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Mujeres jóvenes y sus alternativas para enfrentar la violencia sexual

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“Te mereces ser feliz, ser amada y recibir ayuda” 

Para las mujeres sobrevivientes de la violencia sexual, encontrar el apoyo que les permitan superar los difíciles traumas causados por sus agresores y enfrentar la violencia no es fácil. Pero las historias de Liz, Sielo y Vanesa, nos demuestran que es posible pasar de victimas a sobrevivientes y encontrar las alternativas para enfrentar la violencia.

Ellas nos describen sus experiencias personales de cómo han enfrentado la violencia sexual que vivieron en algún momento y cómo ahora ayudan a otras jóvenes que pueden estar viviendo situaciones similares. Sus testimonios son recientes y continúan en los procesos de sanación, es por ello que protegeremos sus identidades.

Liz y Sielo, dos experiencias distintas de vivir la violencia sexual

La experiencia de violencia sexual que sufrió Sielo, inició desde que era una niña, a sus 11 años decidió decirle a su mamá lo que le estaba pasando. “Los primeros recuerdos de mi infancia tienen que ver con las pesadillas que tenia de alguien tocándome, más tarde entendí que no eran pesadillas y que eran recuerdos de una niña que era yo, en ese momento”.

Sielo nos comparte que después de decirle a su mamá lo que pasaba, la respuesta de su familia fue el silencio, “mi mamá me creyó, pero también me pidió que me quedara callada, que no podía dañar a una familia”, al referirse al abusador, un hombre que era familiar de Sielo.

Liz, una adolescente de tan solo 15 años, habitante del municipio El Viejo, Chinandega, fue contactada a través de las redes sociales por un hombre de 30 años, cercano a la familia, quien ya tenía antecedentes de establecer relaciones sexuales con otras menores de edad, lo que constituye evidentes abusos sistemáticos. 

“Me contactó por chat, pero a medida que pasaba el tiempo ejercía violencia conforme recibía mensajes vulgares, me obligaba a hacer cosas, ahí me fui dando cuenta que ya no era lo que yo decía” aseguró.

La mamá de Liz, observó los cambios en el comportamiento de su hija, hasta descubrir los mensajes que recibía de su agresor en el celular, “le descubrí en el teléfono mensajes que él le mandaba a ella, le decía que la quería para algo bueno, que nosotros (sus padres) no la queríamos, pero lo que más me alertó fue cuando le dijo que se la quería llevar para Costa Rica”, explicó.

La mamá y el papá de Liz decidieron interponer la denuncia ante la estación de la Policía Nacional de su localidad, donde recibió respuestas poco satisfactorias, fue presionada a mediar y finalmente el agresor fue puesto en libertad. 

“La mediadora me decía que llegara a firmar mediación y que fuera, o sea, me querían manipular, pero yo no me dejé, yo no fui a firmar y él de todos modos salió en libertad. A los 8 días ya estaba libre.” Aseguró.

La falta de acceso a la justicia en el caso de Liz, hizo que ella y su familia se sintieran inseguras y pasaran momentos de alto estrés, después que pasó todo el proceso, que él quedó libre, ella vivía nerviosa, igual aquí nosotros vivíamos con la idea, de que en cualquier momento él se aparezca, y se la lleve”, recordó.

“He visto a mujeres que han dicho hasta aquí, no más violencia y hacer un alto” Zaida Vanesa, una líder comunitaria decidida a enfrentar la violencia

Zaida Vanesa Pérez, es una líder comunitaria de la comunidad La Bolsa en Chinandega, ella se ha capacitado para brindar atención psicológica primaria a las mujeres víctimas de violencia de su comunidad. Posteriormente las remite a atención psicológica con una profesional y a acompañamiento jurídico con una abogada.

El trabajo de Vanesa no termina ahí, ella facilita grupos de autoayuda en su comunidad y acompaña a las mujeres que han decidido denunciar, en todo el proceso jurídico hasta que se logra la sentencia final. 

