Talentos en demanda de justicia y democracia

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El arte, en sus distintas expresiones, no sólo ha contribuido a la lucha de los pueblos, también ha contribuido a la historia. Dicen que una sociedad sin arte está condenada al olvido. Las canciones, poesías, memes, caricaturas, fotografías, humor, pinturas, teatro, pintas, carteles, surgieron como una ola que fue incentivando y acompañando al pueblo insurreccionado de abril. El talento sobra en Nicaragua, son artistas que han logrado plasmar en su creaciones el dolor, la represión, la esperanza y el grito de justicia y libertad. Para no olvidar, para no repetir.

En esa ola de propuestas artísticas se destaca la iniciativa de Clausunk y Suprime, del Movimiento por la Autonomía Universitaria, UNI. En conmemoración de los #200DíasDeLucha estas jóvenes  emprendieron el proyecto 200 días en lucha, días en resistencia ¿Cuántos días más necesitás para unirte? e invitaron a la ciudadanía a compartir sus historias. Así nacieron una serie de micro relatos ilustrados. “Era para que la gente se motivara y entendiera lo que nosotras estábamos pasando como generación”, cuentan.

La ciudadanía empezó a enviarles sus historias: 

Al inicio tuvieron temor que la gente no les mandara nada, pero a medida que fueron ilustrando la ciudadanía confió. “La verdad que hubo cierta confianza porque nos empezaron a mandar historias y a medida que las fuimos ilustrando nos dimos cuenta que no solamente era el chavalo que estaba en el departamento, en Costa Rica exiliado, era casi toda Nicaragua, la gente comenzó a reaccionar a las historias y fue bastante bien”.

Han elaborado más de quince micro relatos de personas que estuvieron en tranques, en universidades atrincheradas, de quienes permanecen en el exilio, presos, agredidos, etc. “Hay una variedad de relatos, tratamos de reproducir lo más integro posible y de la misma manera que los enviaron”.

Clausunk y Suprime cuentan que es la primera vez que el trabajo de ilustrar lo vuelven activismo. Antes participaban en marchas, pero cuando la represión se volvió más violenta y el gobierno de Ortega prohibió las manifestaciones, no se quedaron de brazos cruzados. “Nos damos cuenta que ya no se podía salir a protestar, que ya no podés salir a ondear una bandera a la calle porque te echan preso, entonces encontramos otras formas de seguir la lucha”.

Los relatos ilustrados son también una forma de hacerle llegar a la diáspora las afectaciones psicológicas de la crisis sociopolítica del país, es también una forma de rescatar la historia desde otra narrativa y espacios.

Me gusta mostrar lo que veo y siento

                                 

Cuando comenzó todo, era terrible sentir la insuficiencia para romper con el sufrimiento de las demás personas, amigos y familiares que ya no están por una bala. Ese día no encontraba la manera de cómo sacar…eran un montón de sentimientos encontrados. Dije “quiero pintar”.

Fue así que Noland Castellón Pineda, esteliano e ingeniero industrial le dio vida al Güegüense. Un personaje que nos ha identificado a las y los nicas. “Comencé a dibujarlo y poco a poco los colores fueron entrando en él. Me gustaba imaginarlo con la bandera, siempre de pie, aunque estuviera herido”, relata mientras realiza su próximo boceto.

A Noland desde niño le hechizó la pintura. Pasaba horas mirando a su tío crear y hacer artes plásticas. “Siempre me fascinó la idea de crear y plasmar tus sentimientos en un folio”. Comenzó dibujando paisajes, aves, calles y casas de la Nicaragua rural.

La gente le pone su emoción, sus sentimientos

Las reacciones no se hicieron esperar. “Se conmovían, a otros les daba fuerzas y esperanza”. Confiesa que eso lo motiva, darse cuenta que una pincelada puede provocar emociones en otros corazones. “Eso es mágico y no tiene precio”.

Como aquel sangriento 30 de mayo de 2018, día de las madres en Nicaragua, cuando producto de la represión varios jóvenes fueron asesinados. Noland ilustró el dolor de las madres y recibió llamadas y mensajes de agradecimiento. Ese día sus ilustraciones se convirtieron en poesía.

Desde abril músicos, graffiteros, muralistas, humoristas también han tenido que exiliarse ante las amenazas de cárcel o muerte, otros permanecen en la clandestinidad. Noland dice no tener miedo a que lo encarcelen, pero sí “a que se destruya el país”. La mejor manera es estar en la lucha, seguir, tratar de encontrar soluciones, asegura.

