Resistencia indígena no basta

Autor: Duyerling Ríos | 20 Enero 2017 10:24 a.m.

Unas de las Reservas Biológicas más importantes de Centroamérica desfallece tras el paso del huracán Otto por Nicaragua. Esta es la historia de una reserva que resiste con su gente, indígenas, afrodescendientes y mestizos; que viven, respiran y existen por Indio Maíz. 

La extracción de madera, el acecho y la invasión de colonos, la deforestación, la cacería, el cultivo de palma africana y el avance de la frontera agrícola, deterioran  desde hace varios años flora y fauna de la Reserva de Biosfera Indio Maíz.

Esta Reserva está ubicada al sureste de Nicaragua, con dos mil seiscientos cuarenta kilómetros cuadrados (2,639.8 kms2) de bosque tropical húmedo. Abarca los municipios de San Juan de Nicaragua, Bluefields y El Castillo.

Indio-Maíz es la zona núcleo de la Reserva de Biosfera del Sureste

 de Nicaragua, integrada por las áreas protegidas: Refugio de Vida Silvestre Los Guatusos, Monumento Nacional Archipiélago de Solen

tiname, Monumento Histórico Fortaleza de la Inmaculada Concepción de María, Reserva Natural Cerro Silva, Reserva Natural Punta Gorda y Refugio de Vida Silvestre Río San Juan.

Han pasado 24 días de aquel jueves 24 de noviembre de 2016, cuando el huracán Otto de categoría dos, impactó el sureste de Nicaragua, afectando varios municipios. San Juan de Nicaragua y la Reserva Indio Maíz se registran entre los más perjudicados. Desde entonces la situación para la flora, la fauna y la ciudadanía se agudizó, aunque para las autoridades gubernamentales el impacto fue mínimo.

En declaraciones, Roberto Araquistain, viceministro del Ambiente y los Recursos Naturales, MARENA, aseguró que Otto causó un impacto alto en un 20% en la Costa Caribe Sur, Río San Juan y Cárdenas en Rivas. Aunque no explicó qué significaba dicho porcentaje.

Por su parte, pobladores locales hablan del daño:

La Reserva Indio Maíz “es vida”

Alicia McCrea vive en Indian River en la zona El Encanto. Un caserío indígena rama conformado por veinte casas distribuidas en las riveras del Río Indio y en pequeñas montañas.

Para visitar al vecino tiene que ir en cayucos, es el transporte, expresa sonriente al recordarme el tráfico asfixiante de Managua. Le pregunto qué significa la Reserva, para ella. Luego, su sonrisa rápidamente desaparece cuando le pregunto cómo se siente. “No muy bien en este momento y preocupar mucho”, confiesa. 

“Antes teníamos problemas, cuando yo hablo de problemas de alguna gente que siempre llega a despalar sin autorización, sin consultar con el dueño, sin consultar con la gente que está viviendo allí, es más problema porque la gente está entrando más sin permiso, solo dice que nosotros tiene autorización del Gobierno Central, entonces nosotros estamos muy triste, porque aquí nosotros como que no tiene voz para reclamar por el derecho de proteger”.

Las angustias de Alicia no acaban ahí, se siente desolada porque en esta ocasión no tiene palma real para construir, como se acostumbra en la cultura rama. “Ahora hay que tener otra cultura en casas de madera y en casa de zinc, pero antes nosotros teníamos una cultura rama con palma real y sin piso. Se calcula que diez o cinco años se puede volver a recuperar la palma real”.

Zonas de Amortiguamiento

Rama Cay, Sumu Kaat, Wiring Cay, Tiktik Kaanu, Bangkukuk e Indian River conforman el territorio Rama.

Yoharly Martínez Gómez de Rama Cay colabora en la Fundación del Rio desde hace un año, recién egresado de ingeniería agroforestal, a su juicio aunque Rama Cay no forma parte del territorio de la Reserva Indio Maíz, conviven en un área protegida como es la Reserva Natural Cerro Silva.

Están alrededor de la zona de amortiguamiento de la Reserva Biológica, esas áreas “son como corredor biológico para que los animales transiten por esa zona, es importante porque conservan más que todo lo que son las especies terrestres y las especies que están en peligro de extinción, es decir con ese impacto que hubo aquí en la Reserva entonces eso animales es posiblemente se emigren a la zona de nosotros, de Cerro Silva”.

No hay turismo sin Reserva

Una pareja de canadienses hace tour en el Río Bartola, sendero Aguas Frescas. Es el inicio del Parque Nacional Indio Maíz, también de la Reserva Indio Maíz, a unos 154 kilómetros está el Caribe.