“He visto a mujeres que han dicho hasta aquí, no más violencia y hacer un alto y yo he visto ese logro y ese cambio en las mujeres. Eso es lo que me motiva a seguir apoyando a las mujeres de mi comunidad”. Asegura la líder comunitaria, quien se ha convertido en un importante recurso para las mujeres víctimas de violencia sexual.

Ruth Marina Matamoros, psicóloga del Grupo Venancia. Fotografía / Francisco Mayorga

Para Ruth Matamoros, psicóloga especialista en violencia el ejemplo del trabajo que realiza Zaida, demuestra que para prevenir la violencia en las familias y en la comunidad, se debe escuchar, apoyar a las sobrevivientes y educar en valores que fortalezcan la igualdad y la justicia. 

“La comunidad tiene que reforzar valores positivos de convivencia, la violencia está totalmente contraindicada de los valores de una sociedad justa e igualitaria, entonces desde la comunidad, desde la familia se deben promover relaciones de respeto e igualdad, no de obediencia y de sumisión, tenemos que reforzar todos esos valores que son de justicia y de igualdad”. Explica la especialista.

Redes de apoyo y recursos emocionales una estrategia para superar la violencia.

Los agresores hacen que muchas mujeres, niñas y adolescentes vivan la violencia en silencio, establecen una relación de poder en la que su principal estrategia es alejar a las mujeres de sus principales recursos personales, emocionales y organizativos para seguir teniendo el control y el poder sobre el cuerpo y la vida de su víctima. 

La especialista hace un llamado a las mujeres, para identificar los recursos que les pueden ayudar a salir de la violencia. “No dejen tus redes de apoyo, tus redes de apoyo son tu familia, tus amigas o amigos, una promotora de derechos humanos, una institución o una organización que te pueda apoyar”.

Además, reconoce que las redes de apoyo son fundamentales para las mujeres, debido que muchas veces el acceso a la atención psicológica y el acompañamiento emocional, es bastante limitado para las mujeres que han sobrevivido a la violencia machista.

Sielo afirma que esas redes de apoyo, además, tuvieron un efecto terapéutico en su vida para enfrentar la violencia que vivió. “Yo tengo que reconocer que tuve muchas terapias antes de realmente ir a la psicóloga y siempre dejo claro eso, yo hice terapia con mis amigas, con mi familia, con algunas compañeras que no eran tan amigas, pero que tenían herramientas y por mucho y digo mucho tiempo, porque hasta el año pasado finalmente me decidí visitar a una psicóloga y funciona, claro que funciona”. Expresó.

Liz y su mamá, durante el proceso de denuncia, se acercaron a un grupo de mujeres jóvenes feministas en su ciudad llamado “Brujas mal portadas”, desde el cual recibieron atención psicológica. Para la mamá de Liz, el grupo ha hecho aportes significativos en ambas. 

“Después de la atención psicológica ella volvió a ser la misma, a usar la ropa que a ella le gustaba, ya conversa conmigo, se ríe, juega, ya somos amigas de nuevo. Mientras quiera andar ahí, yo la apoyo porque ella ha aprendido a defenderse, ahora ella se molesta cuando mira cosas indebidas que no deben de ser, ya no es la misma niña inocente de antes, ahora se defiende y sabe cómo hablarles a los abusadores, identifica cuál es el hombre abusador y de qué manera la pueden estar acosando, yo también he aprendido”.

“De víctimas a sobrevivientes”, mujeres comprometidas a luchar contra la violencia sexual.

Vencer la normalización de la violencia es uno de los principales retos para las sobrevivientes, Matamoros nos recuerda que al actuar con indiferencia ante casos de violencia que se están viviendo en la comunidad, es una forma de contribuir a normalizarla, porque se les deja como enseñanza a los niños y niñas que la violencia es normal.

