¿A qué se enfrentan las nicaragüenses en el mundo laboral?

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Para las entrevistadas el trabajo digno es sinónimo de estabilidad económica, mejores condiciones laborales, vivir libre de violencia y gozar de salud. Sin embargo, cuando ingresaron al mercado laboral formal se enfrentaron a otra realidad y por años han librado una batalla para que se les garantice un empleo digno, en el camino muchas llegaron a la vejez sin esa oportunidad.  

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Según estudio realizado por el MEC, que analiza el impacto de la crisis socioeconómica en la vida de las mujeres, un 84.1 % expresó que hubo disminución de plazas de trabajos o despidos.

La situación que se está viviendo en muchos trabajos es crítica, porque los empleadores se aprovechan de la crisis sociopolítica y de salud que vive el país, asegura Perla Wilson, trabajadora de la zona franca Gatornica en Managua. “Estamos haciendo más operaciones por el mismo salario, las horas extras no se están pagando. Prácticamente nos exigen que trabajemos los sábados para poder cumplir con las metas, ya que despidieron al 50% de los trabajadores”. Relata Perla y señala que es el panorama que se vive en las zonas francas del país, en los últimos años.

La crisis sociopolítica del 2018 y la pandemia del COVID-19 impactaron la vida de las mujeres. Fueron obligadas a trabajar en medio de ambas situaciones. Sandra Ramos, directora del Movimiento de Mujeres Trabajadoras y Desempleadas María Elena, MEC, explica que se modificó de facto la Ley de Salario Mínimo para beneficiar a los empresarios. “La Ley Laboral establece que, ante eventos fortuitos, en los que ni el empleador, ni la trabajadora tienen responsabilidad, lo más lógico es que el empleador te garantice tu salario básico. Pero les decían a las mujeres, si vos no venís a trabajar hoy aquí, no tenés salario. Entonces las mujeres a fuerza tenían que ir”.

Fue así que muchas fueron enviadas a sus casas como suspendidas o en concepto de vacaciones. Ramos asegura, que no fue por salvar la vida de las mujeres sino para evitar pérdidas económicas de la empresa. “Un Acuerdo tripartito que hicieron entre la patronal, el gobierno y los sindicatos que violaron los derechos de las trabajadoras. Dejaron en manos de los empresarios la libertad de flexibilizar todos nuestros derechos. Les dejaron las puertas abiertas a los empresarios para que decidieran cuál era la mejor opción que podían tomar, no para proteger la vida de las y los trabajadores, sino para proteger sus bolsillos”.

Johana Arce, es abogada en el MEC y da asesoría a trabajadoras como Perla Wilson, explica que las industrias de zonas francas representan más del 52% de empleos en nuestro país y es donde se ubican la mayoría de mujeres. Para Arce, si bien hay empresas de Zona Franca que no cerraron, la medida que tomaron es hacer despidos masivos.

A Nicaragua se le conoce por vender mano de obra barata en las fábricas de textilerías. El salario de una trabajadora de zona franca ronda los $150 dólares, un poco más de cinco mil córdobas, lo cual no cubre ni la mitad del precio de la canasta básica del país, que equivale a 14 mil córdobas mensuales, unos 405.00 dólares estadounidenses. Las mujeres que laboran en estas empresas tienen que rebuscárselas con horas y trabajos extras, para abastecer las necesidades básicas de sus hijas e hijos. La situación se vuelve difícil cuando tienen más de tres hijos y son madres solteras.

Para el economista Luis Murillo el país tiene más de cuatro décadas donde el empleo es mayormente informal. Antes de las dos crisis que enfrenta Nicaragua, el empleo en el sector informal de la economía alcanzaba el 70%. “Con estas dos crisis ya anda rondando el 80, 85% de informalidad, más o menos el 12% de desempleo abierto y cerca del 75% de subempleo”.

El especialista explica que, si Nicaragua no logra cambiar la matriz productiva, que no se ha modificado en doscientos años, el mercado informal y las zonas francas seguirán siendo trabajos donde se ubicarán las mujeres para sobrevivir. “Esa matriz productiva el 77% es de producto con bajo valor agregado, es decir producimos y lo vendemos casi en bruto. Siempre he dicho que aquí faltan políticas públicas y una estrategia de mediano plazo. Política pública en función de modificar esa matriz productiva o diversificar y generar incentivos para la agregación de valor”.