Orlando Aguilar y dieciséis guías turísticos, ofrecen áreas de sendero largos y cortos en los cuales normalmente se observaban mamíferos, aves e insectos. Ofrecían -antes del Otto- una interpretación general de la flora y la fauna, incluyendo explicaciones de las plantas medicinales, árboles maderables y plantas ornamentales como orquídeas, brameleas, etc. Esto ya no es posible.

Augencio Salomón ofrece otro paseo, donde se puede visitar y observar la parte histórica de San Juan de Nicaragua, que incluye los cuatro cementerios de Greytown, el dragado antiguo de 1891, la histórica de las piedras basálticas, aguas termales y caminatas a la reserva donde ya sólo existen árboles primarios.  

Lo que ya no se podrá ver es al manatí, “una especie acuática, mamífero, que el turista venía y va a los toures de manatí y que estas especies estaban en su propia hábitat en la lagunas pequeñas dentro de los ríos”, explica Salomón. 

Los paquetes turísticos los organizan hoteles y agencias de viajes. Los precios son diferenciados, el que costaba 75 dólares, incluía bote, guía. “Cada uno de nosotros paga un impuesto para dar el mantenimiento a esta Reserva, por ejemplo yo estoy pagando un impuesto, el chofer paga un impuesto y lo que pagan los turistas por la entrada”.

"Ver lo que nos ha rodeado de por vida, verlo todo en el suelo destruido. La selva, impactar directamente en la Reserva Indio Maíz nos ha dolido mucho, porque hemos vivido de la conservación, de proteger la selva y verla en el suelo”, se reciente Manuel Salvador Aguilar, otro de los guías. Según Salvador en Río San Juan tenían más del 65% de aves del país, debido a que tienen mucha agua.

En Boca de San Carlos, antes del puesto militar de Sarapiquí, un par de lapas verdes sobrevuelan. Esta especie está en peligro de extinción desde 2002. La Fundación del Rio ha contabilizado en las comunidades de la zona de amortiguamiento de la Reserva Biológica Indio Maíz, 35 nidos activos de lapas.

Las lapas rojas siempre han llegado, cuenta Fidel Thomas. “La verde nunca había venido y ahora ya anda aquí en el poblado, entonces significa que hizo bastante daño la Reserva, de los árboles que ellas comen”.

El almendro de montaña y alguno que otro árbol sobrevive. “Se mira lo negativo… la gente no quiere venir a ver sólo destrucción, entonces nos queda esperar para recuperarnos en todo” agrega.

Lo turístico requiere algún otro tipo de forma de atraer al visitante. “Si quieren venir a ver la destrucción de la reserva, porque está destruida, la fauna anda desorientada, tal vez podrán ver más fácil algún felino o aves o algo por el estilo, pero hay que usar otro tipo de política para poder jalar turistas para esta zona” señala Manuel Salvador Aguilar.

Crisis del coco

Otro de los aspectos que resientes indígenas ramas es la comida derivada del coco. “Nosotros antes cocinar con cocos, ahora no hay cocos”, refiere Alicia, aunque reitera que no se han quedado de brazos cruzados, buscan la forma de conseguirlo para sembrarlo nuevamente y rescatar la cultura rama.

Edgar Coulson, de 61 años coincide con Alicia. “El ochenta por ciento vivía del coco, unos haciendo aceite, otros rayando coco, otros pelando, chipenando, los que lo bajaban, ahora no sé qué va a pasar”.  

En este municipio una parte de la producción del coco se exporta y otra se comercializaba en el mercado nacional, dinámica que generaba fuentes de empleos. “Para hacer el aceite necesitaban varios chipeadores de coco, los que iban a pelar el coco y el que iba a cocinar el aceite, entonces ahí no más se empleaban por lo menos unos seis, ocho personas. Y ahora todos los cocos están desnucados, no tienen ni fruto en la palmera”.

La esperanza de Coulson, es tener coco en año y medio. Mientras, recomienda que San Juan sea el último lugar donde se busque empleo. “Aquí no hay empleo más de los que tenemos la pesca y el coco”.

Impacto Social

En su lancha frente al Rio Indio, Juan Inocencio García me invita a beber agua de coco, de los poco que le quedaron. Es fundador de San Juan de Nicaragua y del antiguo pueblo de Greytown. Llegó a allí luego de permanecer exiliado en Costa Rica.