“Somos sistemas, lo que le afecta a una parte, afecta a la otra parte, somos sistemas sociales, no podemos vivir en una burbuja pensando “bueno, no me importa”, me tiene que importar, porque lo que les afecta a ellos me va a afectar de alguna manera a mí.” Indicó la especialista.

Sielo afirma, que un aporte importante de la familia es reconocer y nombrar las violencias que han vivido las mujeres de generaciones anteriores. “Nuestras ancestras, nuestras mamás, nuestras abuelas, nuestras tías y nuestras primas mayores tienen que empezar a reconocer que también ellas de alguna manera fueron o son sobrevivientes de abuso sexual y siento que mientras ellas no reconozcan eso, porque duele obviamente, no va a haber paz, ni justicia para ninguna niña.” Indicó.

Vanesa menciona, que para prevenir la violencia contra las mujeres, es importante trabajar con los hombres, para que hagan conciencia y se responsabilicen, ella ha iniciado a trabajar con un grupo de hombres en su comunidad, al principio algunos de ellos se burlaban de quienes asistían, pero después se acercaron al espacio, Vanesa asegura que ha visto pequeños cambios que considera son un importante avance.

“Así como yo tengo grupos de mujeres, me gustaría invitar a hombres y sé que son unos hombres machistas y sé que en nombre de Dios puedo hacer arrimar a esos hombres para también hacerles saber lo triste que una mujer se siente cuando vive violencia”. Aseguró.

Sobre esta misma línea, Matamoros afirma que es importante comprender que muchas veces los hombres agresores vienen de historias violentas y ésta es la forma en la que han aprendido a ser hombres y a relacionarse, sin embargo, bajo ninguna circunstancia esto debe ser justificación para agredir a las mujeres.

“Los hombres tienen que aprender formas de relacionarse con nosotras las mujeres de una manera diferente, somos iguales, tenemos derecho a vivir sin violencia… hay que aprender nuevas formas de masculinidad y nuevas formas de vivir y de vernos como seres humanos con derechos… si tengo cosas pendientes de mi niñez, historias difíciles que viví, es lógico que viva enojado, pero lo que no es justo es que ese enojo me lo vaya a desquitar con mi mujer y con mis hijos, porque te juntas para hacer una vida familiar, no para llegar a la muerte.”

Los medios de comunicación también deben cumplir con su responsabilidad informativa, la especialista afirma que brindar detalles sobre la crueldad que fue exhibida en los casos no abona a la solución, ni a la concientización, explica que lo ideal es que, a través de los medios de comunicación, la población pudiera tener pistas sobre cómo se genera la violencia, sobre qué hacer ante situaciones similares, cómo y a quién pedir ayuda, quiénes eran responsables, pero no brindaron la ayuda oportuna.

Sielo demanda de las instituciones estatales que tengan mecanismos accesibles y humanos que faciliten el acceso a la justicia, sin revictimizar a las sobrevivientes, además destaca que estos procesos deben ser acompañados por métodos humanos e integrales de acompañamiento psico emocional. 

“Las instituciones tienen su propio papel en la prevención y erradicación de la violencia y es importante que lo cumplan. Fotografía / Francisco Mayorga

“Las instituciones tienen su propio papel en la prevención y erradicación de la violencia y es importante que lo cumplan a través de la atención oportuna cumpliendo con los protocolos correspondientes, sin minimizar las denuncias, haciendo cumplir las leyes que protegen a la niñez y a las mujeres y haciendo seguimiento en todo el proceso hasta llegar a una sentencia, vigilando que ésta se cumpla, de lo contrario, la vida de las mujeres seguirá estando en constante peligro”. Expresó.

Sielo es ahora una activista feminista, continúa asistiendo a terapia y apoya a otras mujeres de su entorno. Liz, ha decidido integrarse al colectivo Brujas Mal Portadas, desde donde recibe atención psicosocial y participa en capacitaciones para prevenir la violencia. Ellas se reconocen como sobrevivientes y están decididas a seguir previniendo y denunciando la violencia que viven las mujeres.

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