En Nueva Segovia, territorio de vocación forestal, pero agrícola por necesidad, la gente se ha visto obligada a convertir el territorio en una zona agrícola. La mayoría de su población es semiurbana y rural. Las opciones laborales para las mujeres en la parte urbana y semi urbana siguen estando en las opciones de trabajo menos remuneradas y menos especializadas. “Tienen que ver la lejanía del territorio, por el managuacentrismo la mayoría de las alternativas se encuentran en la capital. Las opciones de calificación laboral en el territorio son opciones que repiten más lo mismo”, refiere la cientista social y máster en desarrollo local, Haydee Castillo.

La informalidad, la economía de subsistencia y el emprendedurismo

La economía de subsistencia es toda actividad que se hace de manera itinerante para resolver el día a día. En el territorio segoviano no hay programas económicos que estén tratando de cambiar la matriz productiva, asegura la también feminista Haydee Castillo. Implica que las mujeres siguen creándose sus propios empleos, donde la mayoría lo que hacen es producir para la subsistencia. “Es una economía de sobrevivencia”, señala Haydee.

Castillo explica que uno de los obstáculos con los que se han encontrado trabajando con mujeres es el nivel educativo. “No podían entender un plan de negocio. Las mujeres de Nueva Segovia ni siquiera tienen acceso a una zona franca. En la capital, tienen acceso a tecnología, estudiar inglés, trabajar en un ciber”, mientras muchas segovianas venden café molido, hacen pan en sus casas, venden elotes, frutas, entre otras formas para subsistir con sus familias.

En Nicaragua se observa un proceso inverso con el emprendedurismo, que es impulsado por el mismo gobierno. “Emprendedurismo es un proceso mediante el cual aquellas personas o unidades económicas que tienen una visión pasan de una formalidad a la informalidad y el mismo gobierno está impulsando la parte del emprendedurismo cuando sabe de qué eso es prácticamente economía informal y economía de subsistencia”, señala Luis Murillo.

La situación descrita tiene un impacto en la calidad de vida de las mujeres.

Entran sanas y salen enfermas

El 42.6% de las trabajadoras mencionan que en su empresa hay violencia verbal y un 12.7% dicen que hay violencia física. Un 18.6% de ellas han enfrentado violencia verbal y física dentro de sus empresas.

Perla Wilson lleva quince años de trabajar en zonas francas, ahora tiene problemas en el hombro producto del movimiento rotatorio y repetitivo de tirar piezas de ropa en una máquina de coser, se suman problemas en la rodilla por el uso del pedal, dolor en la columna y riñones por el largo tiempo que pasa sentada y no tomar agua, ni ir al baño a tiempo, porque son cinco minutos los que ha establecido la empresa para dichas necesidades fisiológicas.

No es la única. Una situación similar vive Claudia Toruño, operaria de una zona franca. “Las sillas son bastante crueles para nuestro cuerpo”, cuenta mientras se toca la espalda, y agrega, “son de madera, algunas veces de hierro”.

Toruño, ha pasado por otras empresas donde las condiciones han mejorado un poco, pero no lo suficiente para garantizarles condiciones mínimas. “Porque antes no recibíamos mascarillas ni tapones para los oídos, que a veces el ruido ocasiona en nosotras dolores de cabeza”.

Otras afectaciones en la salud de las mujeres, es la desviación de la columna y dolores en el fémur. “Algunas embarazadas han perdido a sus bebés, he visto varios casos. La vista se nos cansa porque algunas máquinas no tienen iluminación suficiente”, señala Toruño.

Los relatos de estas mujeres dejan al descubierto que poco se supervisan las condiciones laborales que ofrecen a las trabajadoras las empresas de zonas francas. Ligia Rodríguez, pega portañuela de pantalones en la Zona Franca de “SincoTex”, tiene tendinitis en los hombros, una de las enfermedades más comunes entre las operarias. En 2014, la salud de Ligia empeoró, estuvo pasando consulta en el hospital Su Médico, pero sintió que nunca resolvían su caso. “Me tuve que pasar al Hospital Bautista, en donde me hicieron electromiografías”. Los resultados de los estudios arrogaron que Ligia tiene tendinitis en los hombros y túnel de Carpio en sus manos. “Ahora los médicos me operaron mis dos manos y ellos dicen que esa no era la solución, porque esto viene del exceso de trabajo que cargan mis hombros”.

