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Miren nuestras capacidades

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Para las personas con discapacidad, transitar por las calles de Nicaragua e incorporarse a la educación, al trabajo y desarrollar sus habilidades no es fácil. La exclusión y la discriminación aún no ha sido superada.  

De acuerdo con el Mapa de la Salud publicado por el Ministerio de Salud (Minsa), en Nicaragua al menos 56,108 personas tienen algún tipo de discapacidad. “El programa Todos con Voz ha atendido a 156,113 personas con discapacidad”, aseguró Daniel Ortega, el pasado 19 de julio, durante su mensaje en ocasión del 41 aniversario del triunfo de la “revolución sandinista”. 

Según el Minsa, el programa “Todos con Voz”, que da atención asistencialista a las personas con discapacidad, comenzó en febrero del año 2010 cuando Daniel Ortega solicitó apoyo a Cuba para “realizar un diagnóstico de la situación de este sector”. No obstante, las personas con discapacidad reclaman políticas públicas que realmente les generen oportunidades de desarrollo.   

Nicaragua cuenta con la Ley 763, Ley de los derechos de las personas con discapacidad, con el objetivo de promover, proteger y asegurar los derechos humanos de las personas con discapacidad, respetando su dignidad inherente y garantizando el desarrollo humano integral de las mismas, con el fin de equiparar sus oportunidades de inclusión a la sociedad, sin discriminación alguna y mejorar su nivel de vida. 

Antonio Andrés Pitura tiene 26 años. Se graduó en 2015 como diseñador gráfico. Él tiene parálisis cerebral, una condición que afecta el habla, el movimiento, la postura y la coordinación. Para Pitura, quien trabaja desde 2019 en Numu Coworking, en Nicaragua se ha avanzado en hablar de inclusión, pero no de lo que realmente significa esta palabra. “Inclusión no sólo significa tratarte como uno igual a los demás, sino sería más bien, qué necesitas para tratarte como uno de los demás”.

Antonio Pitura es diseñador gráfico y trabaja en Numu Coworking, su red de apoyo familiar lo ha impulsado a salir adelante, pese a su discapacidad. Fotografía: Onda Local

Pitura se mueve con un andarivel, en ocasiones se desespera, pero no se da por vencido. “He tenido un sistema de apoyo que me ha ayudado a ver más allá de la discapacidad que tengo, hay momentos en que uno choca con una pared y dice, esto definitivamente no se va a poder hacer y en ese momento puede ser muy frustrante, pero yo he buscado otras alternativas”, afirmó.

El artículo 34 de la Ley 763 contempla que el Estado a través del Ministerio del Trabajo (MITRAB) está obligado a garantizar que las personas con discapacidad puedan trabajar en igualdad de condiciones y que gocen de sus derechos laborales, también designa a entidades como el Ministerio del Trabajo (MITRAB), Instituto Tecnológico Nacional y el Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS), durante el proceso de la inserción laboral de las personas con discapacidad.

Antonio Pitura señala que durante su búsqueda de trabajo no recibió acompañamiento de ninguna de estas instituciones. En su caso, fueron organizaciones no gubernamentales y la empresa contratante las que participaron de su proceso. La empresa evaluó sus destrezas y las cualidades que poseía.

La Ley 763 también establece que las personas con discapacidad tienen el derecho a no ser discriminadas para optar a un empleo”. Añade que todas las instituciones y empresas nacionales, municipales, estatales o privadas que tengan de cincuenta a más trabajadores, deben incluir al menos el dos por ciento de personas con discapacidad en sus respectivas nóminas. Para el caso de las empresas con una nómina mayor a diez trabajadores y menor de cincuenta, deben emplear, al menos, a una persona con discapacidad. 

“Es necesario que los negocios se den cuenta que hay personas con discapacidad dispuestas a trabajar, no sólo tienen el deseo de trabajar sino también tienen el deseo de que con su trabajo pueden aportar cambios a la sociedad”, manifiesta Pitura.

En 2019, Antonio participó de una conferencia en las Naciones Unidas (ONU) en Nueva York y considera que este ha sido uno de sus mayores logros, señala que en Nicaragua únicamente existen intentos por cumplir los derechos humanos de personas con discapacidad. “Por ejemplo, vos de repente ves que en una obra pública que hicieron en Managua hay rampas para personas con discapacidad, pero a veces como que no piensan más allá de rampas...vos vas a ciudades de otros países, vez que cada elevador tiene braille en los números, cada lugar tiene rampas, hay lugares especialmente adaptados para personas con discapacidad y eso desgraciadamente, no se ve aquí todavía”.