Escultor del pueblo

En tiempos de paz cualquiera puede ser artista, en tiempos difíciles el artista muestra su lealtad, valor y plusvalía, expresa Helmuth Bustos, quien lleva 10 años como escultor monumental. Empezó a los cinco años en la panadería de su abuelita en Niquinohomo. “Yo agarraba la masa y me ponía hacer figuritas, a la familia. Después lo poníamos al horno y salía el pan pero con las figuritas. Ya a los diez años, trabajé otros materiales y uno de los personajes que hice fue un tiranosaurio a escala de veinte centímetros”.

Luego Helmuth trabajó con el escultor Sócrates Martínez, quien lo involucró en el arte monumental.  Con él logró hacer varios trabajos, entre los que destaca los monumentos a Rubén Darío, Hugo Chávez, Tomás Borges y Carlos Fonseca. Desde el 2013 trabaja por cuenta propia.

La trinchera desde donde se ha manifestado Helmuth es la escultura. “Mi despertar fue después de la muerte de Conradito, mi sobrino murió de leucemia en mayo, ya lo de Conradito había pasado, pero toda esa circunstancia me conmovió bastante porque tenían la misma edad y no me hubiera gustado que eso le hubiera pasado”.

Quiso irse a una trinchera a apoyar la causa, pero su familia no se lo permitió. “Me sentía frustrado y miré la foto del niño y empecé a hacerla.”

Helmuth afirma que todos los trabajos los ha hecho tenso, pensando que en cualquier momento le digan algo, puedan seguirlo o encarcelarlo, por sus obras. Quince días es el tiempo requerido para hacer una escultura como la Álvarito Conrado. El escultor Busto lo ha hecho en tiempo récord, dos días. “El momento de más tensión fue con Sándor Dolmus y con la comandante Macha, que le mando saludos”.

Lamenta que en Nicaragua poco se valore el trabajo de las y los artistas. “Nos miran como artesanos y hay muchos que regalan sus trabajos, por la necesidad, pero estamos en resistencia”.

Al preguntarle por la situación del país explica que los roles no se han especificado bien. “El presidente es un trabajador del pueblo, el pueblo es quien lo elige y el pueblo es quien tiene el poder”. A Helmuth,  en algún momento le gustaría esculpir a  Miguel Mora y a Edgar Tijerino como una manera de rendirles tributo.

Relato la Verdad

Otro que retrata a través de la pintura y el dibujo lo que sucede en Nicaragua, es Oliver Otero. “Lo hago como una herramienta fotográfica de cada suceso expresando sentir como ciudadano y artista las injusticias no sólo de este tiempo sino de cualquier contexto de la vida”, expresa.  

Otero define su estilo como algo bizarro, estético. “Me gusta deformar los elementos, trabajo los primeros planos, mi paleta de colores es oscura, la belleza dentro de lo crudo o grotesco”. Afirma que las y los artistas tienen un compromiso con su país y muchas veces se convierten en el portavoz de la sociedad.

Pintar y dibujar lo que siente le ha servido también para desahogarse y dejar un legado. “Dejar obras de arte que contarán a nuestros hijos y nietos los hechos de esa historia oscura de mi patria y puedan llevarles un mensaje”.

La gente se identifica con el arte, por esa razón el arte es del pueblo hagstach #artedelpueblonic refiere Otero. “Es el arma más hermosa en tiempos de fatalidad, aporta historia, legado, fuerza, esperanza, es un compromiso con tu tierra, todo artista tiene que estar con su pueblo, no al lado del opresor”. Recalca que no tiene temor de expresarse, al contrario lo disfruta.

Que Nicaragua se sienta identificada

Su seudónimo es “La abeja introvertida”, es ilustradora. Lo hace porque muchas veces no pudo participar en marchas y protestas como le gustaría, por ello expresa sus ideas en forma gráfica para que puedan compartirte en el internet rápidamente. “Es como una cartulina en una marcha, pero virtual, y la comparten aquellos que se sienten identificados con el mensaje. No siempre es una denuncia, a veces es un mensaje de apoyo, o un recordatorio”, detalla.

Trata de plasmar en sus diseños la fuerza del país, el dolor, la valentía y resiliencia. “Y lo hago porque necesitamos esperanza, no fatalismo”, enfatiza.

La abeja introvertida se sorprende de la cantidad de personas que le escriben cada vez que sube una pieza de activismo. “De pronto me escriben para decirme que mis ilustraciones les dieron ánimo y eso me hace sentir que estoy haciendo algo que merece seguir”. Está comprobado que muchas veces una pieza artística puede expresar una idea mucho mejor. “Desde abril hasta ahora hemos podido ver cómo han salido piezas increíbles, no solamente ilustraciones, sino que también música, poesía, fotos, videos e incluso esculturas. Y cada una brinda una voz a quien la comparte, porque es una forma de decir “yo pienso lo mismo”, y en nuestro caso “yo quiero una Nicaragua libre”.

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