Lidia tiene sus hombros inflamados, los doctores le han explicado que su padecimiento no tiene cura. “Mis manos se comenzaron a poner duras, se me caen los objetos, hice sesiones de doce terapias que me han ayudado bastante, pero mis manos no me sirven para trabajar.” El diagnóstico médico es artrosis cervical y radiopatía, lo que le afecta también al caminar.

Para Johana Arce, muchas de estas enfermedades no se desarrollan en los primeros años, sino cuando tienen de ocho a diez años de laborar, tiempo en que las mujeres empiezan a presentan secuelas en su salud. “Tiene que hacerse una inspección para verificar el estado cómo ha venido laborando en esta industria de zona franca, para poderlo catalogar como enfermedad laboral, obviamente que lo tiene que valorar el especialista y tiene que ver con el historial clínico. Sin embargo, una vez que las mujeres optan para aplicar a una pensión por incapacidad, lamentablemente salen con pensiones mínimas”.

En Nicaragua la Ley General de Higiene y Seguridad del Trabajo establece en su artículo 18 que son obligaciones del empleador adoptar las medidas preventivas necesarias para garantizar la higiene y seguridad de las y los trabajadores en todos los aspectos relacionados con el trabajo, además de destinar a una persona que se encargue de atender las actividades de promoción, prevención y protección contra los riesgos laborales.

Lucha contra el Instituto Nicaraguense de Seguridad Social

A los problemas de salud se suman las demandas por el reconocimiento de sus derechos laborales reflejados en una pensión justa. “Tengo electromiografías de mis manos, mi hombro y el INSS no acepta nada, dice que yo puedo trabajar bien”, se lamenta Lidia. Para ella existe una alianza perversa entre los empresarios y muchas de las clínicas médicas previsionales. “Usted va a una clínica previsional y no atienden a la mujer como deben de hacerlo. Y lo otro es que quizás las mandan donde el médico general y no con el especialista que las mujeres necesitan”, refiere.  

A los 17 años Rosa Guevara ya estaba trabajando en una zona franca. “Quedé echa paste”, dice. El único requisito cuando fue a solicitar empleo fue una copia de su partida de nacimiento. Empezó como cargadora y después de unos años pasó a ser operaria.  En 2014 empezó a sentir dolores en su cuerpo, en el trabajo le decían que era producto del estrés, pero Rosa no pudo más y tuvieron que hospitalizarle. En el hospital le dijeron que tenía fracturada la columna, pero la pensionaron como enfermedad común, ella no aceptó el fallo y emprendió una batalla por el reconocimiento de sus derechos. “Estuve peleando un año y en ese proceso lo que hizo el INSS fue quitarme la pensión. Me dijeron que estaba buena, que tenía apenas el 20% de pérdida y que bien podía laborar en una empresa. Entonces yo les dije: ¿Quiere decir que ando renqueando porque quiero? ¿Y los papeles del médico especialista son inválidos? Hoy en día tengo un proceso con el INSS”.

Rosa asegura que recibió presión de parte de la empresa para que renunciara, pero no se dio por vencida a pesar de la depresión que le generó la situación. Apeló y ganó el caso. “Ellos querían más pruebas y yo comencé a manifestar más problemas como Túnel de Carpio, desgaste en los hombros, desgarres musculares, tres hernias en la cervical, en la columna, en las piernas, desgaste en las rodillas, espolones y con todo eso decían que no era suficiente para una pensión. El seguro sigue sometiéndome a más exámenes especializados. No estoy pidiendo que me den nada, estoy peleando lo mío, tanto tiempo que trabajé”, dice al advertir que la misma situación viven varias compañeras.

Lo señalado por Rosa se evidencia en la situación de Lucía del Socorro Acevedo Romero, quien tuvo un accidente laboral. “Nunca quisieron jubilarme… quieren que llegue a los 60 años, pero es imposible a como estoy. Tengo cinco hernias ¿Qué más pruebas quieren? No les estoy pidiendo jubilación por vejez, sino que reconozcan mi accidente, el por qué quedé inútil”.

El sistema de seguridad social y el mercado laboral son sexistas, machistas; la mayor parte del acceso de cotizantes son varones y en menor medida mujeres, expresa Luis Murillo. Para Murillo la responsabilidad de proporcionar condiciones laborales adecuadas para las mujeres es compartida entre los sindicatos, el Estado y la empresa privada.