Desde que regresó se dedica a la pesca langostas y pez róbalo. Es presidente de la Cooperativa de Pescadores de Greytown, de sesenta y cinco afiliados. “Ahorita estamos “paralizados”, dice refiriéndose a que han dejado de trabajar porque el mar quedó bien “bravo” después del huracán Otto. “Tuvimos una gira especialidad sólo por conocer las mortandades de productos acuáticos como guapote, mojarra, barbudo, guabina, mazaca, sardinas, pero fueron millones, no le hablo de cienes”, cuenta.

Denuncia que 57 días de pasado Otto, no ha llegado ningún biólogo marino al municipio para realizar una inspección y determinar la causa de la muerte de especies acuática. “Yo sé que al gobierno actual se les informó sobre estas mortandades de especies y nunca se hizo pues una visita con especialistas a inspeccionar las especies de qué se estaban muriendo”.

En el poblado el Ministerio de Salud prohibió que se comiera pescados muertos, para evitar resultara una epidemia. Nadie hizo caso. “Tanto guapote que a las orillas que se morían lógico, la gente se encargó de matar y comer y hasta la vez no ha hecho ningún efecto y aquí estamos contando el cuento”.

La gente de Río Indio, viven de los que siembran como plátano, banano, maíz, frijoles. “Venían a vender aquí a San Juan de Nicaragua y todo el pueblo le compraba. Ya después del huracán han echado dos viajes, el primer viaje porque lo hallaban en el suelo el banano, el plátano y así lo traían. Ya la segunda vez ya eran bananos tiernitos ya no tienen que sembrar, ya la gente está pasando completamente miseria y aquí en el casco urbano”, comenta molestó Edgar Coulson.

Fidel Thomas agrega que las y los pobladores de Rio Indio eran quienes proveían el bastimento y algunas verduras, pero ahora no sabe. “Cómo vamos a pasarla ahora con eso”.

Casas destruidas

La costina de árboles sembrados en el patio de la casa de la mamá de Danilo Gudiel ayudó. “Tenía una cantidad de árboles grandes entonces eso ayudó porque el huracán prác

ticamente entró aquí, atrás. Si no hubiera sido por los árboles y por la cocinita, nos hubiéramos quedado sin casa”. En el patio de la casa todavía hay agua empozada.

Una característica de la zona es que llueve casi once meses al año, llueve y después se seca, pero después del huracán no han parado la lluvia y el viento.

Pareciera una dinámica constante en el que sale el sol por uno minutos y de repente viene un chubasco. Por la topografía, suelos arenosos es fácil que el agua se infiltre, pero muchos de los patios parecen lagunas:

Veinte láminas de zinc pequeñas por familia. ”Como para tapar la mitad de una casa. Deberían de saber que la gente aquí está necesitada de agua. Se oye en las noticias que la ayuda fue inmediata pero sólo un zinc y sino algo más esta maderita que está aquí fue lo que nos dieron. Eso es todo lo que hemos recibido del gobierno”, narra Edgar Coulson quien perdió su casa con el paso del huracán.

El gobierno entregó a las familias afectadas 20 láminas de zinc de seis pies. Esto requirió un protocolo bravo. “Tu nombre, foto, número de cédula, tu edad, como que si te estuvieran dando un millón de córdobas” agrega Coulson., quien agradece al secretario político y a la vez alcalde de San Carlos, Johnny Gutiérrez Novoa, porque fue “único que estuvo todo el tiempo”. Aunque vuelve a repetir  que los tienen olvidados. “Tienen el árbol de navidad, ¡Feliz Navidad, con necesidad! Ahora hicieron un aeropuerto, y bueno, ha habido unas mejoras, hechas de mejores andenes, y cosas así, pero bueno no podemos comer andenes” añade.

El gobierno de Nicaragua fue el primero en convertirse en un miembro de la Facilidad de Seguros contra Riesgos Catastróficos en el Caribe. Recibió un millón 110 mil 193 dólares (equivalentes a 32 millones 584 mil 164 córdobas)

Pero a Alicia McCrea únicamente le llegó arroz, azúcar y plástico. “Piensan para aprovechar con nosotros como indígenas para dar zinc, para perder la cultura de nosotros… uno se agarra la cosas, pero al mismo tiempo ahí se mira que ellos quieren cédula, todos los datos…”.

Las promesas sobran. Alicia recuerda que en El Encanto se comprometieron a construir un centro de salud y no han cumplido. “Lo más importante es tener un doctor fijo ahí en la comunidad, porque a veces cuando uno se siente enfermo hay que venir hasta San Juan.

