Mujeres: motor, timón y alma de la resistencia en Nicaragua

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 Por Arlen Centeno Guevara

Iniciativa Nicaragüense de Defensoras de Derechos Humanos de las Mujeres IN-Defensoras

Las palabras se esconden cuando los hechos superan cualquiera de los análisis de contexto y peores escenarios posibles, en los que las feministas y las mujeres realizan labores de defensa de derechos humanos. 

Hace poco menos de un año,  en audiencia ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) durante el 164 Periodo de Sesiones,  las palabra de la líder campesina y defensoras de derechos humanos, Francisca Ramírez, fueron una advertencia clara de lo que llegaría para Nicaragua:

“Yo quisiera que por favor pongan un poco más de atención, no esperen que el Estado de Nicaragua tenga que asesinar tantos campesinos. Hay miles de casos de personas que son encarceladas, asesinadas; y no tenemos a donde recurrir”.

El 19 de abril de 2018 Nicaragua fue sacudida con el asesinato de  Darwin Manuel Urbina, de 29 años; la primera de las más de 350 víctimas fatales, 2000 personas heridas y cientos de desaparecidas y desplazadas fruto de la represión desenfrenada del Régimen Ortega-Murillo en contra de una sociedad que, luego de años de abuso de poder y subordinación, se sublevó unificando las demandas por el respeto a los derechos humanos y  las leyes, desde los más diversos sectores, incluyendo las luchas históricas de las feministas.

Por todo el país las mujeres son motor, timón y alma de la resistencia. Medios de prensa nacionales y extranjeros han documentado los diversos papeles asumidos por las mujeres, las mujeres trans y las feministas. Una defensora feminista de larga trayectoria lo describía así a través de una red social:

“NICARAGUA, ¿DONDE ESTAN LAS FEMINISTAS? Levantando adoquines, organizando la colecta de alimentos, curando las heridas de balas, escribiendo el pronunciamiento, diseñando el afiche, denunciando en el FB, redactando el artículo, cocinado el gallo pinto de las chavalas y chavalos, operando en la casa clandestina, llamando a la solidaridad, encendiendo las velas en la vigilia, editando el video, viajando en la Caravana Solidaria por Europa, peleando con la izquierda cavernaria, reunidas en Zoom, voluntarias en los hospitales solidarios, enfrentado a los antimotines, marchando con cacerolas, imprimiendo las fotos de tanta juventud asesinada, hablando en la televisión, discutiendo en el Diálogo, debatiendo la estrategia, levantando el ánimo, cuestionando lo métodos, esquivando oportunistas, aclarando que es falsa esa foto, acompañando a las madres, haciendo guardia en el Chipote, terminando la última estrofa del poema, practicando el discurso, llamando a la resistencia, encabezando la marcha, levantando los carteles, tomando las manos de las que violaron, confortando a la que busca su desaparecida, su desaparecido, viajando con provisiones, visitando los tranques, trasladando, ofreciendo refugio, llamando a la concertación, denunciando el caudillismo, apurando el proceso, teniendo paciencia, llorado de rabia, venciendo la frustración, enterrando sus muertos, soñando que ya termina, celebrando la victoria…”

Las fotos y las contundentes declaraciones de tres jóvenes feministas autoconvocadas, Eloiza, Ariana y Madelaine, fueron parte de la chispa que despertó la conciencia popular en la Managua dormida y que se extendió a la nación entera.

La movilización popular obligó al Estado a sentarse en un dialogo nacional y, como parte de las condiciones para este, a extender invitación a organismos de derechos humanos internacionales como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), a quienes por años se les habían cerrado las puertas del país.

La rebelión empezó en las calles y las mujeres estaban ahí. Están bien documentados los testimonios de mujeres jóvenes en la primera línea de fuego, con un lanzamorteros o una piedra en la mano para repeler los ataques de fuerzas policiales y parapoliciales, como las Comandantes Masha en Carazo, o la Chinela, la Gallopinto o la Molotov en la UNAN-Managua. Masha hoy tiene orden de captura y ha tenido que exiliarse en Costa Rica. Mientras que la Molotov ya estuvo secuestrada y fue torturada dos veces.