“Las zonas francas son un régimen fiscal especial y les permiten muchas cosas aparte de las extensiones y exoneraciones, también son laxas en cuanto a medidas de carácter laboral, de tal manera que exigen demasiado y ya cuando la persona, especialmente las mujeres, presentan digamos algunas enfermedades no son debidamente atendidas y en el peor de los casos son expulsadas de sus trabajos”. 

¿Qué hace la empresa privada?

Cumplir el marco jurídico existente, mejores condiciones laborales y salarios justos son las principales demandas de estas mujeres al empresariado nicaragüense.  Pero muchos se hacen de la vista gorda. “Podemos tener problemas y accidentes, enfermedades y no es motivo de incumplir con nuestro trabajo, siempre hay que cumplir con el trabajo”, comenta Ingrid Rayo.

Para ajustar los gastos de su casa Ingrid tiene que rebuscárselas haciendo trabajos extras. “La canasta básica está alta y no tenemos para suplir a nuestros hijos y familia, la zona Franca lo que nos deja son grandes enfermedades y problemas que resolver”.

Sandra Ramos cuenta que en varias ocasiones invitaron al expresidente del COSEP, José Adán Aguerri, para que conociera la situación de las trabajadoras, pero poco hizo para cambiar las condiciones de desventajas del sector.

Violencia Sexual poco se denuncia

La violencia laboral reflejada en violencia verbal, sexual y acoso están presente en estos centros de trabajo. Perla Wilson asegura que la violencia verbal se practica. “Antes no lo hacían y ahora sí lo hacen porque saben que la gente tiene que aguantar. Ahorita no hay empleos”. Desde el punto de vista de los cotizantes en el país se han perdido 250 mil empleos formales.  

Claudia Toruño agrega que el acoso se da por parte de las y los supervisores. “El supervisor, si es varón, algunas veces nos enamora, también lo sufren los varones de sus supervisoras mujeres. Si no les hacemos caso nos corren”.

Esta violencia es denunciada en la oficina de Recursos Humanos, pero pocas veces hay respuestas. “Se ha formado una modalidad en la que nos dirigimos primero a un encargado que ve ese tipo de acciones, el encargado viene y se dirige al jefe de línea. El jefe de línea se dirige al supervisor. Es decir, siempre quedamos en el mismo círculo sin ninguna respuesta”.

Claudia Hernández lleva 22 años trabajando en distintas empresas de zona franca, asegura que parte del problema son los sindicatos. “Saben de los problemas que hay, pero no hacen nada, porque son comprados por los mismos chinos. En ese lugar, las muchachas se quejaban de que las tocaban y si no se dejaban tocar, les hacían la vida imposible los hombres”.

Asegura que van a Recursos Humanos, pero “decían que nosotras estábamos locas y que eso de la tocadera era una ¨jugarreta¨. Yo nunca recomiendo trabajar ahí porque hay explotación y no vale la pena”.

Claudia renunció y ahora trabaja en otra empresa donde gana a la semana C$2,100 pero bien “macateada” porque sólo logró encontrar trabajo de noche, ya cumplió ocho meses de estar en ese turno.

Muchas mujeres no se atreven a denunciar el acoso sexual. Desde el Movimiento de Mujeres María Elena Cuadra se les brinda apoyo si lo necesitan. “Sí están viviendo situaciones de acoso y necesitan la intervención de la psicóloga y si van a iniciar su proceso legal, igual todo el proceso, el acompañamiento” declara Sandra Ramos.

Sandra Ramos, directora del Movimiento de Mujeres María Elena
​Cuadra

Vivimos en una sociedad en la que los empresarios consideran que el proveedor es el hombre, por ende, las mejores operaciones y donde se paga más ubican a los hombres. Ramos considera que se viola el Convenio 190 de la OIT. “Que sanciona y pide cero tolerancias para el acoso sexual y el acoso laboral en los centros de trabajos en la región centroamericana, incluido los privados de aquí hicieron un amarre y no dejaron que ningún gobierno ratificara el convenio 190, ¿Qué adujeron los empresarios? Que era desestabilizar los puestos de trabajo, el mercado laboral, solo por ahí fíjate lo que nos está costando a nosotras las defensoras, laboralistas, feministas en este sector”.