Ante la falta de empleos y oportunidades, a centenares de personas con discapacidad no les queda otra opción que trabajar de forma informal. La elaboración de piñatas, por ejemplo, representa una oportunidad para artesanos con discapacidad de Granada, impulsados por la Asociación de Minusválidos Artesanos de Nicaragua (AMAN) desde hace 20 años.  

Ernesto José Dávila Bermúdez, director de la producción de piñatas, asegura que en AMAN intentaron realizar serigrafía, bisutería, pintura, carpintería y sastrería, pero se dieron cuenta que no era viable. “Observamos que hacer piñata cumple dos factores: puede permitir que ellos aprendan y que todo mundo lo compre, esto significa una oportunidad para ellos de trabar desde sus casas”. Además de hacer piñatas, las personas con discapacidad que integran AMAN han aprendido de forma empírica el lenguaje de señas. 

En 2014, el Estudio Diagnóstico del Sector de las Personas con Discapacidad en la República de Nicaragua, elaborado por el consultor Álvaro Herrera Pineda, por encargo de la Cooperación Japonesa (JICA) planteó que en lo “laboral se puede apreciar que los avances son más limitados. Según la información del Censo realizado por el Programa “Todos con voz”, el 48.58% de las personas con discapacidad está desempleada. Solamente el 12.29% goza de algún tipo de empleo”.  

La educación debe ser inclusiva 

La educación para personas con discapacidad es un derecho que, al igual que los antes mencionados, está contemplado en el artículo 40 de la Ley 763. Lograr un sistema educativo inclusivo en todos los niveles, parece estar a años luz.  

Anieska Isabel Rodríguez, la primera estudiante no vidente en estudiar comunicación social en la Universidad Centroamericana (UCA), considera que la mayoría de las escuelas regulares no están aptas para recibir personas con discapacidad, “no todos los profesores están dispuestos a atender como se debe a una persona con autismo, con síndrome de Down o con discapacidad cognitiva; no existe una concienciación previa en las escuelas con los compañeros”.

Anieska señala que su principal obstáculo ha sido enfrentarse a la discriminación. En sus primeros años de estudio, recibió bullying por parte de sus compañeros de clase, por un tiempo los ojos de su mamá se convirtieron en los de ella, pero su madre la iba preparando para ser independiente, se dio cuenta que, con canciones, aprendía a leer más fácil.

“La discapacidad no te pone limitaciones, lastimosamente quien las pone es la sociedad”, Anieska Rodríguez, estudiante de Comunicación, UCA. Fotografía: Onda Local

Aprendió el sistema Braille, orientación, movilidad y deportes en el Centro de Educación Especial Melania Morales, ahí fueron sus mejores años, considera Anieska. En la universidad no ha hecho ni amigos ni enemigos, “siempre está ese miedo, que nos ven como personas muy infantiles o angelicales, creen que no entendemos ciertos temas a pesar de que la discapacidad en mi caso sea sólo visual”.

El Ministerio de Educación (Mined) señala en su sitio web, que en Nicaragua existen 25 escuelas públicas de Educación Especial, ubicadas en los municipios de Managua, San Marcos, Jinotepe, Diriamba, Comunidad Nuevo Amanecer (Diriamba), Masaya, Granada, Rivas, León, La Paz Centro, Chinandega, Chichigalpa, El Viejo, Corinto, Boaco, Juigalpa, Matagalpa, Jinotega, Estelí, La Trinidad, Condega, Ocotal, Somoto, Bluefields y Bilwi. 

Fuente: Ministerio de Educación

Estas escuelas, según el estudio del JICA, tenían en 2013 una matrícula promedio anual de 3,000 estudiantes, en las que se escolarizan, de manera transitoria o permanente, solamente a estudiantes con discapacidad severa. Agrega que en el país existen 12,542 centros de educación regular, que en 2013 atendían a 11,570 estudiantes con algún tipo de discapacidad.  “El Programa de Educación Temprana, atiende anualmente un promedio de 800 niños y niñas con alteraciones en su desarrollo desde su nacimiento hasta la edad de 3 años, para potenciar y desarrollar al máximo sus posibilidades físicas, intelectuales, sensoriales y afectivas, este programa es de carácter comunitario. El sitio web del Mined no ha publicado información actualizada acerca de la situación de estudiantes con discapacidad.  