Son estudiantes universitarias y de secundaria, o adolescentes excluidas de la educación formal. Vecinas de barrio brindando refugio a manifestantes, doctoras atendiendo las emergencias en puestos improvisados. Muchas otras, invisibles, garantizando la logística, apoyando en la contención y acompañamiento emocional, legal, autoprotección y seguridad, incluso en los desplazamientos dentro y fuera del país.

Sandra, Azahalea o Nancy quedarán inmortalizadas, desde la mesa del dialogo nacional, al igual que las estudiantes Lyris, las Arianas, Enriette, Madelaine, Dolly o Valeska, entre otras. Al igual que las periodistas que en medios tradicionales o en las redes sociales digitales han denunciado y registrado cada situación, sorteando el peligro y la censura oficialista. Así como las madres, tías, hermanas y abuelas que no han dejado de demandar libertad y justicia. También muchas feministas, activando redes nacionales e internacionales de solidaridad en ámbitos políticos y humanitarios, activando mecanismos de protección y llevando el registro de daños. Son cientos de mujeres, organizando comunidades e insistiendo en la importancia de la protesta pacífica y cívica. 

Feministas y defensoras de derechos humanos, de todas las edades y procedencias, insisten en la importancia de la integralidad de la lucha y los asuntos que muchos pasan por alto: la urgencia de los cambios individuales en el ejercicio del poder, la utilización de la violencia sexual como mecanismo de coerción y tortura principalmente hacia las mujeres y comunidad LGBTTIQ, los balances necesarios en las vocerías, la urgencia de inclusividad y unidad en la diversidad.

También insisten en los reconocimientos de las múltiples razones del desplazamiento, entre ellas la vulnerabilidad económica y la falta de apoyo familiar, que afecta más frecuentemente a jóvenes y mujeres, lo mismo que los duelos emocionales que se van creando, e incluso el cuidado en el uso del lenguaje y el manejo de la información.

Asumir la causa de un país y una sociedad distinta, de una revolución que se meta hasta el último rincón de la casa, es una misión muy compleja y con unos costos altísimos para quienes así lo viven y se comprometen con ello. Es más que el tiempo y recursos invertidos.

Son radicales en abrazar activamente procesos colectivos y democráticos de cada acción. También en bregar y superar la angustia y la desesperación que a veces no permite verse y ver lo que están haciendo las otras, para aprender a reinventarse ante el dolor propio y el ajeno y, definitivamente, resistir sin claudicar ante las constantes agresiones.

Una paradójica mezcla de dolor y esperanza

Otra defensora de León, escribía en una red social:

 “Este es el tercer entierro de hoy, los dos ya enflorados a la espera de Danny, el joven de 21 años que deja un niñito, su cra, hna y madre que igual que los otros, les lloran inconsolable..."Noooo ya no te voy a volver a ver"...Ese llanto que cala hasta lo más profundo y te deja sin respirar. No nos acostumbramos al dolor y la violencia, por más que la dictadura Ortega-Murillo lo quiera naturalizar. Este es el costo de limpiar las barricadas de Sutiava, asesinar por Resistir en paz y en Defensa, asesinar por decirles que se vayan... Harán de Nicaragua un cementerio, porque Nicaragua ya dijo y seguimos diciendo NO MAS DICTDURA. Mi llamado a la policía, ejército y paramilitares, NO SIGAN ASESINANDO AL PUEBLO HUMILDE, JOVEN y DESARMADO. 

Diversos organismos internacionales han reaccionado y se han pronunciado ampliamente respecto a la situación del país. Algunos afirman que  estamos ante “Una crisis humanitaria extraordinaria”.