Algo grave que ocurre en muchos puestos de trabajo es que en vez de proteger a las mujeres y liberar los centros de trabajo de la pandemia del acoso sexual y acoso laboral, sancionan a quienes dan fe que eso sucede.

“Incluso en el caso de las embarazadas se hace mucho énfasis porque en el momento de ser despedidas, son las primeras que encabezan la lista lamentablemente, y se les menciona que la ley establece una protección especial en relación a las trabajadoras que en estado de gravidez y que no pueden ser despedidas con la aplicación del Arto. 45 porque es completamente violatorio. Se les dice, bueno si te están despidiendo no firmes la carta de despido, podes demandar en el término de un mes el reintegro y pago de salario que has dejado de percibir, y se enseña como el ABC sus derechos laborales a los trabajadores”, señaló Ramos.

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Los cambios sociales que se necesitan para un mundo laboral justo

En muchas comunidades de Nueva Segovia el porcentaje de mujeres que acceden a una educación de calidad es bajo. Las niñas con costo llegan a tercer y sexto grado. “Se necesita promover gratuidad del estudio para que las niñas accedan a la escuela. Qué es lo que vemos, una falta de calificación a la fuerza laboral”, señala Haydee, por lo que se necesita transformar el sistema educativo.

Otro aspecto a cambiar es asumir las tareas de cuido entre hombres y mujeres, ambos deben aportar a la economía del hogar, pero los hombres no están apostando de la misma manera al trabajo de cuido. “Si las familias no están accediendo a la seguridad social quién cuida a los ancianos y las ancianas, las mujeres, personas con discapacidad, enfermos, reuniones escuelas, entonces empezamos a ver que aun cuando la matriz económica productiva hubiese cambiado, que no fue el caso, las mujeres no pudiesen entrar a estos mercados y a estos nichos sino es un alto costo emocional, físico y de salud, porque lo que está sucediendo es que las mujeres además de tener que aportar económicamente a la casa criando gallinas, vendiendo huevos, yendo al mercado a vender la papaya que produce, tiene la carga del trabajo doméstico”, explica Haydee Castillo.

La Organización Internacional del Trabajo, señala que las mujeres tienen a cargo el 76.2% de todas las horas de cuidados no remunerados. Se suma la triple jornada. Esto impacta en la autonomía de las mujeres, ya que se vuelven económicamente dependientes.

Luis Murillo señala que las empresas observan como obstáculo el rol productivo y reproductivo que asumen las mujeres, y por esos muchas veces son despedidas.

Haydee agrega que es urgente desmontar el pacto entre el Estado y el mercado que ha alterado la Constitución de la República, para casarnos con un Estado corporativista que beneficia a las grandes cúpulas económicas y a las grandes cúpulas políticas.

Romper con ese sistema corporativista no es fácil, pero se puede lograr con un nuevo pacto social y de género, y de paso lograr cambiar la matriz productiva. “No es posible que las zonas francas sigan sin pagar impuestos y que casi el 40% del PIB de Nicaragua se nos va en exenciones, en impuestos al gran capital. Hay que invertir en los medios de socialización. La economía del cuidado tiene que ser por un lado remunerada y por otro lado distribuida con responsabilidad entre tres actores Estado, empresa privada.

Empleo sí, pero con dignidad es una propuesta política de las nicaragüenses que el mundo del trabajo no puede seguir siendo como está; con dignidad para las mujeres significa el cumplimiento de todos sus derechos y garantías, el cumplimiento de ver el desarrollo humano y el desarrollo económico; el respeto a sus derechos, a tener un salario digno, necesario y suficiente para poder vivir. Eso es lo que quieren transformar las mujeres en su trabajo, en su comunidad y en sus hogares, ese es el sueño de todas.

Empleo sí, pero con dignidad, es una propuesta política de las nicaragüenses, el sueño para que el mundo del trabajo desde las empresas, comunidades y hogares se transforme. Para las mujeres estos espacios las continúan esclavizando y minorizando sus labores, por lo que al hablar de dignidad demandan el cumplimiento de todos sus derechos y garantías, el cumplimiento de ver el desarrollo humano y el desarrollo económico; el respeto a sus derechos, a tener un salario digno, necesario y suficiente para poder sobrevivir.

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