El estudio analiza que a pesar de los avances que ha impulsado el sistema educativo para integrar a niños, niñas y adolescentes con discapacidad, todavía una parte importante del sector, el 40.98%, es decir, casi la mitad, se encuentra sin recibir educación. Revela que solamente el 13.96% tienen una formación media o más allá de ésta. 

Otra dificultad identificada es que la presencia de los equipos de orientadores educativos está limitada a las cabeceras departamentales, por lo que, la gran mayoría de las escuelas no cuentan con este valioso recurso, disminuyendo su capacidad para hacerle frente a las necesidades especiales de educación que demandan los niños niñas y adolescentes con discapacidad. 

Agrega que en las escuelas de educación especial se ofertan las modalidades educativas de preescolar y primaria y los programas de Educación Temprana e Inclusión Socio Laboral, con adecuaciones curriculares que son más significativas en el caso de la atención a niños/as con discapacidad intelectual. 

Para Anieska, el Estado todavía debe buscar cómo concientizar a empresarios y docentes, “porque la mayoría de los problemas se viven en instituciones públicas ya sean académicas o laborales, concientizar, capacitar a docentes y universitarios para que puedan tener una buena convivencia inclusiva”.

Rodríguez, aseguró que la discapacidad no le ha puesto limitaciones, sino quienes se la han puesto es la sociedad, “debe haber más interés para que la educación sea más inclusiva, en infraestructura falta muchísima inversión, ponerles a las escaleras pasamanos, reemplazar las escaleras por rampas con pasamanos para poder hacer una mejor movilización de personas con discapacidades físicas y visuales”.

El artículo 11 de la ley 763 explica que las Alcaldías Municipales y el Ministerio de Transporte e Infraestructura, deberán garantizar que las vías de tránsito y áreas de uso públicas estén libres de obstáculos que restrinjan el libre desplazamiento de las personas con discapacidad y con la debida y adecuada señalización visual, auditiva y táctil para facilitar el tránsito de las personas con discapacidad.

Algunas de las rampas que existen en la ciudad de Managua para personas con discapacidad. Fotografía: Onda Local

En Managua es fácil observar que la ciudad no está diseñada para las personas con discapacidad. Las rampas se encuentran al inicio de ciertas avenidas, pero generalmente los andenes no poseen un final que permita el cruce a la siguiente calle. Los espacios designados y la señalización son únicamente para personas con silla de ruedas, y en muchos casos, estos espacios se encuentran invadidos por el comercio informal, y en otros casos, destruido.

Los pocos espacios que posee la capital para personas con discapacidad se encuentran en las afueras de empresas privadas como bancos, supermercados, centros comerciales, entre otros.

En los pasos a desniveles de Rubenia y Las Piedrecitas los accesos para personas con discapacidad son nulos. En Rubenia se colocó un ascensor, pero está deshabilitado. 

El proyecto de paso a desnivel Rubenia fue inaugurado en agosto de 2015, tuvo un costo total de 190 millones de córdobas. Actualmente el acceso para personas con discapacidad a través del ascensor se encuentra en mal estado.

Rubén Arriola, defensor de los derechos de las y los consumidores considera que, Nicaragua en cuanto a infraestructura para personas con discapacidad, está atrasada.  “No hay señalización para las personas no videntes, no hay señalización para las personas que andan con muletas o con bastones, hay un problema con los puentes peatonales, los puentes no tienen acceso para subir con las sillas de ruedas, se hizo un ascensor en el pase de desnivel de Rubenia, pero la gente lo utilizó para bajar las compras del Palí que está al frente, destruyeron el ascensor y por parte de la alcaldía no hubo una mejora”, agregó.

Arriola vive en carne propia las dificultades de las personas con discapacidad para movilizarse por Managua. A él le cuesta caminar debido a un flagelo de la polio en su pierna derecha.    

Rubén Ernesto Arriola es técnico en administración, pero le ha costado encontrar empleo. Ha hecho de todo para ganarse el pan de cada día; ha vendido lotería, rifas en su barrio, y por un tiempo, tuvo una pulpería o tienda de abarrotes. “Ha sido una lucha emprendedora y esforzada, también con el apoyo de mis padres, ellos nunca me dijeron que yo era una persona discapacitada, mi mamá me decía que debía valerme por sí sólo. 

