estudio que le hicieron al agua. Reflejaban que el agua es bebible. “Cómo me van a decir que el agua está buena si de donde vienen hasta caballos muertos y toda basura hay”, afirma.

Se anexa a la lista, el acoso sexual. Darwin Silva, se acomoda en su silla y explica que muchas mujeres cuando llegan a pedir trabajo primero les piden que “salgan con ellos (los de la empresa) y las invitan a Chinandega. Si no aceptan, no las contratan y corren a la familia que ya está en la empresa trabajando”. Silva, comparte que la frase que utilizan es “La ley de Perú”, es decir, que sus acciones son válidas en Perú. “Pero aquí estamos en Nicaragua”, agrega, mientras cruza los brazos y frunce las cejas como muestra de indignación.

Los cultivos y los árboles se están secando. El agua se está acabando. No hay un lugar digno donde las personas se puedan recrear. Sólo queda caminar encima de piedras sin nada que admirar. Algunos jóvenes se conforman con jugar en un terreno baldío, donde cada vez que patean, el polvo los envuelve.

Las máquinas siguen encendidas, los tractores avanzan, las bombas siguen explotando, todo señala que sigue la destrucción de Mina El Limón y Santa Pancha.

Como Galeano mencionó, respecto a las empresas mineras: "Un día desaparecen dejando tras de sí sólo agujeros y fantasmas. Palacios vacíos, llenos de telarañas y también ilusiones rotas y esperanzas perdidas. Esto es lo que tiene que enseñarnos a defender nuestros recursos naturales".

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