En lo que va de año, la Iniciativa Nicaragüense de Defensoras de Derechos Humanos de las Mujeres, junto con la Iniciativa Mesoamericana de Mujeres Defensoras de Derechos Humanos (IM-Defensoras), han emitido unas 20 alertas por agresiones a defensoras, más de la mitad de estas alertas han sido colectivas y, en muchos casos, hay defensoras que han requerido más de una alerta por la reiteración y escalada de agresiones que están sufriendo.

                      

Hay más de 20 mujeres de distintas edades y procedencias que han sido judicializadas, muchas de ellas han sido secuestradas por parapolicías y luego han aparecido en estaciones de la Policía Nacional; donde han interpuesto denuncias por haber sido  sometidas a tratos crueles e inhumanos, tortura e incluso violencia sexual.

Irlanda Jerez, líder de los comerciantes autoconvocados del mercado Oriental, el más grande de Centroamérica, fue detenida de manera irregular y se encuentra cumpliendo una condena amañada en la cárcel de mujeres en Managua. Su hija publicó en sus redes sociales el mensaje que Irlanda envió desde la cárcel:

“Ella es una guerrera que no se deja vencer, y manda un mensaje claro y alto para todos; Podrán tener  prisionero mi cuerpo pero jamás mis pensamientos ni mi espíritu, ahora más que nunca son más libres”.

Desde la IN-Defensoras se ha advertido la notoria represión localizada y focalizada en quienes han participado en la resistencia. Así como la exclusión y constante presión a las organizaciones de la sociedad civil que se consideran adversas al gobierno. Las defensoras enfatizan la gravedad del peligro que representa la existencia de listas estigmatizantes y redes de represión locales, que han generado centenares de detenciones arbitrarias y secuestros de jóvenes, activistas, defensores, defensoras y familiares.

Este ambiente hostil generado desde el Estado ha provocado una crisis humanitaria por el éxodo masivo  de un mar de gente que ha participado en las protestas o las ha apoyado.

Y a pesar de todo, nada detiene la determinación de miles de defensoras empoderadas y conscientes de sus derechos, luchando por todo el país y más allá de sus fronteras; por una Nicaragua democrática, libre y justa en toda su diversidad. Una Nicaragua en la que al fin pueda ser posible la justicia y la reparación para todas las víctimas.

Avances hacia el horizonte pretendido

Sobrevivir y resistir ante la represión y la violencia. Entre las personas asesinadas se cuentan 20 mujeres, y en lo que va de 2018 el registro de la Católicas por el Derecho a Decidir refleja 37 femicidios. En suma, 57 vidas de mujeres arrebatadas en 2018.

Igualmente se considera un logro la entrada al país de los organismos internacionales de Derechos Humanos y  aunque su presencia no ha significado un alto a la represión, junto con organizaciones nacionales que trabajan en este mismo campo se ha conseguido documentar y sustentar las denuncias de violaciones a los DDHH para evitar la impunidad y, en un futuro, garantizar justicia y reparación para las víctimas.

Después de años de denuncias, el mundo sabe lo que está ocurriendo en Nicaragua. La condena internacional ha incluido a emblemáticas figuras de la sectores más progresistas de la izquierda como  el ex presidente de Uruguay, Pepe Mújica; el pensador Noam Chomsky; el teólogo brasileño Leonardo Boff;  el partido Podemos, del Estado Español; la Internacional Socialista; el ex candidato colombiano, Gustavo Petro; el presidente de Ecuador, Lenin Moreno; las Madres de la Plaza de Mayo de Argentina y otras feministas de la región.

En la Nicaragua sublevada de 2018, a diferencia de 1979, los protagonismos de las mujeres no están en segundo plano, hoy son visibles, autovalorados y valorados en la colectividad, han irrumpido la cultura patriarcal y se han posicionado en la movilización popular y la construcción de salidas democráticas e inclusivas ante la crisis.

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