Rubén sufrió acoso escolar y en su búsqueda de encontrar una oportunidad laboral ha experimentado la desconfianza. “Las otras personas no buscan la preparación o los conocimientos intelectuales sólo miran tu discapacidad”, dice Rubén. 

“Creo que sí existe inclusión pero las oportunidades hay que buscarlas, también somos seres humanos y somos sujetos de derechos”, Rubén Arriola, defensor de las y los consumidores. Fotografía: Onda Local

Rubén es un personaje en el barrio Domitila Lugo de Managua, le encanta ser líder de opinión y aprovecha cada espacio en los medios de comunicación para referirse a los problemas de su barrio. Tiene un compromiso permanente con las causas sociales. En la actualidad, dirige una organización que defiende los derechos de las y los consumidores, particularmente de agua, luz y telefonía. 

Rubén explicó que la Ley 763 presenta muchos beneficios para las personas con discapacidad, pero que no se cumplen a cabalidad. Por ejemplo, el artículo 64, referido a la certificación y carnet para las personas con discapacidad, garantiza el goce de los siguientes beneficios:

Fuente: Ley de los derechos de las personas con discapacidad, ley 763.

Rubén Arriola dice que cuenta con este carné, pero nunca ha recibido ningún tipo de ayuda, y se cuestiona “¿será por lo que soy muy crítico al sistema, porque manejo el tema de los consumidores y peleo por el derecho de los demás? No hay derechos constitucionales que valga para las personas con discapacidad”, comenta.

Karla Matus: “Cantar, ha sido una forma de decir, ¡sí puedo!”

Karla Matus es una artista nicaragüense. Estudió canto lírico en el Conservatorio de la UPOLI, donde se graduó con honores. Ella ha roto todas las barreras que le han impuesto debido a la disminución de su vista. Antes, estudió comunicación social, pero por problemas personales no culminó sus estudios, señala. En 2004, Karla sufrió un accidente cerebro vascular que le causó un daño irreversible en la arteria coroidal en la retina del ojo derecho, pasó de tener un 60% de vista a un 20%.

Karla Matus, igual que Rubén, Antonio y Anieska, se ha abierto espacios venciendo la exclusión y la discriminación. “Al menos dentro de las artes muchas cosas se hacen por favoritismos, por amiguismos, más que por tu talento...si hubiera inclusión, seríamos un país más educado. Nicaragua no está preparada para soportar y apoyar a los grupos sociales que no tienen acceso a oportunidades de estudio, ni trabajo”.

Karla dice que el principal obstáculo que ha superado en la vida es ser diferente. “Yo nunca he visto el mundo real como es, he tenido que vivir con las condiciones que me pone el ambiente y con el bullying ejercido por la sociedad, he sufrido discriminación durante toda la vida, hasta busqué ayuda profesional porque pensé que era yo la del problema”.

Uno de los mayores logros de Karla ha sido graduarse con honores de canto lírico en 2013 y viajar a Costa Rica al Festival de Ópera. Tenía como sueño entrar en las óperas que se hicieron en Nicaragua, “pero las oportunidades nunca llegaron, sea porque yo no tenía ni el aspecto físico, ni la belleza, pero más bien creo que era porque me faltaba la vista”.

Karla explica que cantar, ha sido una forma de decir “sí, puedo” frente a una sociedad que le niega oportunidades. Ser estudiante del Conservatorio fue un reto, porque sus problemas de visión para leer solfeo eran evidentes, “los profesores me indicaron que hiciera un facultativo, porque no tenían herramientas ni los suficientes conocimientos para enseñarme. un músico estudiado tiene que leer cinco solfeos adelante con la vista sana, yo tengo que pegarme a la computadora y agrandar todo, uso una tablet para ver las letras”. 

Karla Matus, Rubén Arriola, Antonio Pitura y Anieska Rodríguez coinciden que el cumplimiento de la Ley para las personas con discapacidad es apremiante para abrir verdaderas ventanas de oportunidad para el cumplimiento de los derechos humanos de las personas con discapacidad. 

Karla, Rubén, Antonio y Anieska se han enfrentado a una sociedad que les excluye y discrimina. Por eso, nos invitan a “fijar nuestra mirada en sus capacidades”. 

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