Silencio de las autoridades y el grito de comunitarios

Un par de reuniones con la alcaldía para ver qué se puede hacer, “pero no hay que estar tirando tiros al aire como decimos, porque no vamos hacer nada con estarnos reuniéndonos, hay que esperarnos”, expresa Manuel Aguilar Gómez.

Pero Orlando Díaz, es de la idea que todavía se platique con el gobierno central las decisiones. Mientras, limpian los senderos con la gente local y utilizan fondos de las entradas de turistas.

El Gobierno Territorial Rama y Kriol se pronunció en noviembre pasado, a no sacar madera porque el bosque se regenera.

Dijeron no a la destrucción, quema del bosque y no a los grandes saqueadores de maderas. Agregaron un no a las concesiones. Y demandaron escuchar la demanda del Gobierno Territorial.

Quién saca madera de Indio Maíz, hay denuncias, pregunté a Juan Lorenzo Martínez, vicepresidente del gobierno rama. Los grandes ricos que están ahí saqueando todo la madera preciosa del territorio, me parece que tiene que ser más efectivo el gobierno para proteger esa Reserva, si no hay protección así como está ahorita se perderá todo” respondió.

A veces las instituciones expresan no saber quién está saqueando madera, “pero hemos tenido información que alguien está sacando madera, que alguien quieren haciendo aprovechamiento ilegales, esas son las cosas que preocupan”, agregó.  

Ausencio Salomón, recuerda que en 1971 cuando el Huracán Irene azotó Bluefields, la Reserva Cerro Silva y Punta Gorda no tenían mucho conocimiento del cuido de la Reserva y del bosque. “Al final hubo un desastroso porque hubieron personas que pegaron fuego a pocos meses después del huracán, hubieron quema en todo el territorio. Lo que estamos esperando que en este caso del huracán Otto, es que no sólo se trata de la unidad de las instituciones sino que es hacer presencia dentro del territorio”.

Para la ciudadanía no se trata hacer algo, un día, se necesitan estudios de la situación y gestiones para tener apoyo del gobierno central y organismos internacionales. María Téllez es concejal en San Juan de Nicaragua. “Vieras que aquí, bueno el alcalde es un títere y nosotros somos igual, porque aquí lo que dicen las personas que se sienten más hasta el alcalde mandan aquí, por lo menos los secretarios políticos y le dicen al alcalde estos es lo que va hacer él tiene que hacer”.

Han hecho zonas ganaderas en el lugar, cuenta Téllez. Han hablado con el Marena pero “no salen”. Cuando escuchan una sierra les informan, pero les dicen que no tienen presupuesto para gasolina. Un grupo de guardabosque brinda información a dicha entidad, sin tampoco lograr su actuación.

En Los Guatuzos, los animales buscan refugio

Dejamos atrás el Archipiélago de Solentiname y el Lago Cocibolca, y nos adentramos a borde de la lancha “Indio Maíz” al Río Papaturro. En la ruta observamos garrobos e iguanas de diversos tamaños que buscan sol en árboles caídos, monos congos que saltan detrás de algunas palmeras dobladas,  tortugas, monos, zanates, jacanas  y garzas.

Un equipo del Marena limpia árboles que producto del huracán quedaron cruzados a la lo largo del Río. Después de media hora, llegamos al Refugio de Vida Silvestre Los Guatuzos, un área de 437 kilómetros. Al sur limita con la línea fronteriza entre Nicaragua y Costa Rica. Sitio Ramsar desde 1997. En diciembre del año pasado, celebraron el 20 aniversario de haber sido reconocido en esta categoría a nivel internacional, con preocupaciones ante las afectaciones ambientales.

Aillen Mejía Velásquez, pobladora de la comunidad Papaturro y a la vez fiscal en el Comité de Manejo Colaborativo del Refugio de Vida Silvestre, asegura que el hábitat de los animales se ha reducido:

El Refugio de Vida Silvestre Los Guatuzos forman parte de la Reserva de Biósfera del Sureste de Nicaragua. Armando Gómez, guía turístico del poblado nos muestra una de las parcelas de bosque que fue totalmente destruida:

Lo único que esperan quienes viven y respiran de la Reserva Indio Maíz es tener tiempo para recuperarla.

Ustedes se acuerdan del caso de Bosawás, eso hermoso que ya no es Reserva, ahora yo creo que por esta Reserva también había un dinero que estaba recibiendo el gobierno por tener este pulgón aquí, ahora pues que nos den un poquito de ese dinero para recuperarla”.